lunes, 20 de noviembre de 2017

CLINT EASTWOOD

"Alguien dejó la puerta abierta
y entraron los perros equivocados".

Clint Eastwood

Como otras veces he escrito todo, o casi todo, lo que aparece en este blog tiene que ver con mi experiencia diaria y con como interpreto lo ocurrido. Por ello, con cierta frecuencia, ciertas entradas ya terminadas y programadas, o a medio terminar, tienen que ceder paso a otras que aparecen con la necesidad de ser escritas y publicadas. Como el lector, que intuyo ya me va calando, habrá adivinado éste es el caso. Pero, tal vez, si escribo los dos hechos que desencadenaron esta necesidad el lector podrá comprender mejor el porqué de esta necesidad.
Hace unos días me enteré de que una organización sin ánimo de lucro había fomentado que ciertas personas de esa asociación o familiares cercanos se aprovechasen de actividades emprendidas bajo el paraguas de su nombre. Resulta obvio que al enterarme de este tipo de comportamientos no pude evitar sentir rechazo y desprecio hacia quienes se aprovechan de situaciones como ésta.
No había pasado ni una hora desde que tuve conocimiento de lo que he expuesto con anterioridad, cuando escuché que un tipo había vuelto a golpear a su pareja. Digo vuelto, porque se trata de un triste y sórdido drama, en la que él pega a su pareja, ella denuncia para, al poco, retirar la denuncia y volver junto con él. Ése criminal bucle, incomprensible para los que lo vemos desde fuera.
Reconozco que tardé un poco en procesar toda la información y en integrarla en mi escala de valores.
La primera conclusión a la que llegué fue la de siempre: cualquier organización, por muy buenas intenciones que tenga en su fundación, acaba convirtiéndose, en parte o de manera total, en pasto de desalmados, más preocupados en medrar y en que su nombre sea asociado con el altruismo y la bondad, que en llevar a cabo los objetivos que dicen promover. Esto sirve para el primer caso y para el segundo (donde el dinero la profusión de asociaciones y de expertos no evitan casos como el expuesto, dedicando su tiempo y nuestro dinero a cargar contra carteles, canciones y fruslerías similares).
Acto seguido me acordé de Clint Eastwood y de alguna de sus magníficas películas. Me vino a la mente ese personaje solitario, por lo general un tipo anónimo, que acaba tomando decisiones. Decisiones que no sólo afectan a él, a veces las toma para mejorar la vida de otros, supliendo las carencias de un sistema ineficaz. Por supuesto, yo no soy ningún héroe, aunque sí anónimo, pero la idea de que las situaciones cambian a través de nuestros actos individuales cada vez me parece que se ajusta más a la realidad. No sólo eso, también creo, cada vez con mayor fuerza, que yo sólo debo justificar mis actos, no los de los demás, aunque estos viajen en el mismo barco y hacia una dirección común. Uno sólo puede responder, ante sí y ante los demás, de lo que él hace, pues es sobre lo que uno tiene la capacidad completa de decidir. Lo que realicen los acompañantes es una cuestión suya. Lo mas que podemos llegar a hacer es considerar si, desde un punto de vista ético, lo que realizan los demás resulta elogiable o criticable y aplicar la conclusión a futuras situaciones. Pero no considero necesario justificarme por algo que han hecho otras personas. Allá ellas con su moral y su conciencia. Yo no debo ser el Pepito Grillo de nadie.
Imaginemos que alguien ayuda a realizar un acto solidario, donde se recauda dinero para personas que lo necesitan. Se consigue una cierta cantidad de dinero y se utiliza para mejorar la calidad de vida de un esa gente a la que iba destinada. El objetivo parece cumplido. Sin embargo, la gestión del asunto no ha sido la más adecuada y se podían haber conseguido más cuartos. Resulta evidente que quien ha contribuido a recaudar fondos no debe sentirse concernido por la mala gestión. Deben ser quienes han gestionado de manera pésima los que deben exigirse a sí mismos una justificación de su actuación. Cada cual debe responder de sus actos.
Es aquí donde entra en juego el segundo caso: el de la situación de maltrato que sufre la mujer de manera recurrente y al que nadie pone solución. Existe una percepción muy extendida sobre como solucionar ciertos aspectos de la vida a base de leyes y de protestar en los medios de comunicación y/o en las redes, celebrando juicios paralelos en muchos casos.
Sobre la necesidad de promulgar leyes para solucionar problemas nada parece más claro que esta medida resulta ineficaz. Existen leyes que prohíben matar o robar desde tiempos inmemoriales y no parece que hayan servido para erradicar el problema. Por tanto, las leyes, algunas con ciertos planteamientos disparatados, no resultan la medicina salvadora, por mucho, y aquí volvemos a lo de la responsabilidad individual, que cierta gente hable de endurecer penas como fórmula para solucionar los problemas, que ellos desconocen y a los que no se van a acercar en su miserable y moralista vida.
Por otra parte, esos moralistas, amantes de penalizar todo lo que no les gusta, parecen olvidar que los seres humanos seguiremos cometiendo atrocidades toda nuestra vida y que la eficacia de algo no se mide en exclusiva por aquello que, de manera aparente, no funciona, sino por la evolución y la eficacia de lo que se ha puesto en marcha. Una excepción debe servir para plantearnos si algo se puede mejorar, pero no para derribar todo un edificio que puede haber servido para cobijar a mucha gente desamparada. Y, por desgracia, la locura, la maldad seguirán existiendo siempre y debemos saber que han existido, existen y existirán hechos, minoritarios, imprevisibles y a los que no podemos dar respuesta, por mucho que nos duela.
Me gustaría concluir esta entrada haciendo referencia a que el asunto del maltrato también deja bien a las claras que existe cierta gente, demasiada, que medra a costa de la desgracia de las demás, sin solucionar los problemas primigenios que motivaron la actuación inicial. ¿Cuánto tiempo llevamos oyendo hablar de casos como el que he expuesto? ¿Se ha encontrado solución a situaciones como la expuesta? Creo que no hace falta que responda. Sin embargo, un montón de personas viven de desvirtuar el asunto y buscar problemas, donde en muchos casos no existen, sin solucionar los verdaderos y primordiales asuntos, los que motivaron que se montara una maquinaria de ayuda. En el fondo, esta reflexión sirve para cerrar esta reflexión como la comencé: hablando de gente que se beneficia de la desgracia ajena (en ocasiones, provocándola ellos). Tal vez por todo ello me identifico con los personajes de Clint Eastwood y, tal vez, por eso me siento muy a gusto, aportando lo mío, lo que puedo, lo que sé, intentando solucionar los problemas de los demás. Sin juzgar, sin necesidad de ser comprendido o admirado. Sólo por el mero hecho de saber que es lo que quiero, lo que necesito y lo que puedo dar a otros y soy muy feliz haciéndolo.
Un saludo.  

viernes, 17 de noviembre de 2017

IDIOTARIO (XCI)


Froilán (de Todos los Santos): ejemplo que no se debe poner a los hijos cuando se les intenta convencer de que el esfuerzo resulta necesario para alcanzar ciertas metas.


Libra: hembra del libro.


Meter la pata: introducir un ave hembra, palmípeda, de plumaje denso, pico más ancho en la punta que en la base en algún lugar, equivocándose al hacerlo. 




Multa de tráfico: sanción administrativa , generada por infringir el reglamento de circulación y por la mala suerte, porque tras ser ser advertido por el agente de tráfico correspondiente siempre se escucha la frase: "Para una vez que hago..., me pillan".


Nombre común: nombre de persona muy frecuente.


Números pares: das a luz signos gráficos que representan una cantidad.


Políticamente correcto: ¡Me cago en la puta! Ya lo he explicado trescientas veces. ¿Estáis gilipollas o qué coño os pasa?


Siesta: lo que une a todos los españoles.


Talento: persona con una cualidad especial e innata para realizar cualquier  acción de manera poco diligente, sin  prisas ni estrés.

martes, 14 de noviembre de 2017

FEAR ON THE DARK

" A cuenta de prometer el Reino de los Cielos,
algunos vivillos lo que están haciendo
es su cielo particular en la tierra...".

