jueves, 14 de diciembre de 2017

DIARIO DE UN MAESTRO GRUÑÓN (13-XII-2017)

Desconozco si a otros compañeros les pasa, pero yo estoy un poco cansado de escuchar cosas como: "Es que esto es típico de tal o cual centro". En realidad se refieren a las conductas de un grupo de docentes (no siempre deben ser todos) que hacen o deshacen esto o lo otro. He conocido caso que aquellas cosas "típicas" de determinados centros desaparecían, como por ensalmo, con la entrada de un nuevo equipo directivo, o cuando cierta gente se jubilaba. 
Esa moda de atribuir al nombre de un centro ciertos comportamientos denota, en mi modesta opinión, una falta de ganas de analizar por qué se hacen las cosas y, lo más importante, su utilidad. También deja entrever otra característica de ese tipo de entidades educativas: el poder de decisión real recae en personas, pocas o muchas, inmovilista, que utiliza la tradición como escudo refractario a las nuevas ideas, que pueden no ser mejores, pero que implican pensar, analizar y valorar la realidad en que se desenvuelve la institución. 
También puede generar un cierto malestar, que acaba en resignación, cuando existe un sector que pretende cambiar, experimentar cosas nuevas y sus ideas resultan cercenadas porque en el centro "siempre" se ha hecho tal o cual cosa. En otras palabras: tú opinión importa un carajo y mejor que te limites a ser un engranaje anónimo, y  a ser posible sonriente, de este engranaje que yo hago funcionar a mi manera. 
Cuando esto ocurre me pregunto: ¿Cómo cojones se puede poner en un Proyecto Educativo de Centro o en una Proyecto Curricular que los valores democráticos forman parte de los valores que debemos enseñar y transmitir a nuestros alumnos? A alguien se le olvidó que la mejor manera de enseñar es predicar con el ejemplo.
Hablando de democracia, en muchas ocasiones se nos olvida que esto que nos venden como democracia se compone de dos partes: derechos y deberes. Como en cualquier actividad de la vida resulta más fácil reivindicar lo que nos favorece, los derechos, obviando en muchas ocasiones lo que debemos dar a los demás, las obligaciones. Nuestros alumnos no resultan una excepción en este aspecto.
Tal vez, sólo tal vez, querido diario, deberíamos pensar en varios aspectos relativos a la función docente que podría acercar a nuestros alumnos a ser unos ciudadanos, no sé mis comprometidos, pero sí más conscientes de la realidad.
No se trata tanto de hacer un día dedicado a recordar que los niños tienen derechos, magnífica bufonada de un sistema regido por las formas, como a reflexionar sobre ello. Desde que un niño ingresa con tres años en el sistema educativo sabe que existen cosas que le gustan y otras que no le gustan. En el fondo está manifestando que tiene unos derechos: a su integridad, a ser escuchado, a jugar... y que los demás tienen unas obligaciones con respecto a él: no pegarle, escucharle, jugar con él. Es evidente que sus obligaciones no le resultan tan claras, aunque sepan, de manera más o menos difusa, que existen: deben ir al cole, no pegar a sus compañeros, respetar al maestro... Estas obligaciones, y estos derechos, siguen siendo, en esencia, los mismos durante toda la vida, aunque la capacidad de hacerlos explícitos mejora con el paso del tiempo; así como la capacidad de imbricar lo individual en lo colectivo, en lo social, también mejora. En otras palabras, partiendo de la experiencia personal, se ha de llegar a lo general.
Creo, querido diario, que explicitar esas normas, donde se incluyen derechos y deberes, desde pequeño, llegando a consensos mínimos de funcionamiento, incluidas las sanciones por incumplir las obligaciones, puede mejorar la comprensión del funcionamiento social, y de una sociedad democrática. Se trata de hacer claro qué es lo que pretendemos y como vamos a abordar los problemas.
Por otra parte, resultaría interesante inculcar la posibilidad, y la necesidad, de que las normas no resultan inamovibles. Mediante consenso podemos cambiar ciertas cuestiones. Además, esta modificación también puede llevar aparejado algo como la causalidad. Si cambio una norma algo va a ser distinto, pudiendo no ser mejor que lo anterior, o pudiendo tener mejoras en algún aspecto y perjuicios en otros. Inculcar en el alumno que no existe nada perfecto también puede resultar algo importante para comprender mejor el funcionamiento social.
Con todo este proceso se pretende conseguir una mejor comprensión de la vida en sociedad, que no se debe reducir a estudiar en determinados cursos que existen tales o cuales leyes nacionales o internacionales y, por otra parte, ese adoctrinamiento estúpido que consiste en utilizar palabras fetiche para posicionar a unos y a otros. Parece que con decir democracia, igualdad, solidaridad... ya basta y todo lo que se ampare bajo ese paraguas, muchas veces de manera interesada, es bueno per se. Lo que no siempre es así.
 Debemos buscar que nuestros alumnos analicen, piensen, sepan que convivir se construye y que ellos pueden, y deben, construir esa convivencia. Pero, ante todo, debemos crear en nuestros alumnos la convicción de que no existen mesías ni palabras mágicas que permitan todo.
Me ha salido una entrada, querido diario, muy política; aunque, ahora que lo pienso, en este mundo de la Educación, ¿no es todo Política? Desde la transmisión de contenidos, hasta los valores, pasando por el tipo de individuo que queremos construir.
Esto empieza a parecer un mitin. Creo que va llegando la hora de cerrar esta página del diario y no avanzar hacia la vacuidad, que esgrimen como arma los políticos profesionales.
Querido diario, nos vemos pronto.

