lunes, 19 de febrero de 2018

HUELGA DE POSTAL

"En Política lo que no es posible es falso"

Max Weber

Hace unos días escuchaba a la locutora de radio, de periodista tiene poco, Pepa Bueno lanzar una pregunta, con ese tono hiriente que utiliza cuando alguien no le cae bien (da igual que sea Pedro Sánchez o un fulano pepero), sobre la decisión que su partido va a tomar respecto a la huelga del día 8 de marzo. El tipo, que no debía traerse preparada la pregunta, contestó con una evasiva (único arte en el que destacan la gran mayoría de los profesionales de la Política patria). 
Acto seguido, la extremeña mostraba su indignación por una falta de respuesta clara y, por supuesto, afirmativa, a la cuestión que le había planteado. El tono de la locutora se volvió un poco más hosco, aún, y no dejó lugar a duda alguna sobre su posición respecto a la famosa huelga feminista.
Este hecho, que puede parecer anecdótico, define, sin ambages, el tipo de periodismo que realizan una serie de personas que dicen situarse a la izquierda y que, en realidad, resultan ser otra cosa bien diferente. Veamos por qué.
En primer lugar, resulta digno del que asó la manteca demandar a un partido que gobierna en un país que secunde una huelga para cambiar una situación. Lo normal, es exigir al partido que en ese momento sustenta al poder ejecutivo que cambie las situaciones, o pretendidas situaciones, injustas.
No considero que sea necesario haber estudiado Políticas para comprender algo tan obvio. Aunque, lo más probable, es que la comentarista considere que todo aquel que no siga sus tesis lo haga porque es un ser abyecto, reaccionario y despreciable (en lo de que el sujeto del P.P. era un reaccionario, en este caso, coincido con la animadora radiofónica; pero por otras cuestiones). En resumen: O conmigo o contra mí.
También es notable comprobar como una parte de la progresía, que no izquierda, a la que dan voz personajes como la tal Pepa Bueno, hayan desvirtuado el principal arma de la clase obrera, la huelga, para hacerse notar y mostrar su postureo. Uno piensa en lo que pensaría alguien como el Noi del Sucre, uno de los líderes de la huelga de la Canadiense, a la que tanto debemos en este país, escuchando a pazguatos como la tal Pepa Bueno o el burguesito Alberto Garzón hablar de una huelga de un día (todas las huelgas de un día acaban conviritiéndose en postureo) para conseguir un objetivo difuso. Realizar una huelga, absurda, para que la gente diga lo que suena bien, sin tener ningún objetivo concreto (por si alguien no se había dado cuenta, cuando se lleva a cabo una huelga los huelguistas quieren conseguir cosas concretas, no generalidades ni abstracciones) sólo sirve para que gente que vive del cuento, con dinero público (el que necesitan otras personas que no reciben por no pertenecer al partido de turno o por no conocer a algún colega en político), justifique su modus vivendi. Nadie quiere volver a la época de las huelgas, como la que consiguió la jornada de 8 horas,  donde, en un momento del conflicto, el Gobierno encarceló a más de tres mil trabajadores, pero sí que debemos respetar a trabajadores como los estibadores, los de Coca-Cola, y sus familias, las trabajadoras de Bershka en Pontevedra o los trabajadores del servicio de recogida de basura de diferentes localidad, que pusieron contra las cuerdas a la patronal, con sus huelgas continúas y solidarias. Esta estupidez de un día de huelga sólo consigue mancillar a los trabajadores
Esta escoria, que está facilitando el ascenso de la extrema derecha, desprovee a los trabajadores de su arma esencial, y la utiliza para justificarse moralmente, porque ellos son incapaces de atacar al verdadero enemigo: el neoliberalismo. Resulta evidente que esta gente no son una respuesta verdadera a los problemas de la gente de la calle, a la que hace mucho tiempo dejaron de pertenecer y que, elección tras elección, les está dando la espalda. La gente que cobra sueldos de miseria o encadena, cuando lo consigue, trabajos malpagados tiene suficiente con llegar a fin de mes. Pero eso no parece importar a todos los ideólogos.
Cabe destacar que esta entrevista, o lo que fuera, de la vocera de las tesis de Rubalcaba, dejó a las claras uno de los mayores problemas del periodismo actual: la falta de periodistas y la sobreabundancia de militantes o activistas mediáticos, que no indagan en lo particular, sólo defienden lo que ellos consideran justo, reduciendo todo a un simplismo infantiloide, donde sólo existen buenos y malos. Hasta que alguien tira de la manta y descubre los tejemanejes de Intermón Oxfam, Médicos sin Fronteras (asuntos ambos muy recientemente descubiertos), Greenpeace (su comercialización de semillas resulta algo... A la ONG les proporciona dichas semillas las mismas multinacionales a las que critica) o lo que se puede leer en este enlace, donde se habla de una oenegé que colabora con las mafias especializadas en el tráfico de personas en el Mediterráneo

https://guerrasposmodernas.com/2018/02/16/al-periodismo-activista-se-le-empieza-a-ver-las-grietas/