Salve Regina, La Polla Records

Las formas de entretenimiento audiovisual han cobrado importancia, desde hace décadas, en nuestras vidas. La nueva moda de las series de pago resultan un ejemplo claro de lo expuesto. Los culebrones, las series, los reality show, el deporte televisado, la música que escuchamos en nuestros reproductores... constituyen parte esencial de nuestras costumbres, lo queramos reconocer o no.
Esta forma de ocio, por lo general basada en la inmediatez, se ha prestado a todo tipo de interpretaciones. Desde aquellas elogiosas, bien sea por su calidad o por lo que aportan al acerbo cultural de los usuarios, hasta las que se sitúan en el otro lado y hablan de falta de calidad de los productos o de una influencia nefasta para todos aquellos que utilizan este tipo de recursos de ocio. Uno intuye que, en realidad, lo que cada cual ve, escucha o ambas cosas es lo que busca, porque se siente identificado, de antemano, con ello, no porque se lo impongan.
En otras palabras, quien ve Gran Hermano lo hace porque ese tipo de formatos le resultan atractivos, no es el programa el que conforma los gustos y las opiniones del televidente. Esta hipótesis parece verse confirmada por el hecho de la que la programación de una cadena como La 2, bien sean de animales, de viajes, de arquitectura o sobre gastronomía gastronomía sea seguida por una minoría, muy minoritaria.
Este hecho tiene mucha más importancia de lo que a simple vista puede parecer. Existe una corriente de opinión, la que más se escucha en los medios, que dictan lo que se incluye dentro de lo deseable y de lo indeseable, cuando de la industria del entretenimiento se trata. Esta élite del pensamiento parte de un realidad, la suya (o la que ellos pretenden vender poseer) que, por lo general, suele obviar los gustos de una parte significativa de la población, por considerarla carca, cutre, de bajo nivel sociocultural o por todo aquello que se le ocurra al amable oyente. Por tanto, el negocio del entretenimiento debe reproducir unos patrones que se ajusten a la visión de esos visionarios, que deciden qué necesitan y cómo deben ser las personas de una sociedad. No importa que una parte significativa de las personas de esa sociedad no compartan esa visión, ni esas necesidades. A lo mejor, sólo a lo mejor, es por eso que series televisivas como Aquí no hay quien viva, Los Serrano, Gran Hermano... o música como el reaggetón tiene tanto éxito, porque existe una gran cantidad de personas, todas ellas con sus problemas y sus alegrías, que tienen suficiente con ese tipo de producto de entretenimiento. Y, tal vez, sólo tal vez, eso ocurre porque en nuestra sociedad, como en todas las sociedades, existe un amplio abanico de opiniones, de gustos, de formas de vivir y de afrontar la vida; pero se ha impuesto un modo único, correcto, de entender la sociedad. Un modelo deseable, e inalcanzable, para todos. Y la industria del entretenimiento debe trabajar para expandir esa visión idílica de la sociedad. Una visión de la sociedad sin clases bajas, o donde las personas de clase baja son dignas de lástima, porque consumen reaggetón (aunque esto no sea del todo cierto), ven a Jorge Javier Vázquez, no leen (aunque esto no sea del todo cierto), no viajan a sitios chic (en viajes masificados donde no te puedes desviar diez minutos de lo propuesto por una gran empresa de viajes)... Una visión de la sociedad de personas con problemas, que siempre se solucionan de manera satisfactoria. Una música cuyas letras hablen de un mundo donde prima el amor, el buen rollo y la fiesta, haciendo mártires a los músicos que se suicidan, porque "su talento derivaba de su locura", ocultando problemas como la depresión o el suicidio. Un planeta donde las grandes distribuidoras apuestan por héroes indestructibles, amores que triunfan a pesar de todo lo impensable y alguna tragedia, basada en vidas de triunfadores y, a lo sumo, alguna película de miedo, para hacer pasar un mal rato al personal. Todo controlado.
En las películas de Hollywood de los 40 y de los 50 no había besos obscenos, aunque muchos de los protagonistas tuviesen vidas reales que se caracterizaban por la abundancia de sexo, porque se intentaba transmitir una moral adecuada. Hoy la industria del espectáculo está más interesada en transmitir una visión de éxito en lo que se emprende, sea en lo económico, en lo sentimental, en el deporte o en lo que al lector se le ocurra.
Por otra parte, existe una corriente, fundamentalista hasta la médula, que insiste en que ciertos contenidos/ideas no deben difundirse a través de los productos de entretenimiento (¿No suena, de manera sospechosa, al asunto de los besos apasionados de los producciones de Hollywood?).
En este aspecto se observan varias consideraciones, derivadas todas del mismo lugar: la presunta supremacía intelectual y/o moral de quien decide lo que resulta aceptable o no.
En los últimos tiempos se insiste mucho en atacar el reaggetón como fuente de machismo y de otro tipo de cuestiones, porque pueden afectar a jóvenes que se están formando, convirtiéndolos en unos perfectos cretinos. En efecto, los jóvenes no saben distinguir la realidad de un producto cultural, por eso yo, que vivo cerca de unos multicines, cuando emiten películas de acción procuro no pasar por allí, por temor a que todos los que salgan de ver la película me confundan, debido a mis barbas, con el malo de la peli y me ensarten con una espada láser o similar.
Hace falta ser un auténtico iluminado para pensar que chavales que llevan años, muchos, consumiendo videojuegos, viendo películas, siguiendo a youtubers, descebrados muchos de ellos y, dato importante, muchos de ellos leyendo novelas de ficción, no sean capaces de distinguir una letra de una canción de la realidad. No entiendo cómo estos personajes, rectores de la moral, no han caído en la cuenta de que estos mismos jóvenes, a los que si les viene bien leer, son capaces de saber que Don Quijote es una invención de un genial manco, y que dicho personaje estaba como una regadera y, por tanto, ellos no deben embestir molinos, aunque sean de los que generan electricidad, porque les puede ir mal muy mal. En otras palabras, parece que la gente no es tan tonta y es capaz de distinguir entre un libro, una serie, una canción, un videojuego y la realidad. Pero ellos, erre que erre, sobre la conveniencia de no mostrar a la gente ciertas cosas, no siendo que en su estulticia el público siga a pies juntillas lo que dice una canción (o algo que se le parece), un culebrón o una película.
Desde mi punto de vista, tal vez la respuesta esté en los prejuicios y el elitismo de esos censores morales, que resultan incapaces de verse a sí mismo como seres ridículos, más preocupados de censurar a los demás que de de vivir.
A este respecto me viene a la memoria una anécdota personal que sirve para ilustrar lo que he escrito en el párrafo anterior, que va a servir para concluir la entrada.
Hace un par de años, mientras hacía un viaje largo, cansado de escuchar música, sintonicé la radio y en una emisora apareció largando cosas insustanciales Boris Izaguirre. Reconozco que no sabía que seguía trabajando en ese medio, tenía perdida la pista al venezolano, y me sorprendió oír su voz tras bastante tiempo. No cambié de sintonía y, tras un rato, comenzaron a hablar de los Iron Maiden (¡oh sorpresa!) y alguien dijo que Bruce Dickinson, el vocalista, era, y es, piloto de aviones comerciales. No sólo, además pilota el avión del grupo, el Ed Force One, el avión del grupo británico, que les lleva por todo el mundo en sus giras. Boris Izaguirre argumentó que no podía ser posible que alguien que cantaba heavy pudiese pilotar una aeronave. Siguiendo con una aportación de lo más suculenta: "Lo más seguro es que el cantante diese al botón del piloto automático. Reconozco que me ese comentario me indigno, aunque viniendo del showman no me duró mucho el enfando. Sus estereotipos, al igual que su moralina, delatan que es un pijo supremacista, conservador hasta la médula. Y es en este último aspecto, lo de ser conservador, en el único en el que coinciden Dickinson, que se declara torie, y él hijo de papá venezolano. Mientras que Izaguirre es niño de familia bien, muy bien, que todo lo ha tenido bastante fácil, el vocalista de los Maiden, es piloto de líneas regulares, poseyendo parte de una empresa de aviación comercial, es licenciado y doctor en Historia, ha escrito un par de libros, estuvo a punto de participar representando al Reino Unido en la especialidad de Esgrima en una olimpiada, es empresario y, como todo el mundo sabe, uno de los líderes de una de las bandas épicas de la historia del rock. ¡Ah, se me olvidaba! A diferencia del que trabaja en los medios españoles, proviene de una familia humilde. Pero, amigo, un tipo que llena estadios de fútbol cantando al miedo a la oscuridad, mientras el bajo de Steve Harris martillea a una velocidad inconcebible, no puede ser un tipo inteligente y la gente que escucha esa música tampoco puede ser mucho más allá.
Ellos ponen sus normas y, como son los que aparecen en los medios, o los que escriben lo que dicen los que aparecen en los medios, dictaminan quién merece la pena y quién no merece incluirse entre los elegidos. No sólo eso, quienes están en ese rango de no los elegidos tampoco tienen, según ellos, la capacidad de pensar por sí mismos.
Un saludo.


sábado, 11 de noviembre de 2017

INFANTILISMO VITAL

"La alegría y el dolor
no son como el agua y el aceite,
sino que coexisten"