jueves, 7 de diciembre de 2017

GRATITUD

Escuchaba su conversación, que suponía interesante para él, y sólo sentía un vacío neutro, despojado de interés y de emoción alguna. En ese momento comprendió que esa persona, situada frente a ellas, se encontraba a una distancia infinita, imposible de salvar. Interiorizó, sin necesidad de reflexionar sobre ello, que cualquier esfuerzo por anular esa lejanía resultaría un esfuerzo absurdo, condenado al fracaso de antemano. 
Se levantó de su silla e interrumpió el monólogo que él llevaba desgranando durante casi diez minutos, para decir: "Me voy de casa. No siento nada por ti. En media hora tendré hecha mi maleta y abandonaré esta casa para siempre. Sólo me llevaré lo indispensable. No quiero nada más. No me busques. No me llames. No te necesito. Ya no me aportas nada, ni negativo ni positivo". 
Habían pasado más de veinte años desde que pronunció esas frases concisas y tajantes, que se convirtieron en el preludio de su nueva vida. No había planificado nada. Salió de casa, llamó a su hermana menor, para que la acogiera de manera provisional, y, una vez solucionado su problema más acuciante, se dedicó a realizar lo que ella consideraba necesario para llenar su vida.
Lo único que no varió fue su trabajo, que la permitía tener una estabilidad económica, a pesar de no sentirse realizada en él dese hacía varios años; pero sabía que, por el momento, ese constituía un peaje necesario para poder llevar a cabo el resto de planes.
Cuando encontró un pequeño apartamento de alquiler, que satisfacía todas sus necesidades, y abandonó la casa de su hermana, sintió, por primera vez en mucho tiempo, una sensación de libertad, que descubrió necesitaba, tanto o más, que beber o alimentarse. Sin embargo, no tardó mucho en aparecer también la soledad de las mañanas sin un buenos días; la soledad del silencio en el hogar; la soledad de las comidas y las cenas de un único comensal. La soledad de no tener la costumbre de conocer la soledad.
Tal vez esa época fue la más complicada para ella. Pensó, repetidas veces, dar marcha atrás y volver con él, pero su orgullo, y el pavor, que la provocaba el retorno con la cabeza gacha, pudo más que el silencio de los días en que estar sola pesaba como una lápida en vida.
Con el paso del tiempo su círculo de relaciones cambió bastante y empezaron a aparecer hombres, de una edad parecida a la suya. En un principio se sintió reconfortada. Hombres atractivos, y menos atractivos, con los que poder hablar, cenar, bailar, practicar sexo, o a los que poder negárselo, pasaron por su vida. En ese instante no concebía cómo podía haber estado encerrada en una relación anodina y sin futuro, que la privaba de ese entusiasmo y esa alegría que la hacían sentirse atractiva y deseable. Es cierto que en ese tiempo también hubo fracasos, con algunos hombres que le resultaban interesantes, pero pronto tuvo claro que la mancha de la mora, con otra verde se quita. 
Ese tiempo sirvió para mostrarla el interés que aún despertaba en los hombres y que existía una forma de estar diferente, en la que casi cualquier locura tenía cabida, incluido el aspecto sexual.
Pero esa etapa, igual que llegó, se desvaneció. Sin pretenderlo, sin avisar de ello. Y volvieron a hacerse notar los cubiertos para uno, los amaneceres sin abrazos y la música tapando silencios. Resultó casi inevitable volver a plantearse si haber cerrado la puerta de su casa con una maleta, y la necesidad, constituía la mejor opción. De nuevo, resultó inevitable pensar que no había posibilidad, ni necesidad, de volver atrás.
Esa etapa la sirvió para conocerse a ella misma. Se dio cuenta de que no había tenido ocasión de ello en toda su vida. La niñez y la adolescencia no se prestaban a una reflexión pausada. El noviazgo y la convivencia con su expareja tampoco propiciaban, ni hacían necesaria, plantearse nada en ese aspecto y los últimos tiempos habían estado marcados por la urgencia y la necesidad de satisfacer pasiones inmediatas.
En aquel tiempo adquirió conciencia de la necesidad que tenía de no hacerse daño. No se trataba de ese concepto tan de moda que se basaba en no quererse o en que alguien disponga, en cierta forma, de tu vida. Más bien se podía definir como la necesidad que sentía de no perder el tiempo en pos de quimeras.
Poco tiempo después también acuñó, como divisa propia, la necesidad de no cerrar la posibilidad de vivir aquello que apetece, aunque, de antemano, ella vislumbrase la posibilidad de fracaso al embarcarse en cualquier empresa o relación. No le importaba el fracaso, que cada vez sabía tolerar mejor.
No hacerse daño y no renunciar a nada la llevaron a nuevas experiencias, no siempre exitosas, que la permitieron conocer y sentir nuevas sensaciones. Muchas veces no se trataba de algo excepcional, al menos desde su punto de vista, pero sí eran nuevas experiencias, que iban desde conocer entornos y personas diferentes, abordar tipos distintos de relaciones o aprender nuevas, y más efectivas, formas de encarar los problemas y la frustración.
El recuerdo de todo ello le asaltaba ahora, casi treinta años después de anunciar su partida del que fue su hogar y de la que fue su forma de vida. Ahora, en la misma habitación en la que comunicó su marcha a aquel hombre moribundo, del que había venido a despedirse, sentía gratitud hacia él. Gratitud por no oponerse a sus planes. Gratitud por mostrarla, de manera involuntaria, lo que no necesitaba en su vida. Gratitud por no haberse intentando ponerse en contacto con ella desde que cerró la puerta del que fue su hogar. Gratitud por permitirla ser lo que ella era en este mismo momento.
Ahora sabía que él fue siempre un hombre bueno al que quería mucho por ello, pero al que nunca amó.