Es evidente que existe un montón de gente, voluntaria, yo lo soy, que va a dar el callo y a hacer cosas por los demás, pero también es verdad que existen muchas aberraciones que se callan y que, para mucha gente, las oenegés se han convertido en un negocio. Tal vez debería hacernos pensar que hemos dejado en manos privadas, lo que deberían hacer los estados, obligados por nosotros, los ciudadanos. Pero resulta más fácil dar pasta a una oenegé que demandar a nuestros gobiernos que cumplan con la legalidad internacional.
Personajes como Pepa Bueno, Jordi Évole, otro tipo para echarle de comer aparte, o Ignacio Escolar necesitan limpiar su conciencia de gente pudiente, vendiendo causas generales, en las que existen buenos y malos, sólo buenos y malos, y los malos son los que no les apoyan cien por cien. Pero, ¡ojo!, ellos denuncian injusticias, en muchas ocasiones realidades deformadas para que parezcan una gran injusticia, aunque, en realidad, no quieran cambiar nada que afecte a los más poderosos, porque, les guste o no, ellos forman parte de ese poder, callando lo que no les interesa contar, siendo cómplices de los tejemanejes de las grandes corporaciones, que saben y callan, en especial si dependen de ellas.
Volviendo sobre la huelga y la deformación de la realidad, me gustaría explicar, una vez e, existe una presentación torticera de la realidad, muy típico de la gran mayoría de personas que escriben en prensa, hablan en radios y/o televisión como lo que se ha denominado la brecha salarial (los estudios reales defienden que esa brecha donde se realmente se produce es en los sueldos de los altos cargos directivos, donde las mujeres sí cobran mucho menos por la misma labor). En realidad, se trata de mezclar datos, de manera acrítica y, a ser posible, sensacionalista. Resulta curioso que no se especifique, por ejemplo, dónde se produce esa brecha salarial. Es bien sabido que los más de tres millones de personas que trabajamos para las diferentes administraciones en este país cobramos lo mismo por el mismo trabajo, como se puede comprobar en el B.O.E. ¿Entonces, dónde se produce esa tan traída y llevada brecha salarial? Parece claro que sería en el ámbito de la empresa privada donde existiría tal discriminación. Esa empresa privada que se aprovecharía además de subvenciones por contratar a mujeres. Entonces resulta claro que para un empresario sin escrúpulos contratar a una mujer, que cobra menos y por la que puede recibir exenciones en el pago a la Seguridad Social o algún otro tipo de incentivo, sería lo más adecuado; sin embargo, se siguen contratando hombres, y no creo que sea porque desempeñan mejor sus trabajos, sino porque, en el proceso de selección un hombre determinado o una mujer determinada se adecuan mejor a lo que busca la empresa. ¿Por qué ocurre esto?
Tal vez lo que nos debamos preguntar es por qué los sueldos son cada vez más bajos, o por qué se trabajan más horas por los mismos sueldos. Tal vez debamos preguntarnos por qué el permiso de maternidad/paternidad no es de un año como en otros países. Tal vez debamos preguntarnos por qué hay tanta gente vendiendo anécdotas sangrantes, a veces irreales, para justificar su ideario de burgués revolucionario de sofá. Tal vez debamos preguntarnos como hemos llegado a hundirnos en esta miseria moral, que ve mejor una protesta anecdótica que una movilización general y continua para cambiar un sistema donde los que tienen el poder económico son cada vez más rico y la gran mayoría nos debemos conformar con las migajas que nos dejan. Tal vez debemos preguntarnos por qué es más importante trabajar por salarios de mierda que tener tiempo para criar a nuestros hijos (a lo mejor eso es un triunfo de la ideología neoliberal, que ve en el trabajo lo mejor y lo único, sacrificando cuestiones como ayudar a crecer a nuestros hijos). Tal vez deberíamos preguntarnos por qué los más tontos son siempre los que más ruido hacen.
Hablando de tontas que hacen ruido, voy a contar algo personal. Hace poco leí a una estúpida algo que decía, más o menos,  que siempre que una mujer, o una gitana o una emigrante (parece que las mujeres gitanas o emigrantes no son mujeres) te llamaban machista o racista es que lo eras, aplicando el artículo 1: porque me sale a mí del coño y de mis escasas entendederas totalitarias.
Ese mismo día, un par de horas después, yo iba a ir a uno de los barrios marginales de la localidad donde vivo, uno de esos donde la gente normal sólo va a pillar farlopa, rulas o costo, a dar clases de alfabetización, de forma altruista, a una mujer de raza gitana, que tiene una nieta de 17 años que se ha casado dos veces (lo que en ese barrio no supone una cosa fuera de lo común). Cuando leí a esa gilipollas escribir ese alegato digno de un ser con problemas serios de funcionamiento intelectual,  me hubiese gustado tener a esa imbécil delante de mí y llevarla  a la casa a la que voy a dar las, donde todo el sistema de calefacción que hay es un brasero y que vea lo que yo veo o escuche lo que a mí me cuentan. Me molestó sobremanera, porque esas estúpidas, también hay estúpidos, no mueven el culo para cambiar nada y se permiten clasificar, descalificar y humillar. Gente que sólo habla y/o cobra una talegada por permitir que todo siga igual o que, como esta imbécil, escribe en una revista muy feminista.
Un saludo y, que lo sepáis, no haré una jornada de paro para justificar el sueldo de un montón de gente que no hace nada (algún día, si me da permiso una amiga, contaré como se dan algunos de esos cargos de dos mil y pico euros al mes) y para que bobas y bobos, con la tripa llena, se sientan revolucionarios, aunque sean incapaces de luchar contra la verdadera injusticia: el desigual reparto de la riqueza.

jueves, 15 de febrero de 2018

DIARIO DE UN MAESTRO GRUÑÓN (14 -2- 2018)