José Saramago



Cada día que pasa tengo más la sensación de que existe una parte del personal que asimilan la vida a una serie de Netflix o a una película, bien de acción bien romántica. Héroes, finales felices tras decisiones arriesgadas, romances tórridos y perfectos... y todo aquello que el lector se pueda imaginar conformar la exigencia de vida de ciertas personas. Pero, por suerte o por desgracia, la vida la hacemos seres de carne y hueso, que vamos al baño a evacuar, que erramos, que tenemos sentimientos y que no siempre acertamos a tomar las decisiones que, a posteriori, resultan ser las correctas.
A veces, como en esta ocasión, cuando voy desarrollando la entrada van surgiendo ideas que completan lo que quiero transmitir. En este caso la idea que ha aparecido tiene que ver con la importancia de los medios de comunicación (que no de información) para conformar esta mentalidad tendente a exigir una vida perfecta (siempre la de los demás). Nos han inculcado a sangre y fuego que todo debe ser maravilloso, cuando nuestra vida es una sucesión de cuestiones rutinarias y, en ocasiones, sin sentido alguno y que los errores son cosas de chapuceros, inútiles o incompetentes, que cierran el paso a los verdaderos héroes, que sufren en silencio, como si se tratase de un anuncio de hemorroides. Por supuesto, todo ello sin movernos de nuestro sillón o, como mucho, yendo a gastar dinero para superar nuestra tristeza o nuestra "depresión".
Podemos unir a ello el concepto de la vida concebida como un espectáculo en el que no nos puede ocurrir nada malo. No sé si el lector habrá visto las imágenes de un atraco que ocurrió hace unos días,  creo recordar que fue en una población asturiana, en la que uno de los ladrones acabó suicidándose. La noticia, casi seguro que habrá quedado sepultada por la "actualidad", pero a mí hubo algo que me llamó la atención, que ilustra a la perfección lo que deseo transmitir. Veamos lo que ocurrió: una mujer que va conduciendo se da cuenta de que algo ocurre en la calle y dice: "Esto no me lo pierdo", mientras graba la escena con su teléfono móvil. La siguiente toma que emitieron fue a esa misma mujer aterrada, dentro del coche aparcado al lado del lugar donde los guardias civiles, pistola en mano, hacen frente a los atracadores. Se escucha a la intrépida reportera pedir que la dejen ir porque tiene que hacer algo. El agente la conmina a no moverse porque corre peligro. Se acababa de meter, de manera voluntaria, en medio de un atraco con rehenes, armas de fuego y negociador, como en las películas de acción. Pero, a diferencia de éstas, aquí las balas eran de verdad y hubo un muerto de verdad. Por suerte todo acabó bien para ella.
Esta escena, real, da una idea del sentido que cierta gente le da a la vida, concibiéndola como un espectáculo que se puede emitir en directo, donde nunca ocurre nada malo. Hasta que ocurre.
En el fondo, nos han vendido una especie de Show de Truman, en el que, además de espectadores, nos empeñamos, o se empeñan, en hacer de Truman. Pero, por suerto o por desgracia, no somos actores ni lo que nos rodea es un decorado o un conjunto de actores. Vivimos en un mundo donde existen los prejuicios, la maldad, el egoísmo, el dolor, la traición, la violencia, la enfermedad, la muerte... Todo ello está en la esencia del ser humano y de la sociedad conformada por todos nosotros. Sin embargo, existe un empeño absurdo en que todo sea perfecto, en que no existan los errores, en que el mal se elimine aprobando leyes (de las que luego se quejan cuando se aplican), en que todos piensen como nosotros (que somos los que estamos en lo cierto). Pero todo eso sólo dice una cosa de quien piensa así: pontificar sobre lo divino y lo humano resulta muy fácil, en especial cuando se desconoce de lo que se habla, pero implicarse en las soluciones resulta mucho más complicado, porque, entre otras cosas, requiere esfuerzo. Mover el culo del sillón y los ojos de la pantalla del móvil.
Resulta muy fácil tratar como niños a la gente. Basta para ello poner en solfa un tema, o varios, por lo general los mismos siempre, recurrir a lo visceral para plantearlo y al enemigo como cerebro del desmán por acción u omisión. Pero las cosas son más complejas, por mucho que Twitter, Whatsapp, Instagram o los periódicos digitales nos den la sensación de que nuestra opinión cuenta o puede solucionar los problemas de fondo.
Me vienen a la mente los incendios de Galicia y de Asturias, que sirvieron para que los de siempre se cebasen con los de siempre. Un incendio forestal de grandes dimensiones, más con las condiciones que se daban, resulta algo difícil de controlar, como lo demuestran los incendios recientes en Portugal o California, que además de más extensos se han cobrado un número de vidas significativo. Pero aquí los expertos en incendios de las redes sociales conocían las causas y las formas de evitarlos y/o apagarlos. Seguro que si a esos expertos se les pregunta cuál es la época de quema controlada de su comunidad autónoma o cómo proceden los encargados de desbrozar el monte nos podrán dar una lección magistral o cómo deben actuar los bomberos forestales cuando arde una construcción habitada responderán sin dudar. 
Gente dando lecciones de todo y otra gente viviendo como en el Show de Truman, porque la vida debe ser de color rosa y todo debe ser chachi. Pero lo malo está ahí, aquí, un poco más allá, por mucho que lo queramos evitar.
Los alcornoques tienen una corteza ignífuga, porque en el clima mediterráneo que tienen su hábitat los incendios forestales han existido siempre y este tipo de árboles han encontrado ese sistema para protegerse de uno de sus enemigos. Nosotros, un poco más inteligentes que los alcornoques, hemos encontrado un sistema para protegernos: desvirtuar la realidad. Pensamos que nos podemos meter en medio de un atraco con rehenes. Creemos que la traición no existe, porque somos todos muy racionales y buena gente. Consideramos que la pobreza real es algo digno de lástima a erradicar y que nosostros combatimos  con nuestros buenos deseos y nuestros tuits. Defendemos que aprobando leyes, a veces injustas y que desconocemos, se van a acabar con todos los males del mundo. Odiamos a los que hacen mal y  deseamos que se pudran en la cárcelmmientras, a la vez, menospreciamos a quienes vigilan esas cárceles donde se encuentran los malhechores odiados por nosotros. Sabemos de todo, cuando ha ocurrido, aunque hasta que sucede un hecho no teníamos conciencia de que podía ocurrir. Cuidamos el lenguaje, pero no nos preocupamos de los sentimientos, cuando no les ridiculizamos.
La muerte está ahí, puede que cuando el lector lea esta entrada programada yo ya no exista (espero seguir viviendo). Puede que cuando el lector lea esta entrada no sienta dolor, sufrimiento; puede que no esté siendo traicionado; puede no estar siendo víctima de un error o estar cometiéndolo; puede que no esté enfermo él o algún familiar o conocido; puede que no esté siendo tratado injustamente; puede incluso que sea feliz en este momento. Pero también sé que cuando he enumerado todas las situaciones anteriores el amable lector ha rebuscado, de manera inconsciente, en su memoria y ha extraído situaciones ha vivido y que se ajustan a lo que he contado.
Yo no sé como se apagan los incendios ni como se arreglan las guerras. A mí no  me gusta grabar atracos ni ver culebrones sobre la vida de otros humanos que conviven conmigo. No concibo la vida como algo perfecto ni pienso que los demás deban serlo (basta con que cierta gente no toque los cojones). Sé que la vida tiene riesgos e injusticias y, tal vez por eso, por ese pesimismo vital, me encanta vivir, equivocarme, acertar, amar, sufrir, vaguear, luchar, acariciar, discutir, soñar, despertar, desesperarme, sonreír... Porque sé que nada es perfecto, pero en la imperfección existen cuestiones maravillosas.
Un saludo.



martes, 7 de noviembre de 2017

LA PALABRA CALLADA

"Las palabras son como monedas,
que una vale por muchas
como muchas no valen por una".

Francisco de Quevedo y Villegas




Una de lo vocablos en español cuyo sonido me gusta mucho es charlatán. Suena contundente y, al ser aguda, posee un toque diferente. El significado, sería más preciso decir los significados, de la palabra charlatán seguro que son conocidos por los lectores. Como recordarán abarcan desde el tipo que habla sin sentido alguno, hasta aquél que, a través de la palabra, busca engañar, timar a los oyentes de su discurso. En todo caso, cualquiera de las acepciones se asocian al uso del lenguaje oral. Ese lenguaje oral que, para cierta gente, sirve para cambiar todo. Cambiar todo para bien, por supuesto. Prueba de ello lo constituye el refrán: Hablando se entiende la gente. Nada más lejos de la realidad.
El poder de la palabra acaba cuando nuestros interlocutores, o nosotros mismos, no estamos interesados en lo que se escucha.
Existe una teoría infantiloide que sostiene que todo se puede conseguir mediante el uso de la palabra, creando un mundo dicotómico en el que sólo existen dos posibilidades para abordar las cuestiones: el lenguaje, que todo lo puede, o la violencia. Tal vez, sólo tal vez, en el mundo de la Política de los países con democracias burguesas pueda ser así. Pactos o guerras. Pactos o intervención policial. Pactos o.. Pero, en el resto de los asuntos de la vida, no funciona ese mantra de esa corriente buenrollista e infantiloide. Es más, no resulta necesaria en muchos casos, por resultar contraproducente y encubrir otro tipo de violencia, la moral y/o intelectual.
Para empezar, las personas que postulan el diálogo como fuente de solución a los conflictos excluyen a ciertos colectivos de ese diálogo. A nadie en su sano juicio se le ocurriría intentar convencer a una panda de neonazis que salen de "caza" intentar utilizar la palabra para negociar con ellno haya sidoos cuando van a apalear de manera criminal a alguien cuyo único delito es no entrar dentro de los cánones absurdos de pureza de los agresores.
Parece demostrado que la palabra no puede solucionar todo y que no sirve para ser utilizada con todas las personas.
De igual forma pensar que, por ejemplo, educar a un niño se puede hacer en exclusiva usando la palabra resulta osado. En algunos casos deberá comprender que sus acciones llevan asociadas consecuencias no deseadas, en especial cuando han sido advertidos en repetidas ocasiones sobre ello, siendo la palabra insuficiente para evitar conductas indeseadas que, en determinados casos, pueden llevar aparejadas algún tipo de violencia.
El lector podrá pensar que expongo casos extremos, que nada tiene que ver la validez del diálogo para solventar cuestiones conflictivas. ¿Seguro?
Lo prioritario para que la palabra sirva para algo más que para perder el tiempo es que los dos interlocutores tengan voluntad de llegar a un entendimiento. Desde el momento en que una de las partes no posea esa intención, malo. Cuando hablo de voluntad de entendimiento descarto la imposición la mayoría, o de todo, el argumentario por parte de uno de los interesados. Alguien puede pensar que exagero. Nada más lejos de la realidad. ¿Cuántas discusiones han comenzado por intentar imponer puntos de vista, ideas o apreciaciones sobre asuntos en cenas familiares? Por poner un ejemplo. Por tanto, la voluntad de entendimiento resulta crucial e indispensable, lo que nos lleva a pensar que, en realidad, lo importante no es la capacidad de diálogo, sino la predisposición previa de ambas partes.
De igual manera un par de aspectos, por lo general olvidados, resultas esenciales:
La forma de abordar ese intercambio oral. Lo que podríamos denominar la forma de envolver el contenido.
Hasta donde puede llegar nuestro interlocutor en su capacidad de amoldar su posición a nuestros intereses. A veces es mejor obtener un poco, que generar una confrontación de difícil solución.
No me gustaría concluir esta entrada sin hacer un par de apreciaciones, que fueron las que motivaron que la escribiese.
Existen temas, relacionados casi siempre con convicciones personales, con teorías implícitas, sobre las que se puede hablar, sin más. Resulta absurdo contraponer ideas sobre aspectos políticos o religiosos, cuando se trata de temas centrales de las creencias del individuo. ¿Quién soy yo para cuestionar esas creencias? O, ¿quién eres tú para criticar mis creencias más arraigadas? Las palabras sólo pueden generar violencia (aunque no sea física) en estos casos.
El uso del lenguaje para convencer puede generar, como todos sabemos, conflictos entre personas próximas. Esos conflictos pueden resolverse o no. Pero si se resuelven no lo hacen por el uso de la palabra, sino por la voluntad previa de esas personas de valorar su relación de familia o de amistad. Las palabras son sólo un vehículo. El verdadero motor del entendimiento o del enfrentamiento es la voluntad de cada cual a la hora de abordar un conflicto. El lenguaje oral sólo resulta efectivo cuando existe una predisposición a encontrar soluciones.
En mi profesión hay cierta tendencia, no por parte de todos los profesionales, a decir a los padres que no saben abordar los problemas con sus hijos que lo hacen mal. A mí me hace mucha gracia, porque ellos ya lo saben, aunque no lo reconozcan en ocasiones, y el "profesional" de turno lo único que hace es recalcar ese problema. Lo divertido del asunto es que ese profesional, pasados unos meses, tras no haber aportado ninguna solución real, se lamenta porque ese padre/madre no ha cambiado con el tiempo, a pesar de que el profesional de turno ha insistido mucho en lo mal que realiza su labor como progenitor. Parece que las palabras no resultan la solución de todo. Al menos las palabras lanzadas al aire sin otra finalidad que la de no escuchar.
Las palabras se hicieron para comunicarse, para comprender y ser comprendidos. Cuando alguien quiere comunicarse, comprender y ser comprendido y tiene frente a él a otra persona que desea lo mismo podrá cambiar algo con la palabra. Mientras esto no ocurra, las palabras son cansancio.
Un saludo.

domingo, 5 de noviembre de 2017

CUENSOS (CUENTOS DE VIDA CASI EN VERSO)

MIRANDO EL HORIZONTE 
ENCONTRÉ ESE PEQUEÑO DETALLE INNECESARIO E
INDISPENSABLE PARA EVACUAR AUSENCIAS.
SIN ESPEJOS DONDE MIRARSE
Y VERSE COMO EXTRAÑOS 
AFERRADOS A UNA CAMA SIN FUTURO.
MATAR PALABRAS GERMINALES
SE CONVIERTE EN HERRAMIENTA IMPRESCINDIBLE
PARA LA CONVIVENCIA
DE SILENCIOS ENLOQUECEDORES Y
RECONFORTANTES.
ESTE SEGUNDO, ¿SE NECESITA ALGO MÁS?





