viernes, 18 de agosto de 2017

NO PASARÁN

Ésta es una de esas entradas de urgencia y necesaria, que nace como respuesta a una situación especial: el atentado de Barcelona y los sucesos de Cambrils.
En primer lugar me gustaría mandar desde aquí el pésame a los familiares de los muertos y, de igual modo, desear una pronta recuperación de todos los heridos.
A continuación siento la necesidad de dejar constancia de que los únicos culpables de lo ocurrido ayer fueron uno asesinos que, amparándose como excusa en una religión, no dudaron en mostrar su verdadera faz y su necesidad generar dolor a los demás.
A partir de aquí vamos a ir analizando diversas cuestiones relacionadas con el asunto, que creo deben ser retratadas con cierta profundidad.
En primer lugar me gustaría proponer algo, que puede parecer un mero juego de palabras, pero, desde mi punto de vista, no lo es.
Creo que una vez pasadas las primeras horas, en las que si consiguieron su objetivo: sembrar el terror, deberíamos referirnos a esta escoria con el adjetivo asesino (palabra, por cierto, de origen árabe). Hoy ya sabemos que no podrán con nosotros, que, a pesar del dolor y la destrucción que generan, somos mayoría y más fuertes que ellos, por lo que denominar a esta caterva como terroristas no se ajusta a la realidad, son asesinos.
Vamos a dedicar unos párrafos a la prensa. 
Me resultaba chocante la necesidad que tenían los periodistas, o lo que sean, de algunos medios de que los políticos transmitiesen la sensación de que todos participaban al alimón en la lucha contra estos asesinos. Me resultaba chocante porque, mientras ellos perdían el tiempo con la necesidad de fotos o declaraciones, los Mossos d´Esquadra, intuyo que con el apoyo de otras policías tanto españolas como extranjeras, al menos en lo referido a información, estaban realizando su labor, sin necesidad de que cuatro pagafantas hicieran declaraciones biensonantes. Al final, lo mismo de siempre: obviar a quien hace su trabajo, para que los de arriba se hagan la foto, porque, entre otras cosas, lo demandan ciertos tertulianos. 
Por otro lado, la necesidad de la prensa de llenar especiales les ha hecho caer en el ridículo más espantoso. Creo que el único que sacó partida de ello fue el dueño del Kebab donde, supuestamente, se había atrincherado un asesino, en un principio sólo y luego con rehenes, que parece debió liberar tras la negociación que algunos medios afirmaban existía. Al menos toda España sabe donde se encuentra dicho negocio, publicidad gratuita que alegrará, sobremanera, al propietario. 
Para acabar con la prensa, deseo dar las gracias a las distintas policías de este país, en especial a los Mossos, que a través de las redes sociales pedían que no se difundiesen imágenes escabrosas. Gracias, porque han dado una lección de periodismo a esa chusma sensacionalista de las televisiones, que tuvieron que terminar tragando con las recomendaciones.
Creo innecesario profundizar en aspectos como el hecho de que la mala gestión realizada por el gobierno de Irak, chíita, y sus aliados estadounidenses, arrinconando a los sunitas (que con Sadam Husseim tenían el poder) creasen un caldo de cultivo para que ISIS, sunita wahabita, encontrase muchas necesidades para expandirse por la zona de Irak de mayoría suní. Tampoco vamos a profundizar en la campaña de desprestigio llevada a cabo por la prensa occidental contra el régimen de al-Asad, cuando estaba luchando de manera encarnizada contra el ISIS en Alepo (han silenciado los asesinatos de Mosul, el bombardeo de civiles...). Obviaremos el apoyo de algunas monarquías del Golfo a este tipo de grupos o los correos, filtrados por WikiLeaks, donde Hillary Clinton reconoce que le interesa que en Siria siga la inestabilidad. Vamos a centrarnos en aspectos que nos conciernen o que tienen que ver con el terrorismo que sufrimos aquí.
A mí me llama la atención que de manera alegre se afirme que este tipo de atentados se producen porque ISIS está perdiendo, a marchas agigantadas, poder en Siria, Irak e incluso Libia. Arguyendo que es su forma de hacerse notar. Creo que realizar este análisis resulta un error craso. Al contrario, si tuviesen más poder en Oriente Medio, tendrían más posibilidades de atentar en Europa, porque, queridos analistas, la gente, los fanáticos incluidos, se apuntan cuando las cosas van bien. Cuando todo empieza a torcerse el personal se pone de perfil, cuando no se da media vuelta y avanza. Parece lógico pensar que si un ejército invasor camina victorioso querría ampliar su radio de influencia, por lo que resulta más que probable que de no haberse parado los pies a la organización terrorista, hubiésemos sufrido aún más atentados. Por el momento, demasiado tienen con ir perdiendo de la manera más lenta posible sus conquistas. Si, en realidad, tuviesen un gran ejército de seguidores seguirían otra estrategia: realizar atentados de manera continua, generando un mayor clima de inseguridad.
Debido a esta escasez de elementos, son muy pocos los locos asesinos dispuestos a ejercer su maldad, deben  cometer sus atrocidades en lugares simbólicos, como el caso que nos ocupa. Se trata de, con el menor gasto de recursos posibles, generar la mayor cantidad de publicidad.
Me gustaría volver al trabajo de los Mossos y a lo ocurrido en Cambrils. En espera de que algo trastoque todo, nadie discute lo adecuado del tiroteo que acabó con la vida de los cinco asesinos en la localidad tarraconense. Todo el mundo parece tener claro que esos cinco asesinos pensaban acabar con la vida de muchos inocentes y que ser abatidos contribuyó a salvar muchas vidas. Yo también lo pienso. Como pensaba que había que luchar contra Estado Islámico en Siria, en Irak y en Libia, porque allí, hacen lo mismo que aquí, la diferencia es que esos lugares nos pillan muy lejos. Me revientan los buenistas que se quejan de las bombas que se arrojan en esos países contra militantes de ISIS, que asesinan a civiles, violan a niñas y a mujeres... y que aquí ven normal que se acabe con su vida, por parte de las fuerzas de orden público, a tiros. ¡Hipócritas! Cuando toca de cerca si es válido; cuando les toca a otros, que viven lejos, saco a pasear mi rollo solidario y progre.
Por supuesto, ya han aparecido voces contra el Islam (tal vez la más hilarante la de Isabel San Sebastián,  quod natura non dat, Salmantica non praestat), contra los inmigrantes y, en el otro bando, contra el hombre blanco, causante de todos los males del mundo. Unos y otros son la misma escoria ignorante, que, postureo aparate en algunos casos, suponen el caldo de cultivo inicial para que asesinos iluminados como los que nos ocupan encuentren una motivación. Por ello no voy a perder más tiempo con los unos y los otros. La misma chusma.
Prefiero cerrar esta entrada de urgencia con un detalle, tal vez intrascendente, pero que me parece bello.
Los hospitales de Barcelona han pedido sangre, siendo secundado el llamamiento de forma masiva. Esa sangre, intuyo la mayoría de catalanes, pero también de personas de otros lugares de España y del mundo, va a ir destinada a salvar la vida de heridos de diversas nacionalidades (las últimas noticias hablan de trece). Tal vez este sea el aprendizaje que debamos extraer: cuando todos nos unimos y aportamos podemos conseguir que la vida sea mucho mejor.
Un saludo.