POR DEBAJO, LA CLAVE DEL ÉXITO

"La libertad ha existido siempre,
pero unas veces como privilegio de algunos,
otras veces como derecho de todos".

Karl Marx

Hace un año, más o menos, escuchaba a gente de procedencia hispana justificando su voto a favor de Donald Trump, un candidato que mostraba su rechazo a la inmigración, en especial a la que provenía de los países situados al sur. Su defensa de la causa Trump no me sorprendió, al contrario, me pareció de manual (lo cual no significa que comparta las tesis). Los entrevistados pensaban que los inmigrantes ilegales, de procedencia hispana como ellos, iban a aprovecharse de lo que Estados Unidos les podía ofrecer, y que a ellos, con un cierto estatus económico, les había costado dios y ayuda conseguir. No sólo eso, tras la aseveración se escondía la idea de que la gente que atravesaba la frontera poseía la intención, de una u otra forma, de delinquir. 
El lector pondrá sentir que los seguidores del millonario que ocupa la Casa Blanca eran unos bichos raros, sin dos dedos de frente. Por desgracia, la primera afirmación resulta errónea: no se trata de bichos raros. Más bien al contrario; en todos los lugares existen personas, muchas, con un pensamiento similar. 
El esquema de pensamiento de esta gente resulta muy simple: he conseguido un cierto estatus socio-económico (luchando), que aquellos que están más abajo en la escala pueden, y "seguro" que desean, quitarme.
Por supuesto, lo de alcanzar un estatus socio-económico resulta subjetivo. Lo que para alguien puede ser un gran logro, un gran estatus, para otros puede ser un lugar bajo de la escala. En realidad, en lo alto de la escala se sitúan muy pocos. Un ramillete de gente, que en muchos casos ha heredado su suerte, conforman esa cúspide; el resto luchamos por los despojos, a repartir entre muchos. El gran éxito de esa élite consiste en hacer creer a mucha gente que han alcanzado un estatus "especial", fruto de su lucha. En realidad, muchos de ellos dependen de su trabajo para poder ir viviendo. Lo único que les diferencia de otros es que, por el momento, pueden comprarse un coche o una casa un poco más cara; pero como demostró la crisis (estafa), todo es susceptible de cambiar rápidamente; al menos para los que no conforman la verdadera élite.
Intuyo que existe una predisposición, por parte de buena parte de esa gente, a creerse la repera, lo que con una buen sistema de propaganda para transmitir una serie de valores resulta determinante. Estas creencias, fruto de la propaganda, resultan determinantes para menospreciar al "inferior", que, en el fondo, es un competidor por ese nicho socio-económico que ocupa el "triunfador". Hacer creer que se ha llegado a un lugar porque se ha luchado por ello, cuando en realidad, en la mayoría de los casos, se ha adquirido un cierto nivel de vida porque se ha trabajado como una mula, en muchas ocasiones para beneficio de otra gente, renunciando a otros aspectos de la vida, supone un éxito de la propaganda neoliberal. La realidad dice que dedicando muchas horas de tu vida a trabajar tienes la posibilidad  de mejorar tu nivel económico, pero nadie puede asegurar que lo conseguirás (de hecho mucha gente se queda por el camino). Y es aquí donde aparece el segundo axioma del neoliberalismo: ser el elegido.
Mucha gente se queda por el camino, pero los que han llegado arriba, o un poco más arriba de donde estaban, lo han conseguido por su talento, por su capacidad, por su inteligencia, porque tienen un don, porque son mejores que los otros y nacieron así. Por una especie de determinismo económico que los demás no tenemos. 
Este aspecto de la predisposición resulta mucho más importante de lo que pudiera parecer, pues justifica pensar que los que se encuentran más abajo en la escala se encuentran allí porque no tienen una serie de cualidades que los elegidos sí tienen. Ello permite pensar a estos "triunfadores" que los que se encuentran por debajo sólo ansían su suerte y su capital, no dudando en conseguirlo, si fuera menester, delinquiendo.
Este razonamiento no sólo sirve para entender por qué cierta gente vota a tal o cual partido, también sirve para explicar otros comportamientos, más cotidianos, pero basados en un esquema de pensamiento similar. 
Existe un pensamiento bastante extendido que defiende la supremacía de los servicios privados sobre los públicos. El razonamiento último del asunto no se basa en datos objetivos. Más bien se trata de la idea de acceder a una serie de servicios  que cierta gente, con menos recursos, no puede, o no le dejan, utilizar. Como he dicho no se basa en datos objetivos, de nuevo la propaganda tiene parte de la culpa. La propaganda y la ignorancia de ciertas personas. 
Sobre lo que yo conozco un poco más, la Educación, he oído burradas, defendidas como verdades absolutas, por personas que son capaces de rebatir aquello que vives y conoces. Podría poner ejemplos, no lo voy a hacer, pero lo que sí he podido comprobar que la propaganda, que ahonda de manera intencionada en la ignorancia, junto con ese aura de triunfador, del que hablaba más arriba resulta una mezcolanza explosiva. Sin embargo, los verdaderos triunfadores llevarán a sus hijos a colegios que jamás podrán pagar esos triunfadores. Colegios en los que conocerán a otros niños que acabarán conformando la élite de este país. Los "triunfadores".
Cuando me planteaba esta entrada pensaba en el éxito del neoliberalismo, creando falsos triunfadores,;en la ignorancia e insolidaridad de determinada gente que no tiene nada más que su trabajo; en como cierta gente no quiere, no necesita, cambiar nada a fondo, porque se/les han convencido de que tienen una forma de vida maravillosa y hay gente que ya quisiera tener ese estatus. En el fondo pensaba que ese caldo denso que es la ignorancia nos hace peores como sociedad, porque quien de verdad nos quita lo poco que tenemos es el de arriba, que hace que tengamos poco, cuando, con nuestro trabajo, deberíamos tener lo nuestro y lo que se queda él. Pero la propaganda ha conseguido que nos creamos que lo mejor es tener gente por debajo, a la que pode despreciar.
Un saludo.

lunes, 4 de diciembre de 2017

VOY A DAR UNA CHARLA

"Lo que más indigna al charlatán
es alguien silencioso y digno".

Juan Ramón Jiménez. 
 