Hace unos días me surgió una duda que contesté utilizando la lógica, que creo, querido diario, compartirás conmigo. Como bien sabes, practico deporte, lo que conlleva, de vez en cuando, alguna pequeña lesión. Hace tres o cuatro semanas comencé a sentir un dolor en la rodilla, que me impide la práctica normal de la carrera. La sensación de dolor no remitía y me plantee acudir al médico, buscando que pusiese solución al asunto. Fue en ese instante cuando me planteé si quería acudir a un médico que supiese de memoria la musculatura y los huesos de la zona afectada, así como las lesiones más frecuentes, o prefería acudir a uno que no se hubiese aprendido nada de eso, pero supiese buscar en Internet lo que no había almacenado en su cabeza. Como uno es maestro no lo dudo y acudió al segundo especialista, porque memorizar no sirve para nada e igual que se aprende se olvida, pero tener estrategias...¡Ay tener estrategias! 
Bromas aparte, querido diario, me gustaría aclarar lo que pienso sobre el aprendizaje que se ha dado en denominar memorístico.
La memoria resulta algo más complejo de lo que parece, pues consta de tres procesos: codificación de la información que recibimos para poder almacenarla, que es el segundo proceso, y la recuperación de esa información, para utilizarla cuando la necesitemos. Para almacenar algo en nuestra memoria, y rescatarlo, intervienen factores como la atención, las experiencias previas.... Se trata, como puedes contemplar, querido diario, de un proceso algo más complicado de lo que parece, y eso que no hemos entrado en otros pormenores.
Una vez sentada una pequeña base teórica, parece oportuno definir que es eso tan malo que tiene la memoria, según cierta gente. Parece que los aprendizajes relacionados con la memoria no sirven, porque no son funcionales y se olvidan de manera casi inmediata, como lo podemos comprobar cuando nuestros alumnos aprenden las tablas de multiplicar para toda la vida. ¡Vaya! He puesto un ejemplo que demuestra lo contrario. ¡Menudo error! Eso ocurre por mi falta de memoria.
Chanzas aparte creo que la gente que considera mala la memoria se refiere a otras cosas, como por ejemplo a aprenderse las partes de una planta o los ríos de España, por considerarlo innecesario. Mucha de esas personas tan críticas son las que, sin rubor alguno, luego critican que "los niños de ahora" no sepan dónde está el Duero o en qué año llegó Cristóbal Colón a Ámerica. Parece que a ellos también les falla la memoria... o la coherencia.
No creo que haya nada malo en aprenderse los ríos o las montañas. Al igual que no creo que haya nada malo en enseñar estrategias a los alumnos para saber buscar información de manera autónoma y de manera eficiente, no sólo buscando en Wikipedia. Todos los seres humanos deberíamos tener unos conocimientos mínimos sobre nuestro entorno que nos permitan comprender dónde nos encontramos, de dónde venimos (nuestra Historia), cómo escribir (la Ortografía también se memoriza, aunque mucha gente no lo tenga en cuenta), las tablas de multiplicar...
Se antepone el interés del alumno a la enseñanza de estas cuestiones elementales, lo que me parece muy bien, pero, en cierta forma, absurdo. Los intereses de los alumnos pueden ser tenidos en cuenta en el aula en ocasiones, pero desarrollar las preferencias de los pequeños se debe hacer, de manera fundamental, desde casa. Los docentes no podemos, ni debemos, ser expertos en todo, eso forma parte del desconcierto que existe sobre qué debe ser la Educación en muchos ámbitos: políticos, periodistas (o lo que sean), "expertos" en Educación... Las preferencias de los niños deben ser abordadas desde el hogar. Alguien puede alegar que los padres no deben saber de tal o cual cuestión. Los docentes tampoco, y más cuando tiene poco o nada que ver con lo que encierra la escuela. En este sentido, parece oportuno pensar que los padres también pueden dedicar un tiempo a satisfacer los intereses de sus hijos, formándose, informándose o llevando a sus hijos a realizar actividades extraescolares relacionadas con sus preferencias.
Por otra parte, los intereses de los alumnos, en muchos casos cambiantes de manera celérica (en función de la edad y de las modas) no tiene porque ser satisfechos de manera automática. Los niños y los adolescentes no tienen en muchos momentos el criterio necesario para decidir. ¿Dejarían muchos de estos defensores de la importancia de las preferencias de los niños que aplicaran esto a su casa y que fuesen los niños los que decidiesen lo que se debe hacer en sus hogares? Que ellos decidiesen el menú, en qué gastar el dinero... O, mejor aún, ¿qué harían estos defensores de satisfacer las preferencias si un adolescente les pidiese 60 euros para pillar un gramo de farlopa? No parece muy adecuado negárselo, según esos criterios, pues son sus preferencias del momento y, con un poco de suerte, acaba siendo un emprendedor, vendiendo la mitad con un cierto margen de ganancias.
La respuesta parece clara: negarles el dinero, porque drogarse es malo para ellos, aunque a ellos les parezca muy guay. Pues con la Educación pasa lo mismo. Lo que a ellos les parezca guay no tiene que ser lo mejor para ellos. Ya habrá tiempo, cuando tengan 15, 16 años de que comiencen a tomar decisiones sobre su futuro.
Volviendo al tema de la memoria. Creo que se confunde que existan métodos más o menos amenos, con la importancia de la memoria. Por muy amenos que sean los métodos (algunos de ellos poco efectivos, pero muy rimbombantes) lo que se pretenden es que los alumnos adquieran los conocimientos, los memoricen. Memorizar no es malo, es necesario y no, no es verdad que todo lo que se memoriza se olvida. Se olvida lo que no resulta significativo. Pero no todo en esta vida nos resulta significativo y lo que a alguien le puede parecer significativo o importante a otra mucha gente se la trae al pairo. Esto forma parte de la diversidad. Además, la Escuela debe preparar para la vida y parte de la vida se basa en que no todo lo que hacemos o vivimos nos parece interesante, pero no por ello nos morimos ni se sufren traumas irreparables. Tal vez, uno de los aprendizajes de la Educación formal sea eso: no siempre van, vamos,  a hacer lo que quieren, lo que les, nos, gusta, y ello no debe generarles ningún tipo de frustración. Al contrario, debería ayudar a que aprecien más los momentos en que pueden disfrutar de aquello que más les satisface.
Menudo rollo te estoy largando, querido diario, voy a acabar ya, al menos por hoy, porque me tengo que ir al traumatólogo. En realidad elegí uno que tiene muy bien memorizados los huesos, los músculos, las enfermedades más comunes, pero que, en caso de duda, es capaz de consultar con otros compañeros, en un libro o donde fuere, para llegar a dar una respuesta correcta a mi necesidad.
Nos vemos pronto.