jueves, 17 de agosto de 2017

LOS TRESCIENTOS

Existe una forma infalible para conocer la posición, el sentimiento profundo, que alberga el personal respecto a los derechos de los trabajadores: esperar y estar atento. 
Lo reconozco, dicho así, parece una verdad de perogrullo, pero, querido lector, si lo piensa bien no resulta tan evidente, pues damos por hecho que las posturas de unos y otros son las correctas o adecuadas al ideario que dicen defender; pero todo esto resulta cuestionable. 
Cuando escribo este tipo de cosas tengo la sensación de imitar a esos líderes del cambio que no se parapetan tras ambigüedades y palabras hueras, conjuntadas para no decir nada, pero, como el lector habitual sabe, el que suscribe suele acompañar lo que defiende con ejemplos o símiles que, en la medida de lo posible, aclaren lo que quiero expresar y esta entrada no va a suponer una excepción.
Partamos de la huelga de los trabajadores de una empresa (si quieren publicidad que la paguen) que gestiona ciertos servicios en el aeropuerto del Prat (huelga que, como ha ocurrido con otras muchas: controladores, estibadores, pilotos, trabajadores del servicio de limpieza de Málaga, Coca-Cola...), cuenta con mi apoyo absoluto). Las posiciones de unos y otros ante esta medida de fuerza, que ha llevado al Gobierno a movilizar (sí, a movilizar) a la Guardia Civil, para evitar los efectos de la misma, a pesar de los servicios mínimos, nada mínimos (el 90% de los trabajadores deben estar desempeñando su labor), impuestos a los trabajadores, dejan bien a las claras de que pie cojean todos y cada uno de ellos, siendo, en todo caso, una pata con un tronco común: el neoliberalismo, cuando no el provincianismo paleto. Pero vayamos por partes y situemos a cada uno en su sitio.
La derecha, la que no esconde serlo, no ha tenido problema en utilizar una de sus bazas favoritas en estos casos: las molestias a los ciudadanos (la otra es la de trabajadores privilegiados). Me causaba hilaridad escuchar a Carlos Herrera hablar de las molestias a los pasajeros y la vulneración de derechos que sufrían. En ese sentido la Constitución proclama que los ciudadanos tienen derechos a una información veraz, y ahí está él, manipulando sin mesura, interrumpiendo y, si es necesario, dejando sin palabra y derecho a réplica,  a quien no cuenta lo que él espera. Es mítico como interrumpe y corta a un opositor cubano que reconoce éxitos como los sanitarios y los educativos de Cuba.
Y, hablando de Carlos Herrera, no me resisto a contar algo. ¿Se acuerda el lector de Carlos Jesús y sus naves de Ganímedes y Raticulín?, pues el locutor almeriense se hizo un selfie hace un par de años con el líder mesiánico y, viendo el resultado, uno considera que además de sus ideas delirantes comparten un cierto parecido físico nada desdeñable.



Tras este inciso humorístico sigamos con lo que nos ocupa.
A partir de aquí se sitúan los pretendidos partidos progresistas, defensores de los trabajadores y sindicatos, organizaciones que en su esencia existen para defender a este colectivo.
Empecemos por las fuerzas nacionalistas que se autodenominan de izquierdas. El crítico, y comprador, de los productos de Amancio Ortega, Gabriel Rufíán se marcó este tuit:


Nada nuevo bajo el Sol. Todo lo que sucede se debe a una conspiración judeo-masónica contra su bella patria por parte de unos entes malvados. Lo de que su partido se autodenomine de izquierdas lo vamos dejando para otro rato. ¿Qué importan los trabajadores? Nada. Aunque, ahora que lo pienso, seguro que muchos de ellos, o todos, serán catalanes o censados en Cataluña. Derecha pura y dura, como todos los nacionalismo. Esta tradición de ningunear a los que reivindicaban los derechos de los trabajadores, ya les viene a Esquerra de la II República, donde algunos de sus miembros no dudaban en mandar asesinar a dirigentes anarquistas. Indague el lector en la biografía de los asesinos, y fundadores de las juventudes de ERC, hermanos Badía.
Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, ha realizado un juego funambulista más interesante. Por un lado ha pedido que los servicios funcionen, pero por otro se ha mostrado más comprensiva con los 300 huelguistas, hablando de explotación laboral y cuestiones así. Sin embargo, cuando llegó el momento de significarse sobre lo que ofrecía la empresa y lo que opinaban los trabajadores, no dudó ni un segundo en ponerse al lado de la empresa. 

http://www.publico.es/economia/huelga-prat-serna-colau-piden-comite-eulen-convocar-asamblea-evitar-laudo-obligatorio.html