Me llama la atención, de manera poderosa, la proliferación de charlas, no confundir con conferencias, que a veces también son charlas, por doquier. Charlas dirigidas a niños, a adultos, a ancianos, a veganos, a amantes del chuletón,  a artistas en ciernes, a emprendedores, también en ciernes, a veces cercenados, a deportistas, a amantes del sillónball y a todo aquél que pase por ahí. 
Creo necesario aclarar que el concepto de charla no siempre resulta peyorativo. A veces, más bien al contrario, supone realizar un acto de formación necesario sin gran boato ni alharacas, yendo al grano y no haciendo perder el tiempo al personal que acude a dicha charla.
Existe otro tipo de charla, vinculada, por lo general, con cuestiones relativas al arte, donde no existe una necesidad de llegar a conclusiones ni cubrir objetivos. Se trata de pasar un rato agradable en torno a un autor, cuadro, libro...
Sin embargo, podemos encontrarnos con una tipología de charla, tal vez la más extendida, que se caracteriza por su pretenciosidad. Los charlatanes pretenden cambiar ideas, en teoría arraigadas con fuerza en el oyente, con la única herramienta de la palabra. 
Estos magos del vocablo suelen formar parte de un circuito, que vive de las subvenciones, cuyo único objetivo es expandir la idea que han vendido como buena a algún paniaguado político, que debe buscar clientes que le deban favores para intentar asegurar su próxima reeleción, cuando no para conseguir su planificado ascenso.
Existen ciertos temas, en los que el dinero procedente de Europa ( en realidad procede de nuestros impuestos, no olvidemos que España es contribuyente neto de la UE) se destina (despilfarra) a realizar campañas de sensibilización que, en general, sólo sirven para crear un lenguaje cargado de eufemismos, en el que los propios charlatanes son faros de luz y vigilantes de la ortodoxia. 
No puedo evitar sentir rabia y frustración cuando estos charlatanes a sueldo de nuestros impuestos largan una charla, siempre la misma, importando poco el auditorio, comprueban que sus premisas iniciales chocan con la realidad. Aún así, ellos siguen con sus planteamientos y su mismo discurso frente a un conjunto de escuchantes atrapados por el horario escolar, la necesidad de acudir a la charla o la vergüenza que genera levantarse e irse. 
No existe la necesidad de adaptarse al receptor porque todo se reduce a rellenar un informe que jutifique que el discurso se ha largado en un lugar determinado a un colectivo determinado. 
Recuerdo como un docente se quejaba de unos charlatanes que habían vuelto al centro, a su clase, días después de su charla inicial para hacer un juego, un bingo algo que no había interesado lo más mínimo a los alumnos destinatarios de tales conocimientos. Por supuesto, los fulanos vivían de las subvenciones, de su dinero y el mío, querido lector.
La idea de cambiar mentalidades, esquemas de funcionamiento, por lo general implícitos, parece presidir todo este bombardeo deslabazado de charlatanes varios. Resulta curioso que ni tan siquiera se molesten en detectar de manera previa las condiciones iniciales de los destinatarios de sus mensajes. Charla sobre... y no importa que los niños, adultos, etc... tengan o no esa necesidad. 
Recuerdo una charla sobre seguridad laboral a la que asistí, en la que me decían que coger un paquete de folios puede ser un riesgo, mientras en la planta baja del lugar donde estaban impartiendo la charla los obreros trabajaban con radiales, que dejaban en el suelo enchufadas. Ni una puta referencia al asunto. Venían con su charla. 
Como vienen con su charla de la igualdad a los centros y cuando ven que muchos padres si se reparten las tareas siguen con su discurso de la desigualdad en el hogar o en los colegios (donde en Educación Infantil los niños juegan en los rincones con cocinitas o con coches, en función de sus gustos y de sus apetencias ese día), pero siguen hablando de desigualdad entre niños y niñas en el sistema educativo. 
Resulta obvio que este reparto de dinero, por lo general entre gente de la cuerda, se produce, como se producía en los cursos de formación, porque no existe control real de lo que se hace y, sobre todo, sobre los resultados finales. Ni tan siquiera existe un control inicial, porque de otro modo se sabría que para cambiar mentalidades debe existir el conflicto cognitivo, y las charlas no sirven para que eso ocurra. Lo que se logra, a lo sumo es el adoctrinamiento, no cambiando los patrones de comportamiento de la gente, aunque, de puertas para afuera se aparente hacerlo. Para que nos entendamos, es como ese tipo que dice seguir una religión y, en secreto, obra de una manera que contradice todo lo que defiende en público.
Cada día estoy más convencido de que existe dinero para hacer muchas cosas, muchas más de las que creemos y para beneficiar a mucha gente, pero existen muchos charlatanes que necesitan vivir, restando recursos a quien lo necesita de verdad. Pero, tal vez, esa idea sólo sea parte del discurso de este humilde bloguero y charlatán. 
Un saludo.

jueves, 30 de noviembre de 2017

IDIOTARIO (XCII)

Arrestar: a realizar operaciones de sustracción.


Bombona: bombón muy femenino.


Condado: división territorial de algunos países, cuyos límites son seis caras con un número diferente de puntos cada una de ellas.


Parque Jurásico: Senado.


Preestreno: momentos previos a la primera experiencia sexual. 


Principio de Arquímedes: nacimiento de Arquímedes, ocurrido en el año 287 a. C.