lunes, 12 de febrero de 2018

IDIOTARIO (XCIV)

Antibiótico de amplio espectro: tipo de antibiótico que utilizan una gran cantidad de figuras de personas muertas que vagan por nuestro mundo.


Culto: rito evangélico practicado, sobre todo, por personas de etnia gitana, que les confiere gran sabiduría y vastos conocimientos, que les facilita triunfar en el mundo de los mercadillos.


Cuñado: tertuliano.


Higiene personal: tipo de higiene que se caracteriza porque todo el mundo considera que algo está sucio, cuando no sucio en extremo, y el encargado de que esté limpio considera que se encuentra limpio, cuando no limpio en extremo.


Influencer: persona que dice influir, o influye, en otras personas, opinando sobre temas sin importancia.


Pene: decimocuarta letra del alfabeto, que se caracteriza por ser la polla.


Repasa: cuando la segunda nota de la escala musical se niega a hacer algo.


Velocidad de la luz (c): velocidad a la que un radiación electromagnética se desplaza por el vacío. La fórmula para hallarla es c = sueldo de mierda - pagos (hipotéca, luz, agua, recibo del gas...), siendo la constante el tiempo que tarda la cuenta corriente en quedar vacía.


Ver con buenos ojos: mirar con órganos de la visión que no sufren miopía, astigmatismo o cualquier otra patología de la visión.

jueves, 8 de febrero de 2018

MASTER OF PUPPETS

"---Taste me you will see
More is all you need
You're dedicated to
How I'm killing you
Come crawling faster
Obey your Master
Your life burns faster
Obey your Master Master..."

Master of puppets, Metallica

Una de las mayores lacras que ha sufrido este país, como otros muchos, se ha debido al uso de la droga con fines lúdicos. Durante la década de los ochenta la heroína arrasó a parte de una generación de jóvenes, que sufrió las consecuencias de la adicción al derivado opiáceo.
Tras verse las consecuencias devastadoras de la heroína en los consumidores se utilizaron nuevas drogas con fines lúdicos, la más frecuente la cocaína, que se llegó a asociar con el éxito. Sin embargo, las consecuencias a medio/largo plazo eran parecidas a las de la heroína.  De hecho, como se puede leer en el informe de 2016 una buena parte de los personas que siguen tratamientos por causa de su adicción a las sustancias estupefacientes lo realizan por su adicción a la cocaína.
En dicho informe, que se puede leer al final de este párrafo, se observa como el otro gran contingente de personas que reciben tratamiento para deshabituarse a sustancias psicotrópicas lo hacen por ser adictas a sustancias derivadas del cannabis, cuyo uso por parte de personas adolescentes está demostrado que puede causar, o activar, enfermedades mentales.


http://publications.europa.eu/resource/cellar/a727fa89-57bd-11e7-a5ca-01aa75ed71a1.0002.03/DOC_1


Si el lector ha echado un vistazo al informe habrá observado que desde hace unos años, desde el 2011, hasta el último año registrado, 2014, se ha producido un aumento del número de personas muertas a causa de sobredosis ha aumentado, en cuatro años han aumentado en cerca de un 15%. Existen datos que, al igual que sucede en Estados Unidos, llevan a pensar que el aumento de consumo de opiáceos, heroína, tiene bastante que ver con ello.
A diferencia de lo que ocurría en los años 80 la heroína se utiliza fumada y, en ocasiones, se empieza utilizando como una sustancia antidepresiva. Valga como ejemplo esta entrevista publicada hace unos meses:


https://politica.elpais.com/politica/2016/08/14/actualidad/1471195572_998082.html

Sin embargo, en EE.UU., el país donde el aumento de consumo de heroína, o sus sustitutos procesados, se ha desbordado, la causa principal se debe a otra cuestión: la sustitución de medicamentos como la oxicodiona (un derivado opiáceo), prescritos sin mucho criterio en una parte significativa de los casos, que generan adicción. Los pacientes, que han visto como se les dejaba de prescribir dichas sustancias, han tenido que recurrir al mercado negro para satisfacer su adicción.

http://www.eltiempo.com/mundo/eeuu-y-canada/aumenta-consumo-de-drogas-opioides-en-estados-unidos-102418