EL PROBLEMA 
                       APARECE 
                                   CUANDO
 SE OLVIDÓ AMAR



EL SABOR DE LA DERROTA,
SENSACIÓN DE TIERRA ESPERANDO Y PASADO,
TRASPASA LOS LÍMITES DE LA BOCA,
LLORANDO PLANES PERDIDOS
Y BRAZOS NUEVOS. 
SURGEN PREGUNTAS INSERVIBLES, INVIVIBLES
SOBRE TREGUAS CONTINUAS, 
BATALLAS SIN HERIDAS
Y OJOS SONRIENTES.
EL TIEMPO DE LA POESÍA
TAL VEZ AÚN NO LLEGÓ
O, TAL VEZ, NUNCA EXISTIÓ
Y SÓLO ERA ESO:
PALABRAS DESORDENADAS,
INTENTANDO BURLAR LA REALIDAD.




HE VISTO EL ODIO
hacia el indefenso
vestido de COMPASIÓN.
Deseo vuestra crucifixión
para convertiros
cuando los gusanos devoren vuestra lengua,
en SANTOS.


Hurgando rostros en la memoria.
Recreando cuerpos desnudos, poseídos o intuidos,
FUNAMBULISMO ESTERIL,
EL DESPERTADOR SIGUE TALADRANDO
LA DESIDIA.
Escarbando entre besos y brazos
en un esfuerzo diacrónico,
se encuentra UN TERRENO EN BARBECHO,
ABANDONADO.
Aventando nombres, muros ajenos y propios
FRASES, MENTIRAS Y SUEÑOS
EN ESE VIENTO SE DESTEJE EL TIEMPO
ENTRE PALABRAS VACÍAS, IMPRECISAS
EMITIDAS POR RECUERDOS DIFUSOS
RECREADOS,
TRANSFORMADOS, 
MANIPULADOS
EXTRAÍDOS DEL ATAUD DE LO INEXISTENTE.




TÚ Y YO NO SOMOS VERDAD.
YO Y TÚ SE APROXIMA MUCHO MÁS.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

FLORES SECAS

Allí, fijando su mirada perdida en el guitarra solista de ese grupo de rock, no acertaba a ver como los dedos del músico viajaban por el mástil de su instrumento de manera celérica. Tampoco escuchaba nada. Sólo pensaba en un cuerpo desnudo, que un rato antes había estado junto a él y que en ese instante sólo estaba en su recuerdo insistente.
Hasta aquel día las miradas, las caricias y el sexo habían dicho mucho más que sus palabras, pero ambos sabían, desde hacía tiempo, que estaban atrapados en el mismo abismo, que les empujaba a derribar el miedo al fracaso y a los condicionantes de vidas anteriores, que todavía existían.
Comprendió en ese momento que todo lo que no se decia durante horas supuraba, de manera deslabazada, mientras se entregaban al otro cuerpo o justo después, en la desnudez del silencio y los abrazos. Escuchaba, en la lejanía de las horas, como ella le pedía, le demandaba, mientras se dejaba perder en sus brazos.
Volvió al sonido que arrancaba el melenudo guitarrista a las seis cuerdas que rasgueaba de manera incansable y experta. Le hubiese gustado que ella estuviese allí, aunque sabía que ese tipo de música no podía incluirse entre sus favoritas. No le importaba tanto por compartir ese concierto, como saciar su deseo de estar junto a ella. Se acordó en ese instante de su mirada esmeralda y sintió la necesidad de contemplarla de aquella manera que a ella la desarmaba, de abajo a arriba.
- ¿No te gusta el concierto? - preguntó un amigo de él.
- Sí, sí. Mucho. Estaba pensando en mis cosas- respondió-. Suenan de puta madre.
- Te veía tan serio.
- Cosas mías. Pero vamos, que el guitarra solista es un máquina y el bataca un metrónomo.
- Ok, tío- zanjó la conversación el curioso amigo.
Al final, él se dejó llevar por una magnífica versión de Whole Lotta Love de Led Zeppelin y no se volvió a acordar de ella hasta el día siguiente.



Allí estaban los dos, desnudos. Ella se dejaba abrazar, dándole a él la espalda. Necesitaba, desde hacía mucho tiempo, sentirse abandonada entre los brazos de alguien que tuviese la paciencia y la necesidad de envolverla de ternura. En ese instante tuvo la necesidad de romper el silencio que los dos habían aprendido a construir en aquellas situaciones. No le iba decir lo que sentía; al menos no iba a utilizar las palabras querer o amar, pero, a su manera,  necesitaba expresar los sentimientos que había despertado en ella.
- Tenía ganas de verte - comentó ella.
- Yo también - aseguró él.
De nuevo el silencio. De nuevo los brazos rodeándola. De nuevo su espalda rozando el pecho de él. De nuevo el tiempo detenido bajo el edredón.
Sintió una caricia en su frente y tuvo la necesidad de acariciarle ella también con dos palabras: te amo, pero, una vez más, pudo detener ese impulso a tiempo.
La caricia se desplazó a sus labios, mientras los otros labios, los de él, dibujaban un te quiero inesperado, que la hicieron cerrar los ojos, respirar aún más lento y sonreír a borbotones por dentro, como, casi siempre, en secreto. Siempre en secreto. Como el amor que sentía por él y que jamás le declararía, aunque eso supusiese perderlo.



Allí estaba él, disfrutando de un día luminoso, que tal vez no lo era, pero a él se lo parecía., escuchando la poesía musicada de Carlos Chaouen. Se sentía reconfortado, feliz. Había alcanzado aquello que no buscaba y que necesitaba.
Una nube fugaz se empeñó en apagar el fulgor del momento. Por algún extraño mecanismo mental vino a su recuerdo una canción que escuchaba con mucha frecuencia hace unos años: Alone i break, y se trasladó a aquella época en la que le apetecía comerse el mundo, en la que la sensación de derrota se tejía en torno a una mirada cetrina.
Ahora, desde la distancia que da el tiempo y la sensación de que ciertas sonrisas ajenas se crean un poco para él, contempla aquello como una vivencia más. Ni mejor ni peor que otras, aunque siente una punzada honda, desgarradora cuando la derrota, el sentimiento de derrota hace acto de presencia en su recuerdo.
Vuelve a centrarse en la voz rasgada del gaditano y escucha:

"Tiembla la vida como con miedo. Hay veces que tiembla
y nada tiene que ver con el aire que mueve tu ropa
en noches de luna escueta, que aprieta, suelta y evoca. 
Y me enloquece. Y tiembla por los latidos que tú provocas...".

Y sabe que todo aquello quedó lejos. Y sabe que encontró, hace tiempo, su propio viento y su propio satélite y su única estrella.

sábado, 28 de octubre de 2017

"CON LA TIJERA DE LA INTRANSIGENCIA"

"Quieren cortarnos la lengua
con la tijera de la intransigencia,
con la tijera de la necedad,
con la de la autoridad.
Quieren callar nuestra voz..."

Piedra contra tijera. Soziedad Alkoholika
 

Uno recuerda cuando Gustavo Bueno defendía, con mucho tino, que, tras exponer cada cual sus ideas, no era obligatorio convencer al interlocutor de su error. Cada cual puede tener sus criterios sobre un asunto determinado. Lo importante reside en tener la capacidad de exponer las diferentes perspectivas.
Tal vez, sólo tal vez, esta visión resuma a la perfección en que consiste la convivencia: cada cual puede pensar lo que le dé la gana y nadie debe imponer sus ideas al vecino. Sin embargo, existe una tendencia actual que consiste en imponer unos prejuicios, que llaman ideas, fundamento esta imposición en una especie de supremacía moral. 
En realidad, esta concepción no tiene nada de moderna. Lo que ha variado es la sustitución del linchamiento físico y real, por un linchamiento a través de redes sociales, medios de comunicación y de seres que viven de subvenciones, proclamando la buena nueva.
A diferencia de lo que defendía el profesor marxista, la buena nueva se caracteriza por dos aspectos:
  • No se molesta en escuchar los argumentos del otro.
  • Es de obligado cumplimiento para todo el mundo.
El lector se podrá preguntar: ¿por qué no necesita escuchar y, sobre todo, por qué se basa en la premisa de la obligatoriedad? Muy sencillo. Porque, ante todo, el mensaje se fundamenta en la superioridad moral del emisor. No se trata de aportar argumentos e intercambiar ideas, aunque no se llegue a un acuerdo. La esencia del asunto se basa en aceptar todo el corpus doctrinal porque, de no hacerlo, se entra a formar parte de una categoría despreciable. Una categoría despreciable donde se ubican los incultos, los salvajes, los excluidos de una sociedad de bien y perfecta. Dicho de otra manera: la gente que no acepta, sin rechistar, las imposiciones ideológicas de otros no lo hacen porque han llegado a esa conclusión gracias a unos argumentos sólidos, sino por todo lo contrario, por tratarse de un ser intelectual y moralmente inferior. Parece obvio que con este punto de partido, en el que no se habla de ideas ni argumentos, uno de los interlocutores se sitúa por encima del otro, aunque sólo sea de manera nominal. Esta "diferencia de altura" es la base de una autoproclamada superioridad moral, que desvirtúa no sólo los argumentos del contrario, sino al propio contrario en sí, despojándole, en determinadas ocasiones de su cualidad humana. Baste recordar en nuestro país lo que suponía hace unas décadas que a alguien le llamasen rojos o, en la actualidad, decir que una parte del feminismo actual es una burda manifestación de fundamentalismo, cuando no de papanatismo interesado.
En la esencia de esta supuesta superioridad moral también existe un componente de autoridad y de castigo. Quienes la ejercen no sólo quieren que todo el mundo piense como ellos, además anhelan castigar, aunque ya no sea físicamente, a quienes osan contradecir sus creencias absolutas. Basta ver las redes sociales o leer y escuchar a muchos periodistas doctrinarios para darse cuenta de que además de la imposición de sus ideas (en realidad no son suyas, pero subirse al carro queda muy bien) buscan machacar al rival. Eso sí, todo revestido en una falsa demagogía, basada en buscar el bien común. Un bien común difuso, que nunca se alcanzará, porque siempre quedan enemigos que perseguir y a los que derribar (a ser posibles desde el sillón de casa y parapetados tras un móvil).
Uno, que ya es viejuno, piensa que aquellos que persiguen ideas constituyen parte de ese ejército de intransigencia que han pretendido anclar la humanidad a certezas absurdas, que sólo beneficiaban a unos pocos. Cuando los argumentos del otro no sólo no se pueden rebatir, sino que, además, debes asumirlos a riesgo de ser tal o cual cosa denigrante, huyo por sistema. No me interesa el mesianismo, ni el autoritarismo y menos aún si va recubierto de buen rollo. Mi bondad o maldad moral sólo la deben juzgar aquellas personas de mi entorno a las que les va algo en ello y deben hacerlo por mis acciones, no por mis ideas.
Por cierto, para todos aquellos que me juzguen por esta u otra entrada: soy imperfecto, y lo seré siempre, aunque intento mejorar, pero tengo claro que mi imperfección forma parte de mí, lo que me convierte en ser humano, no en una careta donde se esconde el miedo a la diferencia y las ganas de ser superior y hacerlo notar.
Un saludo.