Renacimiento: período que se sitúa justo después de que una persona separada conoce a alguien de quien se enamora, siendo correspondido.


Trump, Donald: Çuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos, que es posible que consiga hacer bueno a George W. Bush, lo que dice mucho del nivel de los últimos presidentes del país norteamericano.


X-Men: hombres que ven pornografía.

lunes, 27 de noviembre de 2017

DIARIO DE UN MAESTRO GRUÑÓN (26-XI-2017)

Creo, querido diario, que todos tenemos un problema muy serio cuando olvidamos de dónde venimos. En los últimos tiempos estamos tan enfrascados en la búsqueda de la excelencia, de una Educación que prepare para el futuro (eso que no se sabe qué es, ni cómo será, pero para lo que debemos estar preprados), de los modelos pedagógicos revolucionarios (caracterizados por su pronta obsolescencia) y de informes de expertos (y de no tan expertos), que hemos borrado en nuestra memoria las virtudes de lo que tenemos y hemos construido entre todos y para todos.
Como ya te comenté en la entrada anterior, alumnos que vienen de otros países con menor nivel económico, y otra cultura, pueden no saber sumar con llevadas teniendo cursando un nivel similar a cuarto de Primaria. Pero no sólo eso, por circunstancias de la vida me he econtrado con personas nacidas en España hace unas seis décadas, que no saben escribir su nombre o con un caso, si me permites la expresión, más sangrante: un joven de etnia gitana, que aún no ha cumplido los treinta años, que no sabe escribir sus apellidos. Y esto, querido diario, no me lo ha contado nadie, lo he visto con mis propios ojos.
Por todo ello creo que antes de dedicarnos a despotricar sobre lo malo que es el sistema, la horrible preparación de nuestros alumnos, lo malos docentes que somos... deberíamos tener en cuenta que hemos conseguido, en pocas décadas, un sistema que, con sus defectos, permite que todos los ciudadanos de este país tengan acceso a un sistema que les permite adquirir una destrezas básicas para desenvolverse. Otra cuestión es como se adquieren y el uso que cada cual hace de ellas, pero no estaría de más recordar que muchos de nuestros padres y abuelos eran semianalfabetos o analfabetos y que unos cuantos kilómetros más abajo, cruzando el Mediterráneo, las posibilidades de acceder a un sistema educativo de una parte significativa de los jóvenes son pocas.
Por todo ello, sin olvidarnos de que debemos mejorar todos, parece oportuno, al menos de vez en cuando, recordar de dónde venimos y lo que hemos conseguido.
A colación de ello me viene a la memoria un tuit, donde alguien decía que está muy bien ese mantra modernillo que defiende que el sistema educativo actual mata la imaginación, pero que más mata la imaginación, y otras muchas cosas, no tener acceso a ese sistema educativo. 
Creo que se habla mucho de imaginación, inteligencia emocional y otras cuestiones que quedan muy molonas, a las que les ocurre eso: que quedan muy molonas. Sin embargo, para mí uno de los fundamentos de esta historia de la educación es la autoestima, tanto en lo personal como, sobre todo, en el aspecto escolar, que es la que podemos trabajar de manera esencial desde los centros educativos. 