De cualquier manera, volviendo a nuestro país, parece incuestionable que el uso de drogas es un grave problema que, los medios de comunicación obvian (queda mucho mejor hablar de abanicos y galas horteras), pues además de los muertos por sobredosis existen otros muertos, los habidos en accidentes de tráfico, cuya etiología se puede encontrar en el uso de alcohol y/o drogas (en torno al 40% de los accidentes mortales se deben a esta causa). A estos fallecidos y heridos se debe añadir que casi 180.000 personas recibieron en 2014 tratamiento, la mayoría ambulatorio, por consumo de drogas. Además, por supuesto, de todas aquellas personas que siendo adictas no están registradas en ningún lugar. Lo que supone un problema tanto por número como por las consecuencias muy grave para nuestro país, y para otros muchos (el aumento del consumo de heroína en China está siendo muy preocupante).
Las adicciones, bien sean a diferentes drogas, al alcohol, al juego o a cualquier otra cuestión, parece que siempre les ocurre a los demás, que no son capaces de tener la fuerza suficiente o son unos "flojos" viciosos, pero no es así. Cualquier persona de nuestro entorno puede verse atrapada en ese mundo. De hecho, si se mira el informe que se encuentra un poco más arriba se observa como los jóvenes entre 15 y 24 años consumen cannabis, anfetaminas, éxtasis o cocaína de manera masiva.
Tal vez debamos hacer un alto, respirar y pensar si lo que nos planteamos como prioridad lo es realmente, considerando si cuestiones como el consumo de drogas, los suicidios (primera causa no natural de muerte en España, casi unos 4.000 al año) deben pasar a un primer plano. Pero, tal vez, sacar un abanico, sea más chic.
Antes de concluir voy a dejar un enlace que puede explicar por qué hubo un aumento significativo de consumo de heroína en los años 80 en todo el mundo. Merece la pena leerlo.

domingo, 4 de febrero de 2018

PEQUEÑOS Y MISERABLES

"Nos convertiremos en quienes
estamos destinados a ser"

Ghandi

Los niños deben aprender y ser felices se convirtió en una máxima hace años. Sin embargo, con el paso de los años se ha descubierto que no todos los niños aprenden y que los pequeños tienen momentos de su vida en los que lo pasan mal y sufren. Tal vez todo se deba al que está en medio: el progenitor, el docente, el amigo que no le "ajunta"...
La implantación de la República Catalana iba a ser un paseo de paz y armonía, donde el buen rollo de la gente que quería esa opción política iba a acabar con leyes, fuerzas del orden y gobiernos que querían hacer cumplir las leyes. Algunos olvidaron que en las acciones de un pacifista como Gandhi hubo violencia, como en la Marcha de la sal, donde los hindúes sufrieron la violencia extrema de los británicos.
Firmemos todos en esa campaña para que no se derogue la cadena perpetua revisable, porque con ese mero hecho bastará para que los crímenes desaparezcan de las calles. En realidad, lo que oculta es una saña con el delincuente, pues, por desgracia, lo ocurrido no va a cambiar y nadie va a verse condicionado por la duración de la pena a la hora de cometer el delito. Existen personas que se desvían de la normal y que van a seguir cometiendo barbaridades, sin pensar en las consecuencias de sus actos.
Se nos convoca a una huelga, de un día,  a favor de las mujeres en marzo. De nuevo movilizaciones de un día, que sólo sirven para que los profesionales de la nada salgan en los medios de comunicación exhibiendo lo chachis y enrollados que son. Por si esto fuese poco se desvirtúa el concepto de huelga, por el que unos trabajadores, con su acción, reclaman algo concreto a unos patronos. Previsión, el día 8 de marzo del 2019, se volverá a convocar algo parecido. Mientras, los que tienen problemas para conservar su trabajo, como los de una marca de coches ubicada en Figueruelas, han tenido que decidir perder derechos para poder seguir trabajando. 
Ya expuse en una entrada anterior como muchas personas pretenden que todo se solucione de manera automática, sin tener en consideración si uno es responsable de la situación o  no. En el fondo,  la publicidad nos dice que comprarnos un vehículo tal o cual nos asegura la felicidad. Las películas nos cuentan que los buenos y el amor siempre ganan. Y los medios critican con dureza las injusticias, aunque sólo sea para ocultar su responsabilidad con los grupos de poder y su falta de escrúpulos a la hora de manipular la realidad.
Uno leyendo todo esto, y otras cuestiones similares, tiene la impresión de que cierta gente, demasiada para mi gusto, vive en una burbuja donde el dolor no existe, o no debería existir, en la que la desviación de lo adecuado se considera poco más que una aberración y en la que la consigna es seamos iguales, pensemos igual y hagamos pequeños gestos que nos hagan olvidar lo miserables y previsibles que somos. 
Pero la realidad no discurre por esos derroteros. Los ancianos mueren solos en sus casas. Los niños de 14 y 15 años se siguen casando embarazados, o no, en el caso de alguna etnia. Existen personas que piden dinero en la calle, bien porque lo necesitan para comer, para alcohol, para drogarse o para varias de estas cosas a la vez. Existen padres y madres que no se comportan como tales con sus hijos. Existen personas abusando de su poder en las empresas y en otros ámbitos de la vida, y haciéndolo todos los días. Existen ladrones que lo hacen mediante el tirón y existen extorsionadores que van a los hogares de los ancianos para obligarles a contratar con tal o cual compañía. Existen niños que van sin desayunar a los centros y con unas condiciones de higiene inadecuadas. Existe un  mundo real, que nada tiene que ver con revoluciones pacificas, los niños felices, las huelgas pantomima de una día ni con castigar a los malos, tirando la llave de la celda al fondo del mar. Existe un mundo imperfecto, que tienen mucho cuidado de ocultarnos. A lo sumo nos cuentan, de manera esporádica, una desgracia cuando no sirve para arrear a algún partido y/o para tenernos entretenidos. Un poco de sangre, de morbo, vende mucho y llena mucho tiempo de programa. Sin embargo, la sociedad no es una balsa de aceite. Las personas sufrimos, actuamos mal (otras muchas veces bien), nos equivocamos, actuamos por ambición, por resentimiento... Pero, desde el sofá, viendo la tele, escuchando la radio o visitando una red social, queda muy bien exigir una sociedad perfecta, donde todo sea maravilloso, porque, al final, todo acabará como en Charlie y la fábrica de chocolate.
Seamos felices, exijamos y no seamos conscientes de que somos una panda de seguidistas desideologizados. Ghandi consiguiendo sus logros siendo arrestado y encarcelado muchas veces. 
Un saludo.