martes, 24 de octubre de 2017

DIARIO DE UN MAESTRO GRUÑÓN (24-X-2017)

A veces, querido diario, un mismo objetivo conseguido puede dejar un sabor de boca bien diferente. Tal vez, todo se deba a que, de vez en cuando, me sigo preguntando cosas y cuestionándome ciertos aspectos de la vida de mis alumnos. Te cuento lo que ocurrido y luego, si te apetece, opinas.
La semana pasada aprendieron conmigo dos niños a sumar. En realidad no han aprendido conmigo, lo que hemos trabajado es el algoritmo de la suma y diferentes recursos para abordar con éxito la tarea.
El primer crío aún no ha cumplido los seis años y presenta necesidades educativas especiales. Lo que he trabajado con él es comenzar a representar el algoritmo de la suma y resolverla, utilizando "bolitas" sólo para el sumando inferior. 
El segundo caso se trata de una alumna, nueva en el centro, de procedencia norteafricana, con diez años, que lleva, más o menos, un año en España. Además de trabajar cuestiones como el idioma vehicular, refuerzo aspectos relacionados con las Matemáticas. Como era de esperar, ha costado poco que comprenda el valor posicional e, incluso, sin haber profundizado en el sistema decimal, comprenda que se lleva una y debe añadirla en la unidad siguiente...
Reconozco que en ambos casos me sentí bien. Vivimos de esto y los logros de nuestros alumnos son nuestros logros. Sin embargo, mentiría si dijese que el segundo caso sólo me produjo alegría. Pensando, que de vez en cuando lo hago, querido diario, un rato después no pude evitar sentir una sensación de desolación al llegar a la conclusión de que una niña de ocho años, que es la edad de la alumna cuando llegó a España, no tenía adquiridos conocimientos tan básicos como la suma. No pude evitar sentir que esa historia de la integración y el respeto a las demás culturas queda muy chachi, pero que ahí abajo, doce kilómetros más abajo de este país, hay niñas que con ocho años no saben sumar, y no es debido a tener necesidades educativas especiales. No puedo evitar pensar que antes de enseñar el respeto hacia otras culturas deberíamos inculcar a nuestros alumnos el respeto a los derechos de las personas, entre ellos, el derecho a la educación. 
Es muy posible que lo mejor que le puede haber pasado a esa niña es que sus padres tuviesen que huir de las condiciones económicas y sociales de su país, con el consiguiente desarraigo y la zozobra de iniciar algo nuevo en otro lugar con una cultura diferente. Suena duro, pero, analizado con frialdad, puede que sólo se trate de la realidad de las cosas.
Vivimos en un medio, el mundo de la Educación, donde mucha gente mea colonia y cree andar por encima de las aguas. Hace unos días hablaba con una compañera sobre el papel del diagnóstico en Educación, campo delimitado a una serie de profesionales por ley. Ambos coincidíamos en la importancia de un diagnóstico, siempre centrado en las necesidades educativas (no en los déficits). De igual manera compartíamos opinión sobren lo cruel que resulta etiquetar a niños y mucho más si estas etiquetas eran eternas y desajustadas, fruto de la falta de perspectiva de los profesionales correspondientes.
En esta historia de la Educación todos cometemos errores, no somos más que personas haciendo una labor, pero existen errores pequeños, puntuales y existen errores mayúsculos y continuos, que pueden marcar la vida de un ser humano, que en el momento de recibir la etiqueta no tiene defensa alguna.
La altivez y/o la estulticia, en comunión con la falta de una mínima empatía (ponerse en el lugar del otro, que, en este caso, es el eslabón más débil) da lugar a aberraciones, contra las que nadie va a alzar la voz.
Por suerte, en el sistema educativo existen bastantes profesionales capacitados para realizar su trabajo, pero esa minoría falta de profesionalidad y humanidad hacen bastante poco por aquellos a los que dicen ayudar. 
Escucho y leo en los medios, en especial durante estos últimos días, hablar sobre la manipulación que sufren los alumnos en el sistema educativo, en especial en el catalán. No lo sé, no tengo datos e, imagino, que habrá gente que suelte rollos sobre buenos y malos y otra gente, la mayoría, que se limite a realizar su trabajo, sin mostrar sus preferencias políticas. Hay de todo, "como en Botica". 
A mí, querido diario, lo que me preocupa es saber qué es y qué no es manipulación. Por ejemplo, a mi me parece manipulación que se orille las carreras de Letras y se prioricen las de Ciencias y, en especial, las que tienen una aplicación práctica. Propiciar crear trabajadores y consumidores, minusvalorando a quienes piensan y a quienes pueden cuestionarse el tipo de mundo en que vivimos, me parece una manipulación del sistema neoliberal en boga. Sé que para mucha gente lo que digo resulta un absurdo, pero yo pienso eso.
Tal vez alcanzásemos un consenso sobre lo que puede ser manipular en el aula, o lo que no puede ser manipular, siguiendo un par de criterios básicos.
  • Sobre lo único que debemos insistir como innegociable es sobre lo recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.
  • Todo aquello que sea una opinión política debería ser precedido de una frase similar a: "Ésto que voy a decir es mi opinión sobre la cuestión... Pero vosotros podéis tener otra". 
Hoy, querido diario, no tengo mucho más que decir sobre este asunto ni sobre ningún otro. Por ello prefiero dejarlo aquí y no marear la perdiz con cuestiones intrascendentes, que no aportan nada, aunque contribuyan a engrosar el número de tus páginas.
Hasta la próxima.

sábado, 21 de octubre de 2017

NUESTRAS CONTRADICCIONES

"Mi espejo, más profundo que el orbe.
Donde todos los cisnes se ahogaron..."

El espejo de agua. Vicente Huidobro

Hace no mucho tiempo escuchaba a alguien, se supone que con estudios, hacer una aseveración que me dejó perplejo: "Me ha reconocido que juega a juegos de rol". Aunque el lector no pueda saberlo, la persona que dijo esto lo asociaba a algo malo, casi satánico. 
Antes de seguir me gustaría aclarar que siempre he pensado que aquellos que se pasan la vida frente a un tablero, con dados de infinidad de caras y cartas que contienen instrucciones me parecen un poco frikis, lo que no es ni malo ni bueno. Se trata de un juego sin más. Aunque reconozco que donde esté un buen mus  con sus faroles, sus señas y sus órdagos que se quiten elfos, orcos y demás personajes de Tele 5.
Dicho lo anterior, me gustaría completar la escena del primer párrafo, añadiendo que la persona que atribuía a los jugadores de rol una maldad inherente se caracteriza por su fervor religioso. 
Existe la posiblidad de que el lector ya haya anticipado lo que pasó por mi sesera cuando escuché la frase que nos ocupa de labios de aquella persona: "¡Con dos cojones! Tú le pides a un trozo de escayola o de madera, con forma humana, que cambie las cosas de tu vida y criticas a alguien por llenar su tiempo de ocio con un juego, en el que la realidad y la ficción están bien diferenciados". No lo pensé de manera exacta con esas palabras (no debeŕía haber puesto comillas), pero el mensaje que pasó por mi cabeza en esos momentos era el mismo.
Al día siguiente, o al siguiente, el asunto volvió a mi mente y, dando vueltas al tema, volví a pensar en un tema recurrente en mí: la gran cantidad de contradicciones que existen en nuestra vida. Contradicciones con las que convivimos a diario y que, en ocasiones, son necesarias para desempeñar nuestros diferentes roles sociales.
Voy a poner un ejemplo que, casi seguro, a todos los que somos, y ejercemos, de padre o de madre nos ha ocurrido.
Yo ya no fumo, pero si lo hiciese le recomendaría a mi hijo que no fumase jamás. Como padre es mi obligación cuidar por la salud de mi hijo, evitando que adquiera hábitos nocivos. Sin embargo, como adulto me saltaría a la torera lo que considero bueno para mi hijo. Una pequeña paradoja que no alteraría de manera sustancial mi vida, pero que está ahí.
Los dos ejemplos de contradicción que han aparecido en esta entrada se diferencian en algo sustancial. El segundo se basa en desear ayudar a otra persona, aunque el que ayuda se esté fastidiando por no hacer lo que predica. Somos humanos y tenemos estas cosas. Sin embargo, el primero parte del desprecio hacia el otro y de no darse cuenta de que aquello que se cree no resulta mucho más razonable que lo que se critica en el otro.
En el hecho que expuse al principio de la entrada no me cabe duda de que, además de una sensación de supremacía moral, existía una profunda ignorancia, y no precisamente por no saber en que consiste un juego de rol. Ignorancia por medir todo con un rasero, por lo general, obtuso y basado en el odio hacia lo diferente. Ignorancia fundamentada en la descalificación total de aquello que no nos resulta atractivo o comprensible. Ignorancia basada en la necesidad de cercenar todo aquello que pueda suponer novedad o alternativa.
Por desgracia, en estos días extraños que nos tocan vivir lo que  predomina es la alternativa de la contradicción basada en la ignorancia, en la descalificación general de aquello que no cumple con nuestra expectativas. No pretendo que se acepte todo como bueno. Ni que se deje convencer uno por los argumentos del otro (creo que no es necesario convencer a nadie). Se trata de dar argumentos a favor de lo nuestro, no de descalificar al otro. Construir y, por supuesto, de pensar que lo que nosotros criticamos puede ser muy parecido a cuestiones que nosotros tenemos asumidas como correctas.
Nuestras contradicciones, que todos tenemos, son un reflejo de lo quiénes somos y de como vivimos en este mundo.
Un saludo.

miércoles, 18 de octubre de 2017

IDIOTARIO (XC)

Anciano: persona que toma infinidad de pastillas en cada una de las comidas principales del día.