¡Qué rápido se pasa de luchar al lado del desfavorecido a proponer que los problemas se entierren, para evitar jaleos y tomar decisiones!
Sobre las opiniones de Podemos no diré nada, porque no he encontrado ninguna declaración al respecto, aunque intuyo que las habrá. Todo lo más que he encontrado es algún tuit de Echenique sobre el franquismo y Trump.
El PSOE y UGT sí se han manifestado, oponiéndose a la utilización de la Guardia Civil para reventar una huelga y reivindicando el derecho de huelga de los trabajadores. Lo que me parece muy bien. Como también me parecía bien cuando una de las figuras más execrables que ha pasado por lo Política patria durante los últimos años, Pepiño Blanco, no dudó en fustigar de manera pública, tras conculcar su Gobierno todos los derechos laborales del colectivo, a los controladores aéreos. En el fondo, unos y otros utilizan la boquilla, poniéndose de perfil (mejor que no se note mucho que están ahí) para salir al paso.
Mención especial merece la AUGC, el sindicato, no oficial, de la Guardia Civil. Hasta donde pueden llegar no han dudado en cargar contra la privatización de ciertos sectores, que conllevan consecuencias para los trabajadores, y por ende para los ciudadanos, como las que estamos viendo. Culpando directamente al Gobierno de este desaguisado.

http://www.elplural.com/politica/2017/08/11/guardias-civiles-la-culpa-es-del-gobierno-por-privatizar-la-seguridad-de-los

Por cuestiones, que no vienen al caso, conozco un poco el funcionamiento de la AUGC y siento profunda envidia, como trabajador, al ver como son capaces de luchar por los derechos de sus afiliados, así como por su forma de organizarse y actuar en beneficio de las personas que representan. Me gustaría que los sindicatos que dicen representarme fuesen la mitad de diligentes y capaces que la asociación que representa a los de verde.
Resulta curioso que una de las críticas más furibundas, y bien fundadas, provengan de un colectivo al que los progres, que procuran pasar de puntillas sobre este asunto, no dudan en criticar por retrógrado.
Tras hacer una exposición sobre las posturas de unos y otros, me gustaría explicitar la mía, que parte de un supuesto que no contempla ninguno de los actores hasta ahora citados: la fuerza de los trabajadores cuando se organizan.
Nadie, ni derecha ni derecha disfrazada de progresía, ha incidido en la fuerza de los trabajadores cuando se organizan. ¿Recuerda el lector como acabó la huelga de los estibadores? Ganaron:

http://www.elmundo.es/economia/2017/06/29/5954e458ca4741452b8b4572.html

Un colectivo unido, vilipendiado por una parte de la sociedad, acabó consiguiendo lo que pretendía. Los medios pasaron de perfil y la gente progreta no lo utilizó como ejemplo para reivindicar algo evidente: cuando los trabajadores se organizan y movilizan en serio tienen todas las de ganar. Esta evidencia no se la escucharan decir a los paniaguados de UGT o CCOO, porque supondría un cambio en su paradigma y abandonar su complicidad con el sistema neoliberal y con los poderes económicos. 

Otra de las cuestiones que se pueden comprobar en los hechos del Prat, y también con los estibadores, es que cuando una movilización funciona el poder político, y los mamporreros mediáticos, se ponen nerviosos, muy nerviosos, por que puede cundir el ejemplo (por mucho que sindicatos y partidos progres hagan todo lo posible para que esto no ocurra). El ataque despiadado contra los trabajadores que ejercen su derecho, cuando no el boicot, resulta inevitable.
Un tercer aspecto, del que se habla poco, pero resulta trascendental, es que no se necesita que todo el mundo siga la convocatoria de huelga. A pesar de unos servicios mínimos exagerados, basta con que una parte mínima de los trabajadores sigan la convocatoria de huelga para que el funcionamiento normal se vea trastocado de manera significativa. Piense el lector en las huelgas de los trabajadores de transporte, en las que a pesar de unos servicios mínimos muy poco mínimos, las consecuencias en el funcionamiento resultan significativas.
Los trescientos del Prat, sin Leónidas al frente, nos han vuelto a recordar que la lucha sirve para algo.
Un saludo.