jueves, 1 de febrero de 2018

EL MÁS ACÁ

"La pobreza no está sólo para entenderla,
sino también para solucionarla"

Vicente Ferrer

La fuerza de las religiones reside en la fe, que consiste en creer en algo sin otro fundamento para ello que la necesidad del individuo en creer en una, o varias, deidad/es. Planteado así resulta sencillo e incomprensible, pero, obvio, para que la persona llegue a interiorizar ciertas creencias debe existir un aparato externo que distribuya la necesidad de esa fe. Una estructura que siempre transmite un mensaje: el creyente debe seguir esforzándose durante toda su vida. Incluso en las religiones deterministas el individuo debe seguir unos preceptos mientras esté sobre la faz de este planeta. La labor nunca concluye en vida y, si se hace todo bien, será recompensada después, y, en ocasiones, en esta misma vida. Siempre existe algo que mejorar para alcanzar la meta deseada.
Una religión, como el nacionalismo (o el imperio, o el reino, o el...), al que siempre fue unido, tiene sentido no sólo para explicar el mundo y lo que no se sabe de él; la lógica de la religión siempre funciona en contraposición a otras religiones, con las que comparte espacio y tiempo. Aunque, en muchas ocasiones, la religión más poderosa adapta las creencias de otras, para no entrar en excesivo conflicto con los nuevos conversos. A veces, la religión más fuerte culpa a otra, o a miembros de otra fe menos poderosa, de males sin cuento, no dudando en distorsionar los hechos a conveniencia y a conciencia.
Las religiones cuando triunfan lo hacen para quedarse sobre la faz de la Tierra el mayor tiempo posible y por ello deben adaptarse a las épocas que viven. En ese proceso de ajuste suelen aparecer fricciones, o visiones distintas, entre quienes optan por adaptar la sociedad a la religión en cuestión y los que buscan cambiar, o maquillar, la fe para adaptarse a los nuevos tiempos. Unos y otros lo que pretenden es seguir imponiendo, por la fuerza, o intentado convencer, en mayor o menor medida, de la necesidad de su visión mágica del mundo.
Por supuesto, no debemos olvidar que aquellos que profesan la fe con mayor convicción tienen muchas posibilidades de salvarse, en el fondo, resultan ser los elegidos y, por ello, tendrán una mejor vida. Esta mejor vida puede ser a nivel material o bien en un nivel emocional, porque, por muy mal que le vaya, su fe le hará obviar lo malo y será cuestión de tiempo, o de una vida, que todo vaya mejor. 
Esta pequeña disección del funcionamiento religioso se puede aplicar no sólo al funcionamiento de las distintas fes, también resulta ajustada para explicar el funcionamiento de ciertas creencias supersticiosas que nos intentan imponer como verdades absolutas.
Una de ellas es... Bueno, mejor vamos a hacer una cosa, que considero más divertida: voy a dar una serie de pistas, intentándola encajar en lo que he expuesto en los párrafos superiores y el avispado lector deberá adivinar de que creencia, cuasi religiosa, se trata. ¡Vamos a ello!
Según sus defensores se trata del mejor sistema posible, que lleva al bienestar común y, en muchas ocasiones, al éxito individual.
Todas aquellas creencias, en especial una que coincidió en el tiempo y que todavía profesan nostálgicos, se han mostrado peores que la fe que nos ocupa. Sólo han creado destrucción y miedo. Por contra, esta nueva ha expandido la libertad y el respeto.
Siguiente pista: si se siguen los preceptos con rigor y constancia los sueños se harán realidad aquí, en esta vida, sin esperar al Más Allá.
Los profetas de esta religión han pasado de hablar de un ente invisible, que regulaba todo,  a la lógica en la toma de decisiones. Uno de sus últimos popes hablaba del orden espontáneo regulador de todas las cosas (parece que se olvida de la ambición desmedida y de la capacidad de cierta parte de la población para abusar del poder acumulado), para bien. El sufrimiento humano sólo es un efecto colateral de este orden espontáneo. Otro de sus iluminados hablaba de los beatíficos efectos universales y atemporales de esta creencia.
Se trata de una idea en la que todo el mundo puede y, según ellos, debe participar y que brinda igualdad de oportunidad a todos. Aunque se olvida decir que existen creyentes situados muy altos en la cúpula de poder cuyos descendientes tendrán más posibilidades de alcanzar el paraíso que los que no empiezan tan arriba en el la escala.
Vamos a por otro indicio. Cada vez que se observa que este credo no funciona se culpa a que no determinados aspectos, que, en muchas, nadie había planteado con anterioridad, no se habían puesto en practica. Estos aspectos siempre resultan insuficientes y se deben plantear nuevos aspectos, cada vez más centrados en la doctrina y menos en la realidad de las personas bajo su manto.
No dudan en falsificar la realidad, si alguien intenta oponerse a sus ideas, aunque sea de manera mínima (este enlace sólo se debe pinchar si ya se ha adivinado de lo que hablo o al final).
Por otra parte, aunque los sacerdotes de esta religión se equivoquen una y otra vez, a veces con consecuencias fatales, nunca asumen las consecuencias, porque forman una casta hermética, que viven de maravilla a base de diseminar la idea de su religión.
Por último, no dudan en utilizar la fuerza cuando resulta necesario (para ello en muchos países, como en el nuestro, se promulgan leyes cada vez más represoras) y utilizan sus púlpitos (los mass media) para difundir su mensaje, con la finalidad de que sea el único. No dudando sus voceros en ridiculizar a todo aquello que se desvía de la ortodoxia neoliberal.
En efecto, querido lector, se trataba del neoliberalismo. El culto al dios dinero. El culto al más fuerte en lo económico. La intención de asociar el mercado al concepto de libertad (Hayek). La admiración hacia los elegidos, los triunfadores, que han sabido perseverar en sus sueños.
Uno, que quiere saber poco de religiones y verdades incuestionables, mira con preocupación esta sociedad en la que triunfan los chivatos, dedicados a asuntos absurdos, en las redes sociales. Una sociedad en la que ver una parodia de los Morancos o de José Mota, sobre los abusos que sufrimos por parte de los poderes económicos y políticos, o chuparnos un programa de Jordi Évole (donde, por lo general, se mide mucho, muchísimo, a quién se le pisa el callo)  resulta antídoto suficiente para acallar todas nuestras penurias.
Tal vez lo más preocupante del asunto sea que los neoliberales, liberales en los económico, conservadores en lo demás, hayan conseguido que una buen parte de la izquierda o progresía también empiecen a practicar esta forma de entender la sociedad, pues son conservadores en lo moral (chivatos infames, que se pasan el día acusando a los que no piensan como ellos, tildándoles de tal o cual cosa, para eso están las leyes) y liberales (con matices para ocultarlo) en lo económico. ¿Recuerda el lector cuando escribía más arriba que las religiones poderosas ceden en la forma ante las religiones que se quieren asimilar, para, al final imponerse a ella, respetando las formas? Pues aquí podemos encontrar un claro ejemplo.
Lo más curioso del asunto de los neoliberales, tan necesarios para quien tiene cada vez más, es que cuando yerran, lo hacen de manera continua, no siguen los dictados de la religión que defienden y se van a su puta casa. Tal vez sólo con este hecho bastaría para saber que estamos ante una cuestión de creencias y no de realidades. Creencias que aportan a sus sacerdotes un bienestar en esta vida que, por méritos, no conseguirían jamás.
Iba a hablar de ciertas teorías absurdas de Hayek, pero no quiero hacer perder más tiempo al lector y aún menos con un tipo que tuvo a bien visitar dos veces el Chile de Pinochet, para admirar su milagro económico, obviando la muerte y la represión del régimen dictatorial.
Un saludo.