Te preguntarás, querido diario, por qué resulta para mí tan importante este aspecto. Pues por algo tan sencillo, y obvio, que si no se tiene confianza a la hora de abordar una tarea, no sólo en el ámbito académico, los resultados van a ser, por lo general, pésimos. No sólo eso. Aún pudiéndose culminar con éxito la actividad emprendida, el actor de dicho acierto puede atribuir su acierto al azar, lo que le llevará a no abordar en sucesivas ocasiones la labor encomendada con todo el rigor y el método necesario. 
Lo sé, menudo rollo he soltado, pero no sé hacerlo mejor. Tal vez, si fuera capaz de explicar este tipo de cuestiones con mayor facilidad escribiría libros y abandonaría la docencia. 
A riesgo, querida bitácora, de parecer pesado me gustaría hablar un poquito más de la autoestima y del sentimiento de eficacia académica o escolar de los alumnos. 
En determinados casos mi trabajo consiste en conseguir, en mayor o menor medida, que alumnos desmotivados, con una percepción baja, e irreal, de sus propias posibilidades para abordar las tareas del aula, consigan sacar algo más de ellos, que puede ser poco, mucho o regular. 
El método siempre sigue unos patrones similares: plantear actividades con una alta posibilidad de éxito, refuerzo social (¡Ves como puedes hacerlo! ¡Qué bien lo has hecho, tú solo!...), incremento gradual de la dificultad de las actividades, refuerzos sociales, algo de ayuda. Pero no todo es tan bonito. Una de las cuestiones que he observado en este tipo de alumnos (lo he llegado a ver con adultos) es que se conforman con conseguir unos objetivos muy pequeños. Me explico. A veces les basta con saber que pueden hacer algo y, una vez realizado con éxito vuelven a perder la concentración ante las siguientes actividades, sean similares o de aprendizaje. Ello conlleva que se trata de una carrera de fondo, donde se debe ampliar la capacidad de centrar la atención, intentando que la motivación perdure. Puede parecer un rollo, pero con un ejemplo, caro diario, seguro que se entenderá mejor.
Imaginemos que nos apuntamos a un gimnasio porque deseamos ponernos en forma, que falta nos hace porque llevamos años sin hacer nada. No hace falta explicar que la carga de trabajo: pesas, máquinas, cinta... debe ajustarse a nuestra forma, en especial en las primeras sesiones de trabajo. De no ser así y realizar un sobreesfuerzo durante los primeros días, con las consiguientes agujetas, cuando no con alguna pequeña lesión muscular, abandonaríamos en nuestro empeño. No sólo eso, si la carga de trabajo es la adecuada, cada vez seremos capaces de realizar más ejercicios y llegaremos a conocer nuestro cuerpo y sus posibilidades. En otras palabras, necesitaremos menos ayuda para realizar más trabajo, que, además, lo haremos con una mayor economía de movimientos y con unos movimientos más precisos, que eliminarán lesiones y que los habremos interiorizado.
Esto, que sobre el papel parece fácil, no lo es tanto. Pues todos los días no estamos igual, las variables que intervienen sobre el alumno, y, a veces, sobre el docente, son múltiples y, por tanto, como ya he dicho, se trata de una carrera de fondo, en la que se logran, siempre, éxitos, mayores o menores.
Hoy me enrollado en exceso, querido diario. Se nos ha hecho tarde a los dos y, además, no tengo nada que contar.
Nos vemos pronto. Hasta la próxima.