martes, 15 de agosto de 2017

ENMARCADO

¡Dios! Cuando, de alguna manera, desesperaba, pensando que no existía, aparece frente a mi y me pregunta si voy a participar en la misma actividad que ella. 
La miro a ella y a sus acompañantes. La vuelvo a mirar a ella. Contesto, no recuerdo muy bien qué, y pienso: Es preciosa. Está fuera de mi alcance.
Tras una breve conversación, donde me hace ver que he equivocado de pasillo, quedamos en vernos un par de horas después en el acto de presentación.
Una vez saciada el hambre, solucionado el problema de estacionamiento que nos había traído de cabeza a mi acompañante y a mí y abordadas otras cuestiones menores, llegó el momento del acto con el que se da inicio a esos seis días de convivencia. Mi timidez, que según todo el mundo tan bien sé disimular, me hace pasar un mal trago en este tipo de eventos iniciales.
Llegó al lugar convenido, cuando el grupo ya está conformado y busco sitio, que resulta estar casi frente a la mujer con la que hablé un par de horas atrás. Aún me parece más atractiva. 
Durante la actividad, en la que debemos presentarnos, tras presentarse ella pide a uno de sus acompañantes que dé turno a mí para darme a conocer al resto del grupo. Vale, parece que mi presunción inicial puede no ajustarse a la realidad. 
Extraño, mi timidez desaparece cuando me dirijo a un conjunto de personas, y aprovecho la ocasión para hacer un guiño a quien me antecedido en el turno de palabra.
Durante la siguiente actividad tengo ocasión de fijarme en su cuerpo y, sin duda, comprendo que lejos de mi hogar existe alguien donde vivir. 
Durante el resto del día apenas tenemos ocasión de hablar. Las obligaciones de ambos hacia nuestros acompañantes e, intuyo, que mi timidez, y tal vez la suya, contribuyen a que apenas crucemos unas palabras y unas cuantas miradas, que en su caso se acompañan de una sonrisa que me atrapa. ¡Joder! Necesito una paleta llena de sonrisas varias para pintar de colores cálidas la miseria en la que me envolví durante años. 
Durante la noche tengo problemas para conciliar el sueño. Ella enmarca todo mi tiempo y mis pensamientos. Me vuelve a pasar lo que me ocurrió hace unos meses: pienso en el sexo como algo más que follar. En ese momento embrido las mariposas, las encierro en crisálidas y me propongo disfrutar de la situación de la mejor manera posible, sabiendo que las responsabilidades de ambos hacia nuestros acompañantes, junto con lo lejanía del lugar de residencia de cada uno, va a limitar todo lo que puede ocurrir, siempre que ella quisiera algo más que hablar.
A pesar de todo ello me siento feliz. Hacia tiempo que me atormentaba la posibilidad de que no encontrase quien me hiciese sentir eso. En realidad no es honesto decir eso. Una persona, una mujer, había hecho crecer millones de mariposas dentro de mí, la misma que me hizo recordar que el sexo es algo más que eso, pero intuía, sentía, que lo que vivía en este momento tenía que ver con algo más parecido a la meta que espero alcanzar.
Dormí poco. Ella, según contó al día siguiente, también se encontraba despierta a las dos y media. No indagué en las causas.
La jornada abrió sus puertas pronto, con su carga inevitable de sueño, y las actividades del día, junto con algún sobresalto al que contribuyó mi acompañante, contribuyeron a que todo transcurriera con una celeridad indeseada. Hablamos, poco, buscando una excusa para entablar conversación. Demasiada gente, demasiadas obligaciones, demasiada nada en unos días. 
En estas situaciones me siento extraño y algo violento. La sensación de no tener el tiempo necesario, de no tener la intimidad necesaria genera en mí un extraño cóctel. Siento la necesidad de romper el hielo, mi timidez me paraliza y mi impulsividad me arrastra. El resultado, en ocasiones, no resulta todo lo brillante que me gustaría.
Ella siempre apartada del grupo, si no de manera física, sí por su dedicación a sus acompañantes (tal vez también como medida de seguridad, de protección; como una forma de sentirse segura en un grupo de desconocidos).
Por mi parte, me cuesta poco ubicarme, aunque más por necesidad que por verdadera creencia. Desde el primer momento poseo la certeza de que toda esa gente va a desaparecer de mi vida justo el día en que silencie el grupo de whatsapp al poco de llegar a mi casa. Excepto ella. Me ha turbado y siento la necesidad de hablar con ella, aunque a veces no encuentre las palabras. 
Durante el tercer día parece que la risa nos une. 
Durante el tercer día me vuelvo a cuestionar por qué esa mujer, que permanece apartada del grupo, parece que quiere estar cerca de mí. 
Durante el tercer día me planteo que, a pesar de todo, algunas otras mujeres hermosas han querido estar a mi lado.
Durante el tercer día sé que ella, aunque no parezca estar atenta, se ríe con los disparates que se me ocurren y es entonces, cuando se gira y ríe, cuando me siento desarmado. Sin embargo, tengo las mariposas encerradas en lo más hondo e inaccesible. No hay problema.
No recuerdo si fue durante el tercer o durante el cuarto día cuando surgió la idea de practicar ambos una actividad de manera conjunta, siempre que nuestros acompañantes nos lo permitiesen. 
Tal vez ese día, o el siguiente, me fije, durante la cena (ya nos sentábamos cerca en las comidas conjuntas), en que disfrutaba comiendo. Me encantó y acuñé la idea de que necesitaba alguien a mi lado con ganas de comer la vida. Y ahora, varios después, tengo la certeza de que su legado en mi vida lo constituirá esa idea: comer la vida, con gula cuando sea posible. 
Puede que todo se deba a que me sienta harto de gente estupenda e irreal. Me gusta una sonrisa, unas caderas poderosas e insinuantes, comer por y con placer, mirar por necesidad.
Llegó el día de la actividad, que se ofrecía en el programa. No había duda de que íbamos a hacerla. Tal vez ese tiempo sería nuestro único espacio a solas. Sin embargo, la publicidad engañosa parecía perseguirme ese verano y de todo lo que aparecía en el programa, lo que pretendíamos hacer era lo único que no ofertaban. Tal vez, alguien, en algún lugar ignoto, pensó que el rato que habíamos permanecido riéndonos como dos colegiales en el autobús, mientras nos dirigíamos hacia la decepción, constituía premio suficiente.
Después, pequeños detalles. 
Mientras, un azul eterno en la mirada.
Llegó la última noche. 
Acabó la última noche. De manera abrupta, mis responsabilidades me hicieron retirarme el primero. Lo vi. Ella quiso ser la última de la que me despidiese. No la dejé. La propuse tomar algo por la mañana, antes de separarnos para siempre. 
Había pensado contarla cosas como las que estoy escribiendo. Había pensado pedirla que sonriese, porque aún era más bella cuando lo hacía. Había pensado, al final, no decir nada. Cada cual debería llevarse el recuerdo que desease de esos días. Y así fue. 
Bastó una hora más como premio.
En el largo camino de vuelta sonó Alone i break, de Korn, y entonces comprendí que ella me había enseñado que debía llenar esa canción (que tanto he escuchado en los buenos y en los malos momentos) para los m con todo lo que me había aportado, que, en esencia, se podía resumir en que existía, en algún lugar, una mujer, desconocida, que reunía todas las piezas del puzzle, de la que me enamoraré desde el primer minuto.