domingo, 28 de enero de 2018

DIARIO DE UN MAESTRO GRUÑÓN (28-1-2018)

Existen dos cosas, que sigo viendo en los centros, que me generan cierta confusión, por no utilizar, querido diario, otro término más aclaratorio y brusco.
Una de ellas, que me hace sentirme bastante descolocado, son  las filas que los niños hacen, en muchos casos de manera automática, para salir, entrar o participar en tal o cual actividad. Tal vez, aunque sí que realicé el servicio militar, se deba a que siento cierta aversión por la imposición del orden estilo castrense. O, tal vez también, se deba a que la escuela, en mi modesta opinión, sea un lugar donde los niños van a aprender comportamientos lo más normalizados posibles, e ir en filia india a los lugares no parece una idea muy natural. 
Puedo comprender que los más pequeños puedan ir uno detrás de otro, para facilitar la entrada y, sobre todo, la salida, donde el docente se debe asegurar que un adulto les está esperando, pero ver como alumnos de segundo, tercero o cuarto de Educación Primaria hacen, "de manera espontánea", una fila, esperando que llegue el especialista de turno para llevar al grupo al aula de música o al pabellón o, en otros casos, para salir al recreo, no me parece lo más adecuado. 
Se supone que los seres humanos hacemos una fila cuando deseamos acceder a algo y debemos respetar un turno para ello. Además, esta filas se realizan porque entre las personas no existe la suficiente confianza, por lo general ni se conocen, para realizar la cuestión de otra manera. Sin embargo, en el entorno del aula, donde los alumnos conviven todos los días, resulta sorprendente que no sean capaces de aprender que no es necesario hacer una fila para salir del aula y transitar de un lugar a otro. En realidad sí tienen esa capacidad, como otras muchas, pero resulta más cómodo, en algunos casos una tradición, esta forma de organización, que, en ocasiones, suele ir acompañada con el silencio como imposición.
Reconozco que cuando entro a sustituir en algún aula y los alumnos, al concluir la clase, forman fila, de manera automática, bien para salir al recreo, para irse a casa o, como me pasó hace unos días, para esperar a un maestro especialista, lo primero que hago es invitarles a sentarse. Después les explico que no resulta necesario hacer filas, basta con salir de manera tranquila, hablando, sin correr. Lo curioso del asunto es que tras una breve explicación salen de manera ordenada, sin avalanchas de imprevisible resultado ni formar retenciones en la puerta. Es más, por lo general, suelen salir andando sin correr ni sin importarles si fulanito o menganito "se ha colado".
La segunda cuestión que me maravilla ocurre cuando un docente se ausenta del aula y deja a algún alumno "al cuidado" de la misma. Jamás lo he entendido. 
Todos los docentes hemos tenido, y seguiremos teniendo, necesidad de ir al baño o de cualquier otro tipo de necesidad imprevisible, es lo que tiene ser seres humanos. Resulta obvio que, casi nunca, contamos con la posibilidad de que otra persona nos pueda sustituir durante ese breve lapsus de tiempo, y debemos dejar a los alumnos encargados de sí mismos. Lo normal en estos casos, desde mi punto de vista, es dejar a los niños realizando alguna actividad que puedan desempeñar de manera autónoma. Sin embargo, se sigue optando, no lo hace todo el mundo, ni mucho menos, por dejar a un alumno encargado de mantener el orden y chivarse al profe cuando llegue sobre aquellos desalmados que han optado por desafiar la autoridad provisional del compañero en cuestión. Lo que suele ocurrir, en especial en los cursos más bajos de Educación Primaria, es que se establece una lucha por saber si Pedro o María han hecho lo que el que cuida  de la clase cree que han hecho. Desde mi punto de vista un absurdo.
A veces, cuando voy a buscar a algún alumno a una clase y me encuentro con esta situación doy los buenos días y empiezo a hablar, invitando al alumno responsable de la clase a que me "apunte". El cachondeo es generalizado y el desconcierto del cuidador de campeonato. Lo reconozco, no dejo de insistir hasta que me apunta. Incluso, en ocasiones, vuelvo a hablar para que me ponga una o dos cruces, como a fulanito o a menganita. Lo que acaba por hacer reír al único que, en un principio, no había soltado una carcajada ante la ocurrencia.