Boda de la hija de Aznar: ver Soto del Real.


Genital: partícula de material genético que hace lo que se sale de los cojones.

Humor absurdo: discurso político.


Libertad de expresión: según la nueva, y reciente, acepción es todo aquel enunciado que gusta a quien tienes frente a ti o al otro lado de la pantalla del móvil o del ordenador. Lo que no se comparte o no gusta se denomina, de forma automática, fascismo.


Negacionismo: estadío humano que se produce cuando el individuo contesta no a la gran mayoría, o a todos los requerimientos de sus progenitores. Suele coincidir con el período en que el ser humano tiene granos en la cara, anda desgarbado, le cambia la voz y se siente incomprendido por los adultos.



Políticamente correcto:
dimisión de una persona que ejerce un cargo político tras un error. 



Recreación: Acto realizado por una deidad que consiste en volver a crear el mundo, tras comprobar que les salió bastante defectuoso la vez anterior.


Trompas de falopio: tubos delgados que parten del útero y llegan hasta el ovario, cuya función es transportar los ovocitos. Dichas trompas tienen la extraña habilidad de convertirse en trompa de Eustaquio, cuando un hombre demanda a una mujer practicar sexo y ésta responde haciéndose la orejas. 

domingo, 15 de octubre de 2017

DISECCIÓN DE LO ABSURDO

Me había prometido no volver a escribir nada sobre el asunto catalán, pero lo que visto y oído me ha hecho pensar, en la  medida de mis escasas posibilidades, y he sentido la necesidad de plasmar mis inquietudes en una entrada. ¡Lo siento! Sin embargo, no me interesan buena parte de los temas tratados por los medios o, al menos, su forma de tratarlos. De hecho, es por aquí por donde voy a empezar, por los medios. Para ello voy a contar lo alguien me decía hace pocos días.
En una conversación con una persona que había pasado un par de meses fuera de España me contaba que su propia familia y amistades pensaban que en este país nuestro había una especie de guerra civil, con cargas policiales constantes, manifestaciones a diario y neonazis apaleando a gente sin freno alguno. Esa visión del asunto la habían obtenido de la prensa del país que transmitía, intuyo que una y otra vez, esa imagen de la cuestión catalana.
Visto lo visto uno se pregunta si la información que  nos transmiten los medios sobre otros países tiene la misma credibilidad que la imagen que se ofrece de lo que acontece durante estos días en nuestro país. Con Venezuela seguro que sí. Con el resto de países lo desconozco.
Por otra lado, siguiendo con la prensa, me hace gracia la búsqueda, por parte del personal, de "informaciones" en medios de comunicación extranjeros, que confirmen que la idea de cada cual es la correcta. Esta búsqueda de amparo a las ideas de cada uno ha llegado al esperpento cuando gente que se posicionaba en la izquierda política han utilizado, una y otra vez, imágenes y opiniones de un tabloide británico de derechas, el Daily Mirror, para justificar sus ideas. Uno puede utilizar lo que desee, está en su derecho, pero utilizar las opiniones de un medio que se ha posicionado contra los refugiados y ha llegado a deslizar en sus páginas que existe una especie de gen de la homosexualidad, que conlleva ciertas "características" no muy buenas, no parece lo más adecuado para gente que dice luchar por la libertad.
La Historia próxima se reescribe en función de los intereses de uno y otro. Escuchaba a Iñaki Gabilondo situar en el principio de todo este embolado en la decisión del Tribunal Constitucional de declarar inconstitucional parte del Estatut. Podíamos retomar la cuestión y ver que el Estatut fue un pago de ZP a Maragall por su apoyo, decisivo, para ser elegido Secretario General del PSOE, pero eso resulta sabido, y a Gabilondo no le interesa hablar de sus colegas. Sin embargo, hay un dato, objetivo, que desmiente la tesis de ese hombre, que dice ser periodista: tras ser tumbado el Estatut, la sentencia se hizo pública en junio de 2010, CiU y PP se entendieron para aprobar los presupuestos de Cataluña de 2011 y 2012. Vamos, que en esos momentos pareció no importar mucho el Estatut y la estatuta. Por otra parte, CiU tampoco dudó en apoyar la reforma laboral, la amnistía fiscal o la subida de impuestos propuesta por el PP cuando llegó al poder, tras ser tumbado parte del Estatut.
Es lo que tiene culpar de esto a los que no te caen bien e intentar quedar bien con el resto del mundo, dices muchas bobadas o mientes como un bellaco. Pero tampoco vamos a esperar nada de quien lamía el suelo que pisaba el Borbón y luego se escandalizaba cuando salían noticias sobre él, que ocultaba a sabiendas.
Hablando de palabras grandilocuentes y delirantes, escuchar a Anna Gabriel proclamándose "independentista sin fronteras" resulta, además de hilarante, indignante. Vamos a ver, una persona que se quiere separar de algo y poner límites, fronteras, no puede decir que huye de ello. El problema reside en que cierta gente no puede reconocer su xenofobia y su clasismo, porque van de legales y guais; pero, les guste o no, sus teorías son xenófobas, clasistas e incitan al odio. Por eso, cuando intentan justificar sus acciones los argumentos que esgrimen resultan absurdos y antitéticos. No puede haber nada más derechista que la creación de fronteras. Tal vez por eso el himno de comunistas y socialistas se llame La Internacional y no Las nuevas fronteras.
Crear fronteras resulta un proceso traumático y excluyente, por mucho que se apele al diálogo. La manida palabra diálogo no es más que otro truco de trileros patriotas y de incosecuentes del buen rollo. Parece que una buena parte del personal se olvida de que los independentistas no llegan ni a la mitad de los catalanes y que los salvapatrias, en vez de intentar convencer al resto de catalanes de la bondad de su propuesta, imponen negociar con el resto de españoles. Lo normal es que primero dialogasen con el resto de catalanes, el Parlament del que se han burlado sería un buen lugar para empezar, y luego, si sacan algo claro, lo intenten con el resto de españoles. Pero aquí, amaparados por pagafantas y oportunistas, se da por hecho que la opinión de una minoría es la de todos, lo que deja un tufo a fascismo sospechoso (como toda patria).
El movimiento patriótico se ha topado con el hecho de que la gran burguesía catalana no duda en seguir explotando al ciudadano catalán, pero quiere poner su dinero a buen recaudo, mientras que la pequeña burguesía no duda en apoyar el paso adelante de los políticos que, con sus recortes, condujeron a muchos ciudadanos a la pobreza. Los líderes de la movida catalana han sufrido un revés y se han acongojado ante tal movimiento, porque el traslado de las sedes trastoca sus planes. Esto demuestra que no había un plan para cambiar las condiciones de vida de los ciudadanos catalanes, todo iba a seguir igual, el marco legal, económico y labora iba a seguir siendo el mismo. Sólo iba a variar quién iba a cenar en secreto con el preboste económico de turno. Ni tan siquiera creo que iba a existir diferencia sobre el destino de ciertos fondos poco claros que alimentan la maquinaria de partidos y amigos.
En muchos medios han aparecido imágenes de neonazis apaleando a una mujer y esto ha servido para hablar de un repunte del fascismo en nuestro país. No tengo los datos para poder hablar de un mayor número de afiliados a partidos neonazis. Lo que si tengo es la constancia de que siempre han existido, basta leer el libro Diario de un Skin o pensar en grupos como Ultra Sur, Frente Atlético. las Brigadas Blanquiazues, del Español de Barcelona, o los ultra de extrema derecha del Sabadell, que fueron los que el 12 de octubre se pegaron con otros ultras de extrema derecha, antiguos miembros de Ultra Sur, desurozando la terraza de un bar, como se pudo ver en televisión.
Los neonazis no han aparecido de repente, como se ha dicho otras veces en este blog, y no son algo que no existan en Cataluña, como nos quieren vender. Llevan actuando mucho tiempo, ejerciendo la violencia, que es lo único que saben hacer. Como muestra:

http://www.sport.es/es/noticias/espanyol/detienen-cinco-ultras-del-espanyol-por-dar-una-paliza-otro-seguidor-blanquiazul-5466416