jueves, 23 de noviembre de 2017

PALETOS, SUPREMACIASTAS Y OTROS INDEPENDENTISTAS

Ahora que todo el asunto catalán ha quedado enterrado, hasta la próxima ocasión, parece el momento adecuado para, en frío, extraer algunas conclusiones, que no van a gustar ni a unos ni otros. Vamos a ello.

Parece obvio que todo el asunto comenzó cuando la derecha nacionalista catalana se vio con la soga al cuello por los recortes y por la corrupción en la que estaba inmersa. A nadie se le escapa que los Pujol, Mas y compañía habían hecho de Cataluña su cortijo, resultando todo fácil mientras el dinero fluía a espuertas. Cuando las cosas se pusieron serias y se cerró el grifo, para muchos ciudadanos, en especial para los que menos tenían, los hijos de los caciques de  toda la vida en Cataluña tiraron de victimismo, una vez más, para alejar el foco de atención de ellos, intentándolo centrar en tierras lejanas. 


Se ha recurrido mucho al franquismo para criticar a aquellos que estaban en contra del nacionalismo catalán, bien desde la derecha o bien desde la izquierda. Se ha intentando vender el franquismo como un hecho histórico ajeno a los catalanes, impuesto por España, pero la historia es bien distinta. Los padres y abuelos de algunos de los que más despotrican contra España constituyeron pilares fundamentales de la dictadura franquista en Cataluña, enriqueciéndose con ello.

Dinero y franquismo en Cataluña.

Algunos llevan el gen de la extrema derecha y la represión en la sangre.

Parece que en la familia ya hubo antecendentes de huidas... para pasarse al bando franquista.



Por tanto, parece que los que hablan de franquismo deberían admitir que ellos, o sus familiares, contribuyeron como el más adepto al régimen.


Sin embargo, lo que no parece importar mucho es que aquellos cuyas familias poseían considerables cantidades de dinero defrauden al fisco. Los Pujol, Mas, Trías... todos parecen haber heredado dinero de sus ancestros sin declarar, en paraísos fiscales. Parece que el franquismo y el Régimen del 78 no trató tan mal a algunos, que no están dispuestos a colaborar a la redistribución de la riqueza en su país. Nada más alejado del espíritu de la izquierda o del progresismo que esta actitud tan poco solidaria con los suyos.