Pero, caro diario, sin importar mucho mis comportamientos excéntricos, creo interesante reflexionar sobre por qué se hacen filas o se deja a un cuidador provisional. Considero que en ambos casos se debe a lo mismo: obviar la importancia del autocontrol, de la capacidad de autorregularse de los niños. Capacidad que, por otra parte, se enseña y, por supuesto, se aprende porque, como he escrito en este diario en otras ocasiones, los aprendizajes sociales forman parte de aquello que la Escuela debe enseñar.
Tal vez lo más curioso del asunto sea que a todo el mundo se le llena la boca hablando de que los aprendizajes son descontextualizados (lo cual resulta inevitable) y cuando se da la ocasión de que lo que se debe aprender se haga en su contexto natural lo desvirtuamos en nombre de la disciplina, que, tal vez, sea otro tipo de aprendizaje, pero menos efectivo. Menos efectivo porque cuando desaparece la figura de referencia, la disciplina desaparece con ella, como se puede observar cuando el alumno que cuida la clase tiene problemas con sus compañeros. Sin embargo, trabajar la autorregulación conlleva que no se necesita una figura a la que seguir, sino unas pautas claras de actuación, para saberse gestionar de manera autónoma en las distintas situaciones.
Ya sé que nada es tan fácil como parece y que nada es tan chachi piruli como mucha gente lo presenta. Incluso, no hay que olvidar, sería muy hipócrita por mi parte, que pero en el proceso de la autorregulación también existen momentos en los que el alumno puede, y debe, conocer que ciertos actos suyos negativos también conllevan consecuencias negativas. O, lo que es lo mismo, a veces deben aprender del error. Pero, entre hacer notar que se ha hecho algo mal y, si fuese preciso, sancionar por ello, y someter al alumno a unas normas de vigilancia y orden externo para evitar problemas existe un camino largo y, desde mi punto de vista, absurdo.
¡Querido diario!, me gustaría comentarte, cambiando de tema, que me encuentro enfrascado en la lectura de un libro, recomendado por una amiga, excompañera y exjefa (a ver si nos vemos pronto), que me está ayudando a coser ciertas impresiones que tenía sobre esta historia de la Educación, para formar un traje que me ayude a navegar con una cierta base ética y lógica en esta historia de enseñar. Aunque me está costando hincar el diente con asiduidad al libro por motivos que no vienen al caso, su lectura me ha reafirmado en una creencia que no sólo se puede aplicar al mundo de la Educación: existe demasiado esnobismo vacuo, que antepone lo estético a lo esencial, que, en este caso es la instrucción. Nuestra dignidad como docentes no se basa en deslumbrar a nuestros compañeros con las "cosas chulas que hacemos", sino en conseguir que nuestros alumnos aprendan para crecer y formar parte de esta sociedad. Tal vez la autorregulación de la que he hablaba un poco más arriba tenga que ver con esto.
Reflexiono sobre la importancia que en la actualidad se da a innovar, a deslumbrar y a cosas similares y me viene a la memoria como esas ideas tan maravillosas, que van a suponer revoluciones sin cuento en Educación, acaban naufragando en el olvido, sin que nadie pida cuentas por ello. Podría poner unos cuantos ejemplos, pero el que me viene a la cabeza es ese proyecto, que tanto iba a cambiar el mundo y a ciertos países, que pretendía fabricar ordenadores por menos de cien dólares, destinados a países subdesarrollados o en vías de desarrollo. Se vendió como el no va más, pero acabó en un sonado fracaso, del que nadie habla.

http://www.eldiario.es/cultura/tecnologia/OLPC-paises_en_desarrollo_0_461604619.html

Lo fulgurante, por lo general, suele ser eso, un chispazo que deslumbra, pero una vez pasados los segundos, toda esa luz desparece y queda lo que había antes y el día a día.
Veo, querido diario, que he empezado escribiendo de cosas muy concretas y he terminado filosofando sobre el contenido de esta historia que me da de comer. Puede que me haga viejo y me patinen las escasas neuronas que me quedan sanas o, también es posible, que todo forme parte de un mismo conglomerado al que podemos llegar unas veces de manera deductiva y otras de forma inductiva, desde la experiencia diaria. O, lo más seguro, debemos llegar desde los dos lugares, para aportar una mejor comprensión de qué somos y hacemos con nuestros alumnos.
No me enrollo más y dejo alguna cosa para otro día que me apetezca llenarte, querido diario, con palabras sobre este asunto del que tú y yo solemos hablar.