Si alguien busca RCDE en Google aparecerán unos tipos con poco pelo, banderas de España...
Como he dicho en otras ocasiones, el mayor problema es que Hogar Social, que ha aglutinado a parte de la extrema derecha de España, está llevando a cabo acciones de tipo social para captar clientela, como hacen otros partido de ultraderecha europeos o Al Qaeda. Se  trata de buscar fidelidades permanentes, creciendo poco a poco. Buscando pescar en los efectos del neoliberalismo seguidores. Pero los catalanes nacionalistas y los progres no pueden o no quieren ver eso. Mejor hablar de fuerzas violentas que se alzan en exclusiva contra ellos y su objetivo puro y no violento. Una distorsión de la realidad para convencer a personas con poca información y poca, o nula, capacidad crítica.
Las imágenes: nazis apaleando personas (es lo único que saben hacer), una anciana sangrando... y su poder. La necesidad de imágenes icónicas, que refrenden que la causa propia es la buena, emitidas una y otra vez, acaban haciendo creer al personal que un instante aislado, un incidente que dura dos minutos es la totalidad. No, no lo es, pero el impacto hace que la gente construya una realidad en función de esa imagen, de ese incidente repetido mil veces. De nuevo los medios, en este caso al servicio de los políticos y su causa.
Hablando de imágenes, la del tipo del tractor resulta un claro ejemplo de lo que ocurre en Cataluña. El universo independentista y sus seguidores celebran la imagen como ejemplo de que todo el mundo camina hacia el mismo sitio en Cataluña, lo cual, como se ha dicho, es mentira. Esta imagen, si se hubiese producido en Extremadura o Castilla y León, hubiese provocado en los mismos que la elogian en su terruño bien distinta. Hubiesen hablado de paleto, analfabeto y cosas similares. Sin embargo, como es catalán se habla de patriota y bobas similares. En el fondo, una buena parte del nacionalismo catalán se basa en ese clasismo y ese paletismo que defiende que en Cataluña todo es genial y en el resto de España está instalada la barbarie y la desididia laboral. Sin embargo, allí, como en todos los sitios, existen muchas cosas mejorables. Se acuerda el lector del cacareado Oasis catalán, ejemplo de funcionamiento político fantástico, pues resultó ser un nido de ladrones, que robaban dinero a manos llenas de los ciudadanos catalanes.
Por cierto, el tipo del tractor parecía desconocer que Cataluña recibe mucho dinero de la UE a través de la PAC y otros programas. Dinero que con la independencia dejaría de recibir. Siempre  podrá sembrar esteladas.
Por último, una reflexión. Marx y Engels buscaban los trabajadores se hiciesen con los medios de producción; los teóricos anarquistas buscaban destruir el estado y, sin embargo, gente que se dice de izquierdas y anarquistas han apoyado, y apoyan, el nacimiento de un nuevo estado burgués. Algo no cuadra en este rompecabezas.


miércoles, 11 de octubre de 2017

LA VIDA Y LA MUERTE (MONÓLOGO)

A mí vivir me parece una buena costumbre. Otra gente, bastante más aburrida, optar por morirse para siempre, lo cual tiene sus ventajas: no aguantas a la suegra, ni al cuñado en Navidad, te la refanfinfla lo que pase en Cataluña y nadie va a vivir de okupa en el lugar donde resides. Sin embargo, como todo en la vida, y en la muerte, existen ciertas desventajas: no te puedes dormir la siesta viendo el Tour por la tele, nunca te sale a devolver la declaración de Hacienda y no puedes leer el libro de Chenoa. 
Tal vez para no sufrir esas desventajas existen religiones que, de una u otra forma, burlan a la muerte. Nosotros estamos influenciados por una de ellas: el Cristianismo. Para los que hayan olvidado los aspectos fundamentales del cristianismo, les diré que un tipo, hijo de Dios, de una paloma y de una Virgen (de todos menos de su padre) vino a este mundo para dar su vida por nosotros, acabando sus días en un cruz. Pero, como toda buena historia que se precie, el finado resucitó a los tres días, para susto y regocijo del personal. Sin embargo, pensando sobre el asunto uno piensa que algo no debió salir muy bien, porque resucitó, se apareció a los colegas un ratito y no se volvió a saber de él. Yo sostengo la teoría de que al ser Mesías novato no hizo bien su trabajo, porque mucha gente dice que es guay, pero pasan de seguir lo que dijo como de comerse un abedul, y el colega dijo: ¡Qué os den! Me piro con el viejo que tengo casa, papeo y Netflix gratis. Y desde entonces lleva sellando el paro cada tres meses, con la esperanza de que no sigan sin llamarle para trabajar de Mesías. 
Existen otras religiones que intentan que los finados no sufran los inconvenientes de estar muertos. A mí la que más me llama la atención es el budismo. En esencia viene a decir que todo depende del Karma, que viene a ser algo así como las consecuencias de lo que haces de manera consciente. Imaginemos que en tu vida te niegas a leer el libro de Chenoa, porque intelectualmente te atrae más la figura de David Bisbal. Obviamente eso tiene una serie de consecuencias: ahorrarte una pasta en el libro, ahorrarte un tiempo precioso y no preguntarte por qué se hace fotografías en la cama a la una de la madrugada totalmente maquillada. Pero, claro, todo tiene una serie de consecuencias y en otra vida te puedes reencarnar en el representante de Chenoa o en su barra de labios, lo que te augura una vida corta. 
Luego existen otras religiones que hablan de torturas y cosas harto desagradables cuando te mueres. La gente cree eso sólo ocurre aquí, pero no, andan muy equivocados.
Por ejemplo en la religión islámica, o parte de ella, hablan de que quién caiga luchando por su religión irá al paraíso con 72 huríes (vírgenes), que, cosa rara siendo vírgenes, estarán de toma pan y moja. Lo que no les han contado a buena parte de los combatientes de ISIS y de Al Qaeda es que los tiempos han cambiado y que el colectivo LGTB ha tomado cartas en el asunto, pidiendo igualdad de trato. Tras mucho porfiar el citado colectivo se ha salido con la suya y a los muertos en combate por la fe les tocarán 36 vírgenes heterosexuales y 36 vírgenes homosexuales. Se sabe que están empezando a llegar las primeras reclamaciones de combatientes muertos por la fe de Alá ante semejante panorama, que, recordemos, es para toda la eternidad. 
Como he dicho el infierno existe en otras religiones, en China, influenciados por el budismo, tienen un infierno para quien se ha portado mal. Pero, a diferencia de aquí, en función de lo que has hecho así te castigan. Si, por ejemplo, tiras comida te ponen encima de una piedra, te estiran y te ponen otra piedra encima para machacarte. O bien, si trabajas para un gobierno y eres un corrupto, tu castigo sería morir quemado dentro de una montaña de fuego. ¡Qué! ¿Cuántas personas se os han ocurrido que podían pasar por allí? Una cuantas, ¿verdad? Es por eso por lo que aquí somos católicos. Si nosotros siguiésemos la religión china, budismo, taoísmo, o lo que fuere, existirían cordilleras enteras de montañas de fuego con nombres comos: la Cordillera de los gerentes del PP, la Cordillera de la familia Pujol o una cordillera donde las montañas echasen fuego como sin ganas, que recibiría el nombre de Cordillera de los ERES. 
Yo, como he dicho, tengo la costumbre de vivir. Igual algún día cambio de costumbre, pero por el momento como que no. Ni tan siquiera me atrae la idea de ser un muerto viviente. Sí esos que se pasan horas, y hasta días, haciendo colas para comprar el iPhone 23 o para ser los primeros en ver la última película de la saga Star Wars, a la que lo mejor que le puede pasar es que tenga un argumento exactamente igual que las tres primeras pelis de la saga, porque si no se acaba convirtiendo en una película de ninjas que han sufrido una mutación nuclear y se dan de leches sin ton ni son, como si de verdad hubiesen sufrido una mutación nuclear o se hubiesen leído el libro de Chenoa.
Tal vez por es, antes de convertirme en un zombi prefiero hacerme seguidor de Enrique Iglesias.
¡Hostias! Perdón. Ahora que lo pienso, tras una buena sesión de escuchar al de los gallitos cuando se va la luz no creo que queden muchas neuronas sanas, si queda alguna. Casi prefiero ser zombi de los del iPhone, que, al menos, no tiene porque generar daños irreparables, a no ser que te explote en la oreja.
Para concluir, que lo mucho desagrada, me gustaría insistir en que me gusta vivir a tope. Vivir cada segundo como si fuera el último. Por eso ahora mismo estoy dudando entre irme a una manifa de indepes catalanes con la bandera de España con el pollo o irme a la sede de Hogar Social con una estelada. Ya os contaré o ya os enteraréis por los medios.
Un saludo.

domingo, 8 de octubre de 2017

MICRORRELATOS

Un adiós concluyó la llamada. En ese momento sabía que había conseguido lo que pretendía: acabarían viéndose, aunque, por más que se lo preguntaba, no sabía para qué. ¿Qué le impulsó a iniciar todo ese proceso de búsqueda? Siempre se había respondido que debía disculparse por su comportamiento, por poderla haber hecho daño, pero comprendía que todo volvería a ocurrir de la misma manera cuando se volviesen a tener el uno frente al otro y no sabía amarla para que todo discurriese de otra forma.



De nuevo volvió a preguntar por una mujer. Él se sintió incómodo. Mucho más incómodo aún cuando comprendió que esos celos impedirían que ella disfrutase de él, como él deseaba desde hacía tiempo.


Su vida se encontraba compartimentada entre el deber y el caos. En ocasiones pensaba que debería sentar cabeza, entregándose en cuerpo y alma al deber hacia sí mismo, hacia lo que se esperaba que hiciese de acuerdo a su edad. Pero, en esas ocasiones, se acordaba de la traición, del dolor y de esa necesidad de comerse la vida, a veces con gula. Entonces se imaginaba muriendo solo y anciano en una sala aséptica de hospital y sentía como una orden de su cerebro le impulsaba a abordar el siguiente reto que se había propuesto.



Había defendido mucha veces que la vida no era corta. Al contrario. Pero un día se acordó de un par de personas que conocía y cambió de parecer: la vida es eterna, para quien día tras otro hace siempre lo mismo.



Demasiado alcohol la noche anterior, con la consecuencia esperada: una resaca que durante todo el día no le abandonó. Sin embargo, hubo un momento, durante la tarde, en el que la imagen evocada de sus ojos verdes, de su belleza salvaje y de sus piernas receptivas acalló todo lo demás y tronó la necesidad de volver a verla, aunque sabía que resultaba de todo punto imposible en ese momento. Abrió una cerveza y castigó un poco más su cuerpo. Sabía que, tarde o temprano, ella leería esta historia y, dónde estuviese, esbozaría una sonrisa. 



Le había preguntado cuándo se había fijado en ella. La verdad es que hacía bien poco, esa fue sus respuesta. 
Unos días después él le hizo a ella la misma pregunta. Ella no respondió de manera directa, pero habló de lo que se rió con un hecho que hacía bastante tiempo que había ocurrido, del que él apenas se acordaba. Entonces supo que ella llevaba bastante tiempo enamorada de él y que ella había tenido la suficiente paciencia y habilidad como para cazarlo.  