No cabe duda de que los artífices del paripé catalán, cuando decidieron seguir hasta el final, sólo tenían una carta que jugar: la internacional. Esa carta, el reconocimiento internacional, era más un deseo que una realidad, que aún se puede leer en algunos tuiteros independentistas. Intuyo que el Gobierno de España jugó también sus cartas en este sentido, sin ruído y sin demora, pero, sobre todo, con eficacia. Los políticos independentista centraron todos sus esfuerzos en realizar un referendúm, pero hasta ahí llegó su fuerza. Ni la gente se tiró a la calle ni país alguno reconoció la República, que aún no sabemos si se proclamó o no.


Se ha observado la profunda división de la izquierda en este país. Por un lado una parte hablaba de la posibilidad de cambiar todo a través de la escisión de España, mientras otra parte recordaba al bisabuelo Carlos y no consideraba que la proclamación de la República liderada por una derecha corrupta tuviese nada que ver con un movimiento obrero que, por naturaleza, es internacionalista.
Mi idea al respecto la he expuesto varias veces en este blog: ir de la mano de la derecha no supone ninguna revolución, sólo dividir más a la clase trabajadora, creando odio entre personas que no se conocen por una frontera.


Una parte de la izquierda reivindicaba este movimiento independentista como una forma de acabar con el Régimen del 78. No hace falta ser muy inteligente que lo que ellos denominan Régimen del 78 fue una componenda de Juan Carlos, el Borbón, para afianzarse en el poder, a cambio de seguir los dictámenes de EE.UU., convirtiéndose en un aliado fiel y sumiso. Si algún iluso pensaba que iban a dejar caer que toda la aventura catalana tuviese lugar o que el régimen nacido tras la muerte de Franco cayese debería hacérselo mirar. De nuevo, como en el asunto del nacionalismo, no entienden que la lucha contra el neoliberalismo debe ser algo global y que, como se pudo comprobar en Grecia, no van a dejar que alguien prenda la mecha que puede tener consecuencias impredecibles.


Los que se amparaban en el pueblo, en la necesidad de cumplir su voluntad, han demostrado con sus declaraciones posteriores y con sus conductas, que no representaban a ningún pueblo, como mucho a una parte de la ciudadanía. La huida hacia delante sin objetivos ni red ha demostrado que detrás de tanta grandilocuencia no había nada. 


Una de las cosas que más me llama la atención es como la gente llegó a pensar que todo iba a ser un cuento de hadas. Las grandes conquistas históricas se consiguen con esfuerzo y, por lo general, con sangre, pero en esta sociedad infantilizada cualquier contratiempo se convierte en un acto de fascismo. Respeto a quien lucha de verdad por sus ideas, aunque no las comparta, pero esa cantidad de pejigueros que han invadido los medios de comunicación y las redes me parecen una explicación  a por qué estamos como estamos. 


Las dos huelgas convocadas (una con asociaciones empresariales, ¡te cagas!), han vuelto a demostrar que quienes no quieren cambiar nada convocan una huelga de un día. La huelga es una medida de presión que tiene su sentido cuando se realiza hasta conseguir un fin. Por lo general las huelgas serias acaban consiguiendo que los patronos se replieguen ante las exigencias de los trabajadores, como lo demuestran las llevadas a cabo recientemente por las trabajadoras de Bershka en la provincia de Pontevedra o la protagonizada por los trabajadores del servicio de recogida de basura en Madrid. Sin embargo, quienes no quieren cambiar nada convocan una movilización de un día, para dejarse ver. De nuevo, nada que ver con la izquierda.


Esa estupidez de "tenemos que intentar convercerlos..." me resulta ridícula. Me resulta ridícula por dos motivos:
- Porque en muchos casos se trata de decisiones emocionales y eso no se rebate con palabras.
- Porque yo no tengo que convencer de nada a nadie, cada cual puede pensar lo que le salga de ahí, pero, eso sí, todos debemos ser consecuentes con nuestros pensamientos y nuestros actos. Si alguien se siente estafado, engañado, manipulado o lo que fuere, también deberá tener el valor de decir que les han vendido una moto. Y si alguno de los que apelaba al diálogo ahora piensa lo mismo, también debería decirlo. El resto de gente seguirá pensando igual, por lo que no su postura ya es conocida.


Me gustaría concluir recordando que todo nacionalismo se basa en una hecho supremacista, en el que unos tipos de al lado no merecen estar con nosotros. Tal vez por eso los apoyos que ha encontrado el movimiento independentista catalán hayan sido en partidos cercanos a la extrema derecha, cuando no instalada en ella. 
Al final, el sueño no era tan bonitos y la realidad ha desenmascarado a unos y a otros. Mientras, las trabajadoras pontevedresas o los trabajadores madrileños se han jugado sus cuartos y sus esfuerzos para conseguir algo mejor para ellos y para sus compañeros. Ellos son los verdaderos revolucionarios.
Un saludo.