jueves, 10 de agosto de 2017

DESTRUCCIÓN TOTAL

A veces no resulta fácil escribir unas memorias, aunque sepas que éstas no se publicarán mientras vivas. La complejidad reside, no tanto en contar la verdad, como en la necesidad de buscar justificación a aquellas actuaciones de las que uno no se siente orgulloso. Tal vez por ello lleve dando vueltas a este capítulo de mi biografía, en el que se narra lo que para todos fue mi mayor éxito profesional. 
Considero que, antes de continuar, el lector debe saber que el que estas líneas escribe tiene por nombre John Mc Allister y que mi profesión es la de militar. Imagino que todos ustedes, o la gran mayoría, habrán asociado estos datos con la persona que dirigió, con éxito, la gran ofensiva militar contra las tropas totalitarias de los ejércitos centroeuropeos en la Gran Guerra. Entre otros cometidos, durante esa contienda, planifiqué y dirigí la batalla de Würtzuneigg, en la que la gran cantidad de pérdidas del enemigo supuso el principio del fin del mismo. Y es esta batalla, por la que he recibido reconocimiento de compatriotas, aliados, políticos, periodistas, historiadores..., la que está obstaculizando el resumen escrito de mi vida. Como todo el mundo sabe, los matices resultan el ingrediente esencial de este banquete, mejor o pero cocinado, que se llama vida.
Pero llegado aquí, puesto ya el pie en el estribo, debido a un tumor cuya metástasis invade mi cuerpo, voy a dejarme llevar por la escritura y ensartar en párrafos todo aquello que nunca conté y que considero debe saberse.
La guerra se había prolongado ya durante tres años, con resultados pésimos, en un primer momento, para nuestros intereses, aunque en los últimos meses habíamos conseguido estabilizar los diversos frentes e, incluso, del frente oriental llegaban buenas noticias, en forma de derrotas del enemigo, por primera vez desde el inicio de las hostilidades. Los miembros del Estado Mayor coincidíamos en que había llegado el momento de reactivar el frente occidental y asestar un gran golpe, en forma de derrota, a las fuerzas de la alianza totalitaria. Durante el último mes de invierno y la primavera habíamos procedido a concentrar un gran número de soldados, piezas de artillería, carros de combate, aviones en la retaguardia, con la idea de lanzar una ofensiva masiva, que lograse penetrar en las líneas defensivas del enemigo. No existía un criterio único sobre la forma de proceder de nuestros ejércitos, se contemplaban varias posibilidades: desde una ofensiva de estilo tradicional, de desgaste, parecida a las de la I Guerra Mundial (con más coste de vidas para nuestros soldados, pero también para un ya desgastado ejército rival), hasta otras en las que como hizo Zukhov (uno de los discípulos de Tujachevsky, el gran teórico de la utilización de columnas móviles blindadas) en 1940 en Jaljin Gol, utilizar las columnas de tanques y de artillería motorizada para realizar una maniobra envolvente, con menos coste de vidas, pero, casi seguro, con similar éxito (aunque supondría menos desgaste del enemigo). Las dudas a este respecto, y las presiones políticas, en diferentes sentidos, dependiendo de los intereses de los gobiernos de cada país aliado, nos mantuvieron paralizados un par de semanas. Sin embargo, todos teníamos claro que la ofensiva debería comenzar a finales de primavera, para intentar que el enemigo se rindiese antes de la llegada del crudo invierno, que ralentizaría todas las acciones.
Recuerdo que durante dos o tres semanas tuve muchos problemas para dormir. En mi fuero interno empezaba a tener la certeza de que la decisión sobre el tipo de acción a emprender no iba a poder consensuarse, por lo que yo tendría la última, y decisiva, opinión respecto a como abordar el asunto. Reconozco que esta situación, idealizada por un militar profesional cuando sale de la academia o desde el cómodo sillón de su despacho, se llega a convertir en una pesadilla, cuando se tiene conciencia de que una determinación puede servir para salvar o morir a decenas de miles de personas, si no más.
Al final, el 10 de mayo (recuerdo la fecha con exactitud) me incliné por una guerra de desgaste total, aprovechando nuestra superioridad de hombres y armas de todo tipo, siguiendo el modelo de los generales de la I Guerra Mundial. A pesar de las quejas de algunos de mis subordinados, cuestionando la gran cantidad de pérdidas de vidas en nuestras filas que esta estrategia iba a causar, mantuve mi decisión.
Como dije con anterioridad, la denominada batalla de Würtzuneigg constituyó un formidable éxito de nuestras tropas. Tras casi tres semanas de combates encarnizados, con un altísimo coste de vidas y de material por ambos bandos, el derrumbe del ejército enemigo, abrió las puertas, casi de par en par, a nuestras tropas para la invasión de los países coaligados en nuestra contra.
Casi un millón de victimas, entre muertos y heridos, fue el resultado de esos diecinueve días de guerra. Sin embargo, el elevado precio no pareció importar a los políticos, a los medios de comunicación, a los militares ni a los historiadores (con alguna excepción), el éxito entierra en el olvido los cadáveres, las mutilaciones y las carnicerías.
Como resultaba previsible, con este viento a favor acabé siendo proclamado como un genial estratega y, casi casi, como un héroe, casi a la altura de Hércules. Incluso, años después, los líderes del partido conservador de mi país se pusieron en contacto conmigo, en secreto, para proponerme encabezar las listas electorales de unas elecciones que iban a tener lugar unos meses después. Por supuesto, con la máxima educación, decliné tal oferta.
Han pasado muchos años desde ese 10 de mayo en que tomé la decisión, pero de manera recurrente sigo teniendo problemas para conciliar el sueño, como antes de esa fecha. Una pesadilla repetitiva, con escasa variantes, quiebra mi necesidad de descanso. La primera de la misma no ha sufrido variación alguna durante todo este tiempo y recrea el momento en el que el 7, a media tarde, me comunican que mi hijo, teniente de infantería, ha muerto en el frente. El despacho, la luminosidad del día que, de repente, se oscurece, el rostro serio del general Freedom antes y después de contármelo. Incluso el dolor que siento es idéntico cada vez que mi mente recrea la situación.
El sueño da un salto en el tiempo y me sitúa tres días después, defendiendo ante los otros miembros del Estado Mayor la necesidad de una ofensiva total de desgaste. En la pesadilla no escucho las comentarios de mis otros camaradas, porque una voz interior ahoga todo lo externo. Una voz que repite: "Deben morir el mayor número de enemigos, para que sus padres sientan el dolor descomunal que tú estás sintiendo. Siembra en ellos, en el mayor número de ellos, la desesperación que te invade a ti por la muerte de tu hijo".
La pesadilla concluye cuando, sobresaltado, me despierto tras visualizar una procesión, interminable, de rostros desconocidos de padres de soldados muertos, tanto del enemigo, como de nuestro propio ejército, preguntándome por qué lo hice.
Ahora que, por fin, he tenido el valor de escribirlo, considero que con describir mi pesadilla es suficiente para abordar la realidad de lo acontecido en aquellos días. No me importa que me descabalguen del panteón de los héroes, ni tan siquiera voy a ser consciente de ello, me parece mucho más trascendental contar que sólo soy un humano más, atrapado por el dolor en un momento crucial.

domingo, 6 de agosto de 2017

PIENSO, LUEGO SOY UN SER HUMANO

"Los niños tienen que ser enseñados
sobre cómo pensar,
no sobre qué pensar".

Margaret Mead


Existe un debate recurrente y, por lo general, carente de un enfoque real, ya veremos las causas, sobre lo que los niños deben aprender en la Escuela (aunque más bien deberíamos decir en el sistema educativo). Como en el caso del fútbol cada uno tiene una opinión basada en su experiencia personal, en lo que intentan imponer los medios de comunicación o, más simple, en lo primero que se le ocurre. 
No sólo eso, a veces, con mucha frecuencia, se confunde la metodología con los objetivos (los medios de comunicación son expertos en ello), creando un debate distorsionado, falso (pero muy útil para llenar tertulias e informativos y para conquista el alma y la mente de los incautos), carente de un enfoque real. 
Por si esto fuera poco, existen apóstoles del buen rollismo que demandan por un lado que a los niños no se les puede exigir, pero luego se demanda que todos acaben siendo ingenieros aeroespaciales, Nóbel de medicina o sucesores de Einstein. Unos crack estos genios que todo lo fían a pizarras digitales interactivas o a métodos revolucionarios, e infalibles, que llenan las arcas de conferenciantes y que acaban siendo obsoletos a los pocos años. 
Sin embargo, uno, que no debería hablar de estos asuntos, aún me quedan bastante días de vacaciones, si sostiene que los alumnos, de manera progresiva, pero constante, deberían aprender algo: a saber interpretar la realidad, a buscar informaciones de diferentes fuentes. En otras palabras, a ser una persona que no se deje llevar por la primera impresión, en especial en asuntos complejos. Un tipo capaz de pensar y de cuestionarse las verdades preestablecidas. Y no sólo, eso, creo que resulta también importante que nuestros alumnos, nuestros hijos, no olviden que reconocer que ignorar algo sobre un asunto no es vergonzante. Al contrario. Lo vergonzante es no saber y ocultarlo, pero, sobre todo, lo vergonzante es no saber y hacer ver que se domina la cuestión.
Puede que algunos lectores piensen que resulta muy complicado vivir y actuar con esa premisa en todo momento. Cierto, sería inviable; además de contraproducente. Existe asuntos vinculados a vivencias cercanas y a sentimientos o a determinados momentos que se rigen más por los sentimientos, la inmediatez u otras cuestiones. Sin embargo, uno piensa que en determinados aspectos si resulta necesario.
Hay un asunto muy en boga estos días, uno de esos de los que si sabes un poco del tema se ve que la manipulación es asombrosa, que ha generado oleadas infinitas de indignación. Lo de siempre: apelar a los sentimientos para llenar programas, que no tienen suficiente con la movida catalana. Si, además, conseguimos apelar a la solidaridad de la gente, sin moverse del sillón, mejor que mejor. Sin embargo, casi nadie se ha molestado en investigar, todo el mundo tiene un bueno y un malo. La historia, bastante más compleja, resume a la perfección a una parte de las personas que conforman esta sociedad y a las estructuras de poder y pensamiento que la modelan: un tema, anecdótico y desenfocado ex profeso, se convierte en categoría y en un foco de distracción. Se apela a la "bondad" del personal, que, en realidad muestra con facilidad su parte más sarnosa, y el personal se rasga las vestiduras en jirones y muestra lo solidaria que es escribiendo, o copiando, un hashtag, o etiqueta. Todo perfecto.
Aunque intuyo que lo que propongo no se va a conseguir, me niego que mi hijo y las personas de su generación, se dejen manipular sin investigar, sin buscar el trasfondo... Sin sentir curiosidad por conocer la complejidad del mundo que le rodea, Siendo borregos teledirigidos por una minoría que se aprovecha de ello.
Además de ello me encantaría que la Escuela fuese capaz de inculcar en la cabecita de los peques, y en la cabezota de muchos adolescentes, que la búsqueda de soluciones, en muchas ocasiones de forma conjunta, forma parte del normal, e ideal, desempeño que deben tener cuando sean adultos. Me resulta curios escuchar miriadas de quejas en las redes sociales sobre asuntos varios, en muchos casos desde el desconocimiento más absoluto, sin proponer, ni tan siquiera por error, una solución a esos asuntos que parecen preocupar. Buscar soluciones, contrariamente a lo que nos vende el sistema económico imperante, a veces implicar tener la capacidad de asociarse y organizarse, para tener más fuerza a la hora de luchar por conseguir un objetivo común. Intuyo que esta idea no debe hacer muy feliz a los prebostes neoliberales que dirigen nuestros destinos.
A modo de resumen, puedo decir que haciendo personas que se interesen por conocer y por buscar soluciones a los problemas que se plantean, después de un análisis profundo, conseguiremos tener una sociedad un poco mejor, porque sería absurdo pensar que va a dejar de existir la avaricia, el engaño, la corrupción o el crimen, pero en un marco más ajustado a la realidad una gran mayoría de nosotros viviríamos bastante mejor.
Un saludo.

miércoles, 2 de agosto de 2017

TRAPOS, MARCHAS Y TRAMPOSOS

"El nacionalismo solo permite afirmaciones y, 
toda doctrina que descarte la duda, la negación,
es una forma de fanatismo y estupidez".

Jorge Luis Borges


Cada día que pasa tengo la sensación de encontrarme más lejos del mundo en el que un día habité. Las preocupaciones, creadas por otros, que en su momento me ocuparon y preocuparon, hoy me parecen monsergas creadas por unos pocos para vivir del cuento a costa de los incautos que se las toman en serio. 
Sin embargo, a pesar de lo dicho antes, y por la tabarra que unos y otros dan, y me dan, con uno de esos absurdos asuntos, voy a dedicar una entrada al tan traído y llevado asunto del referéndum catalán y el derecho de los pueblos, de las ciudades, de las pedanías y demás monsergas.
Comenzaremos diciendo que el derecho de autodeterminación de los pueblos nace, de una u otra forma, a partir de la independencia de EE.UU., se va gestando durante el siglo XIX y en el siglo XX toma forma, con los catorce puntos del presidente de los EE.UU, W. Wilson de 1918 (para intentar solucionar el problema de los Balcanes tras la I Guerra Mundial), con la Constitución de la URSS de 1924  (que reconoce el derecho a la independencia de las repúblicas soviéticas, no de las regiones) y, de manera definitiva, con diversas declaraciones de la ONU, referidas a los derechos de países colonizados. En todo caso siempre referidos a países, pueblos, o como se quiera decir, sometidos a otros países. Algo bastante distante de lo que aquí plantean ciertos tipos.
Una vez hecha esta aclaración me gustaría centrarme en el núcleo del asunto sin más dilación. Para ello voy a formular una aseveración que va a impregnar todo lo el lector a continuación va a leer: los nacionalismos, de cualquier tipo, consisten en un negocio para una minoría que están interesados en focalizar la atención sobre algo tan etéreo como una patria. Es más, todo nacionalismo se basa en el odio hacia el distinto (en muchas ocasiones disfrazado de victimismo), situado como diana por una minoría interesada en ello y seguido, a pies juntillas, por un numero significativo de personas.
Tenemos, pues, los dos motores de cualquier conflicto: la ambición de unos pocos y el odio hacia el proclamado como distinto de unos cuantos más.
Alguien puede pensar que en el caso que nos ocupa la cosa es distinta. No  estoy de acuerdo. Desde el "España nos roba", hasta expresiones como Españistán, pasando por cosas como:

http://www.elmundo.es/f5/comparte/2017/07/29/597cd1e4ca4741fe288b4577.html


No vamos a retrotaernos al pasado para indagar sobre cuestiones de las que parecen derivar unos supuestos derechos ancestrales. Y no lo vamos a hacer porque la Historia que manejan dista mucho de la real. Se trata de una visión monolítica, en la que no hay fricciones entre los suyos, en la que no existen buenos o malos y, además, creada desde una perspectiva del siglo XXI. O desde una perspectiva tan ridícula como ésta:




En el fondo, este tipo, como los Pío Moa o los César Vidal, anteponen la necesidad de justificar la idea de grandeza de la patria a explicar los hechos reales y, sobre todo, a intentar hacer comprender que los procesos resultan mucho más complejos de lo que, a simple vista, pueden parecer.
¿Por qué está simplificación? Porque el concepto de patria se basa en la simpleza: nosotros y ellos; la verdad y la mentira; lo justo y lo injusto. La variedad que han introducido las élites catalanas ha consistido en adueñarse de la palabra democracia, que va mucho más con el divinismo del que hace años han pretendido rodearse, con la complicidad de medios progres (de derecha en realidad), que buscan siempre causas ¿justas? a las que engancharse para estar en la vanguardia de lo que sea.
Centrándonos en el caso catalán, no me cabe duda alguna de ese movimiento patriótico, tutelado por una élite que ha saqueado, o callado ante el saqueo, como ERC, una región (con la connivencia de los patriotas españoles Felipe González, Aznar y ZP) nació como un movimiento de distracción para incautos y las circunstancias lo han convertido en algo que no querían. Ahora necesitan mártires.
Sin embargo, uno que debe andar en la inopia, no ha visto por ningún lado el modelo de república que se quiere formar en Cataluña. ¿Seguirán un modelo neoliberal como el de PdeCat (que votó sí a la reforma laboral del PP en el Parlamento de España)? ¿Seguirán el modelo  neoliberal disfrazado de ERC? O, por contra, ¿Optarán por las ideas económicas de izquierda y la forma de hacer asamblearia de la CUP?
Si algún lector sabe algo sobre el asunto rogaría me lo hiciese saber. Gracias.
Todos los nacionalismos: catalán, español, francés, ruso, estadounidense se basan en lo mismo: en la arcadia feliz que es nuestro país vamos a atar a los perros con longanizas. ¿Cómo? Eso ya lo iremos viendo sobre la marcha. Por el momento importa la patria, aunque, como en el caso de Cataluña, los catalanes que residan fuera de la región no puedan votar en ese referéndum. Cuestión que no se explica, pero es real cien por cien. Lo que deja una duda tremenda: ¿Quién está legitimado para votar en ese referéndum? ¿Los que viven en Cataluña? ¿Los nacidos en Cataluña?...
Como la cosa se está alargando, va siendo hora de poner un poco de música. Un poco de música que sirve para definir en que consiste el tema que nos ocupa hoy. Y para eso, mucho mejor que yo, este tema de Exquirla, en especial a partir del minuto 5,30, explica la esencia de los nacionalismos y las patrias


Llegado este punto alguien podrá pensar que me sitúo dentro de la órbita del nacionalismo español. . Voy a aportar dos pruebas en sentido contrario.
En primer lugar decir que el aplazamiento de la ley de lectura única, aprobada por el Parlamento de Cataluña, supone un claro ejemplo de como el nacionalismo de un país, une a poderes, en teoría independientes, para saltarse a la torera todo, porque, además de otras comunidades autónomas, el reglamento del Congreso de los Diputados, en su artículo 150, permite que en esta Cámara nacional se adopte esta misma fórmula que el Tribunal Constitucional ha puesto en suspenso al admitir el recurso del Gobierno.

http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/Hist_Normas/Norm/Reglam/T5/T5Cap3/T5Cap3Sec6

En segundo lugar, voy a contar una anécdota personal para que quien pueda pensar que posee una tendencia nacionalista en algún sentido.
Hace un año y unos meses asistí a la final de la Copa de Rey de rugby. En el estadio estábamos más de veinte mil personas cuando sonó el himno de España. Hasta donde alcanzaba mi vista fui el único que no se levantó de mi asiento mientras sonaban los acordes de la marcha real. Acabado el himno, la gente se giró hacia el palco de autoridades jaleando y vitoreando a Felipe, el Borbón (que unos días antes había sido pitado en la final de Copa de fútbol). Mi postura no varió: seguí sentado. Esa es mi actitud ante patrias, banderas, reyes e himnos. Por cierto, mi equipo perdió la final.
Los nacionalismos, incluso esos a los que algunos ponen el apellido de inclusivo (que viene a significar: te perdono la vida, si haces lo que yo quiero), buscan la desunión entre personas de diferente nacionalidad, etnia, religión... por causas espurias. El hombre masa, sin criterio propio, como forma de convivencia. El hombre masa manejado mediante consignas simples. El hombre masa que no necesita pensar, porque así unos pocos ven como sus privilegios, o su latrocinio, se mantiene o se incrementa tras el velo de una bandera, un himno o un escudo. El hombre masa que defendía que el pueblo de Euskadi necesitaba la autodeterminación en la época de Ibarretxe, y que pronto lo olvidó. El hombre masa dirigido hacia donde las élites quieren y como las élites quieren.
No creo en la libertad de los pueblos, creo en la libertad de las personas y anhelo que los seres humanos se junten para exigir sus derechos: derecho a una alimentación, una vivienda, una educación, una sanidad, unos servicios sociales dignos y de calidad que redunden en el bienestar de las personas, derecho a que se produzca una redistribución de la riqueza, derecho a tener tiempo para ayudar a crecer a los hijos, derecho a jornadas laborales normales, derecho a pensiones dignas para los ancianos... Las patrias no arreglan esas cuestiones y anteponer la patria a estos asuntos sólo se puede hacer desde una visión mercantilista y en beneficio de unas élites que controlan el poder político y económico.
Un saludo.

domingo, 30 de julio de 2017

SISTEMAS JUDICIAL 2.0

"¿Quién eres para juzgar la vida que vivo?
No soy perfecto, y no vivo para serlo,
pero antes de empezar a señalar...
asegúrate de tener tus manos limpias".

Bob Marley

Existe un nuevo tipo de sistema judicial que se caracteriza por la celeridad en dictar sentencia y por la falta de argumentos para justificar la misma. De igual manera, los reos suelen cumplir condenas que no suelen ir más allá de uno o dos días, en los que, como si de la Inquisición se tratase, se les pasea con un sambenito en forma de crítica continua. 
Este sistema, que prejuzga, juzga y condena cuenta la ventaja de que para formar parte del jurado no se necesita estudios de ningún tipo, ni tan siquiera poseer un mínimo de inteligencia para fundamentar las sentencias. En muchos casos basta con cambiar un par de palabras a los tópicos para dar forma a una condena sin revisión posible. 
En este loco y celérico entramado jurídico se observa que no todos los encargados de dictar sentencia se rigen por los mismos criterios, aunque si muestran los mismos criterios para exculpar a los suyos y para condenar sin remisión a los que no consideran de su cuerda. Se puede arrancar la piel, si es menester, a aquellos alejados de las posiciones deseables por un acto nimio y justificar cuestiones mucho más sangrantes de los colegas de pensamiento. 
Por otra parte, este mecanismo ha ido elaborando un mecanismo de defensa para los inculpados que, lejos de ser complejo, permite, con un leve castigo, salir al paso de todo tipo de acusaciones. Basta con desaparecer, no contestando a las acusaciones, durante uno o dos días, o, si se ostentan cargo público, pedir disculpas por lo dicho y/o hecho, sin arrepentirse de ello. Las disculpas se pueden convertir en una acusación de falta de profesionalidad de aquel o aquellos que recogieron las declaraciones del acusado. Lo importante, en todo caso, es mostrarse compungido y simular que lo acontecido turba sobremanera al personaje que parece sentirse mal por lo dicho o hecho. 
Caso aparte resultan los acusados que sí han cometido un acto perseguible por la Justicia. A estos tipos se la suda esta nueva arma justiciera, pues unos años en el maco resultan bastante más jodidos que ser juzgados por este nuevo sistema.
Una de las grandes ventajas de esta justicia nueva y eficiente reside en la constatación de la existencia de una gran cantidad de expertos en todo tipo de temas y situaciones. Expertos que tienen la asombrosa capacidad de conocer en profundidad de leyes de derecho civil, derecho penal, derecho internacional, legislación educativa, relaciones internacionales o cualquier otro tema que se le pueda presentar ante sus narices. Bien es cierto, que una parte significativa de los encargados de juzgar utilizan uno, dos o hasta tres temas comodín y los van acoplando a las diferentes situaciones. Pero otros, los más avezados, se permiten razonar sobre diferentes cuestiones con argumentos varios, que, en general, coinciden con los de la prensa que leen. Sea como fuere, resulta reseñable la gran versatilidad que muchos de los juzgadores muestran a la hora de abordar situaciones y asuntos del más distinto pelaje y complejidad.
No merece caer en el olvido la gran capacidad de trabajo de estos juzgadores semiprofesionales, que en cuestión de una hora pueden abordar varias cuestiones y dictar sentencia con toda naturalidad y prontitud, como si el esfuerzo no hiciese mella en ellos. Tal vez por eso la jurisprudencia flaquee en algunas de sus decisiones, siendo capaces de dictaminar que un asunto debe resolverse de forma diferente a otro sobre el que se trato unas semanas atrás. 
Uno, que se dedica a la Educación, contempla como se puede juzgar y culpar a los docentes por su incapacidad para realizar su labor educativa con unos métodos adecuados a los tiempos, para unos días después contemplar, contrariado, como esos mismos jueces alaban la labor docente de esos mismos tipos criticados con anterioridad, y claman al cielo contra el sistema que no reconoce a los abnegados enseñantes. 
Lo dicho, la celeridad impide que la jurisprudencia se contemple con un poco más de rigor. 
Lo chocante llega cuando diferentes jurados emiten veredictos distintos, no respetándose los votos particulares de los otros, ni, mucho menos, escuchándose los argumentos del disidente. En esos momentos, tensos, por qué no decirlo, algunos de los encargados de impartir justicia se enzarzan en una discusión trufada de descalificaciones e insultos, que concluyen cuando alguno de ellos borra de su mapa al rival dialéctico.
Si uno mira bien este armazón jurídico se caracteriza por la dureza, virtual, de las condenas. No existe perdón ni capacidad de reinserción para el condenado, que por siempre será un paria marcado por su delito. Y es este aspecto el que mejor define a esta troupe de juzgadores profesionales: las necesidad de condenar y de hundir, si se pudiera, para siempre al condenado. Es entonces cuando uno piensa que incluso la Inquisición daba la oportunidad de arrepentirse al condenado. Sin embargo, la caterva de intransigentes que pulula en Twitter, creyendo que son importantes por poder criticar y, muchas veces, acusar sin pruebas, sólo ven culpables que han de pagar con su sangre por no ser de los suyos. 
Aunque no me gusten en exceso, prefiero a aquellos que van contando su vida a estos nuevos Torquemadas, disfrazados de pureza y buenas intenciones.
Un saludo.