Depositó la flor sobre la lápida y volvió a tener la impresión de que su muerte había servido para borrar las sombras de su personalidad. Luego, una vez más, pensó que todo era una excusa para mitigar el dolor que le seguía produciendo su pérdida. Le vino a la cabeza su imagen amortajada y las lágrimas que derramó en ese momento, entonces supo que el dolor, que aún sentía, le había hecho, de manera paradójica, sentirse mejor consigo mismo y ser más feliz.

miércoles, 4 de octubre de 2017

MORAL DE SIERVOS

Me horripila todo lo que está sucediendo en estos días en Cataluña y en el resto de España, pero no por lo mismo que a mucha gente de bien. Tal vez lo que lo que más horripile sea la indigencia moral y burguesa de esa gente de bien. Y no, no me refiero al dueño de Zara, al de Mercadona o al que dirige la Caixa, que a esos, en el fondo, todo lo miden en ingresos y ganancias. Hablo de personas de carne y hueso, que han demostrado vivir en un mundo de cartón piedra y absurdo.
Marx dijo que había que abolir la moral burguesa, no teniendo necesidad de poner otra moral. Cada día que pasa estoy más convencido de que es así, pero también me estoy empezando a convencer de que hay, con matices, una moral del siervo, como definió Nietzche. Una moral de gente pacata, que vive en un mundo material, en el que cree que todo lo malo que sucede es lo que ocurre en las series de Netflix o en lugares y a personas distantes, mostrados por los medios. Una moral burguesa en la que mucha gente sólo piensa en acaparar, en tener más, como los héroes modernos: los multimillonarios (que en realidad lo son por su falta de escrúpulos, aunque quieran vender la moto de  las donaciones). Una moral de siervos en la que no gente no lucha por su dignidad, por recuperar lo que es suyo. A lo sumo, lo hace por una bandera que ondean a su conveniencia los mismos que les han esquilmado. Una moral de siervos, que les invita a creer que todo es flower power y que la violencia, la miseria, el latrocinio, el hambre, la guerra, la mutilación, la muerte por causas evitables , la explotación del hombre por el hombre, se soluciona dando dinero a una ONG o saliendo a la calle a votar para decidir si nos roban los de siempre o los de siempre.
Si, por o general, he utilizado los relatos para transmitir emociones o sentimientos, esta vez no va a ser así, y en esta entrada voy a ciscarme en todos los gilipollas que asolan este país y el resto de países occidentales. Vamos a ello.
Leo, estupefacto, a mucha gente criticando la actuación de Policía y Guardia Civil en Cataluña. Incluso he llegado a leer a alguien hablar de hipocresía, porque ha debido sufrir, ella o algún familiar, los efectos de la violencia policial. ¡Pedazo de bobos! Eso es lo que hace siempre la Policía, la Guardia Civil, los Mossos, la Ertxaina, los antidisturbios de Europa, EEUU o cualquier otro lugar. Pero como vosotros estabais en vuestra puta casita cuando los mineros luchaban para que no les cerrasen las minas, los de Murcia se echan a las calles para que no dividan su ciudad, los de Gamonal luchaban para que no se cargasen su barrios o los del 15 M hacían sentadas pacíficas y eran apaleados por Policía y Mossos, por eso no lo sabíais. ¿Hipocresía? Estupidez a mares de pijos que juegan a hacer revoluciones a principios de otoño. ¡Claro! Vuestras urnas eran más importantes que el sustento de una familia. ¡Dónde va a parar! Que se lo digan a las familias, dos el lunes, que desahuciaron los Mossos, siguiendo un mandato judicial. Ahí no hay cojones a ir para incumplir una sentencia judicial. Total, son gente marginal. ¡Hipócritas, vosotros! Que os creéis que toda la vida es cuchipandi y resulta que os importa una mierda la gente que realmente sufre.
Algunos rizan el rizo cuando piden que la Policía les saquen de manera inmediata de un lugar en Zaragoza, sintiéndose frustrados porque lo hicieron con calma y sin altercados, porque había muchos maderos en Cataluña. Vaya, para sacarlos a ellos cagando leches sí se necesitan a los antidisturbios, para otras cosas...
Por otra parte me horripilan son esa tropa que se dedica a mancillar el nombre de la izquierda y que se empezaron a rilar por la pata abajo ante la posibilidad de que se declarase la independencia. Los que vivían sobremanera de culpar a Rajoy de todo, han empezado a culpar a Puigdemont también. Resulta que los pagafantas de la prensa guay  (Escolar y compañía, entre ellos destaca Antonio Maestre)  y de la progresía política empezaron a sentir pavor ante la posibilidad de la independencia declarada de manera unilateral. Merece la pena ver como ha cambiado cierta parte del discurso en algún medio en el día de hoy. De nuevo la moral del siervo, quedar bien hasta que no hay más remedio, no tener valor para defender las posiciones cuando no se saca ventaja de ello. Sólo hay un principio: sacar provecho, sin mojarse mucho, o nada, aunque eso signifique alimentar al monstruo. ¿Qué monstruo? El siguiente monstruo:
Estos payasos sólo deseaban enaltecer sentimientos, alzando banderas, poniendo muros, insultado al otro, por vivir en Extremadura, Andalucía o en Madrid,  para justificar su inmundicia, su latrocinio o su complicidad con esos ladrones. Ni los corruptos del P.P. se han atrevido a tanto. Han generado odio de ida y vuelta. Odio entre gente que no se conoce y que, en algunos casos, estaría dispuesta a lo machacar al otro. Algún memo me dirá que eso no pasa en Cataluña. ¡Memo! No hay peor ciego que el que no quiere ver. Eso pasa en Cataluña y en el resto de España, porque siempre hay gente dispuesta a machacar al distinto, pero con este juego de trileros esos sentimientos, esa bestia, ha crecido y seguirá creciendo en ambos lados. Gracias a los trileros de la derecha catalana y a los pagafantas del buenismo que se llaman progres o de izquierdas es más que probable que la extrema derecha, los sentimientos nacionalistas crezcan en un lado y en otro. Y el nacionalismo sólo necesita algo: buscar lo distinto, aunque no sea real.
Las alimañas que han utilizado a la gente, absurda en muchos casos, reclamando votar como fundamento de la democracia (comer, tener casa, un trabajo, un sueldo digno, una pensión digna, cubrir las necesidades de las personas dependientes debe ser franquismo) sólo han generado odio. Odio en el lugar que dicen defender entre sus ciudadanos. Odio entre parte de esos ciudadanos del lugar que dicen defender y entre gente del resto de España. Odio entre gente del resto de España. Odio. Odio. Odio.
Los bobos que se dicen de izquierdas y que han defendido esta pantomima, no han esgrimido ni una puta reinvidicación alentando a los ciudadanos a luchar por mejorar su vida cotidiana. No han pedido que se redistribuya la riqueza, que... Nada, sólo han pedido el derecho a votar sobre algo que no saben donde lleva, pero que mola mucho. La izquierda consiste en que los trabajadores se hagan con el control de los medios de producción o, como poco, con una justa redistribución de la riqueza. ¿Cuántos han propuesto algo? Ninguno, todos se han dejado llevar por los acontecimientos, dictados por la derecha. Como dijo el gran Gustavo Bueno: eso es una izquierda difusa, pero no tiene nada que ver con la izquierda real.
Me da igual Rajoy, el Borbón, Pedro Sánchez o Naranjito, son todos lo mismo, neoliberalismo opresor. Pablo Iglesias igual, o peor, porque además secuestró el 15 M, para apuntalar su poder personal, proponiendo a cambio bobadas o poniéndose, siempre que hay que dar la cara, de perfil. De nuevo la moral del siervo.
Pero, por otra parte, que no me vengan con chorradas sobre los políticos catalanes, son la misma morralla. Puigdemont, el muñeco de Mas, Junqueras, un ignorante desbordado por los acontecimientos, el Rufi, sin comentarios. Colau, una mujer a la que admiraba en su labor en la PAH, ha resultado ser una bienqueda, que tras los acontecimientos se ha agarrado a la brutalidad policial y largado la estupidez de las agresiones sexuales. Ciertos temas son recurrentes y funcionan bien, pero de tanto usarlo se corren peligros como que te imiten. Hasta ahora lo del feminismo y lo LGTB les ha funcionado bien a la progresía porque tenían la patente, pero la extrema derecha se ha empezado a dar cuenta del tema y empieza a poner a mujeres y personas que se declaran como homosexuales en primera línea. La tal Melissa, del grupo fascista Hogar Social en España, Marine Le Pen en Francia  o Alice Widel, que se declara lesbiana, y que lidera la extrema derecha alemana, que obtuvo representación parlamentaria y se situó como tercera fuerza política de Alemania.
Esta movida ha demostrado que existen dos Españas: la de los que quieren enfrentarse por cuestiones etéreas y la de los que quieren construir algo mejor uniéndonos para plantar cara a quienes de verdad debemos plantar cara: los que nos empobrecen, embrutecen y nos manipulan. Las dos Españas de Machado están contenidas en la primera y cuestiones como lo ocurrido la alimenta, la hace cobrar protagonismo, mientras acalla a la otra. Ideal para aquel que, desde su poltrona económica, siga acaparando cada vez más, empobreciéndonos cada vez (aunque diga que la situación le preocupa). Sabe, querido lector, mientras los pagafantas progres y de pseudoizquierda se enzarzan en una discusión sobre urnas y chorradas, los fascistas españoles se dedican a ayudar a la gente, ganando terreno cada día, poco a poco, pero de manera segura. Hacen cosas como éstas:

http://www.elconfidencialautonomico.com/muy_confidencial/Aprueba-selectividad-Hogar-Social-Madrid_0_2934306559.html

Mientras los botarates que dicen representar al trabajador, sindicatos de mierda incluidos, se dedican a arrojarnos a los unos contra los otros.
¡Me cago en vuestra mierda de urnas para dar el poder a corruptos de derecha aquí y allí! ¡Me cago en vuestra misera moral de siervo! ¡Me cago en vuestro mensaje de odio!
Negociar, negociar, negociar. Qué,  ¿cómo Puigdemont no desarrolla  leyes que favorecen a los más pobres porque las grandes empresas se oponen?

https://www.economiadigital.es/politica-y-sociedad/lo-que-nadie-cuenta-y-se-sabe-de-la-ley-catalana-de-pobreza-energetica_187440_102.html

http://www.vozpopuli.com/economia-y-finanzas/empresas/Generalitat-Ley-pobreza-energetica-aplicacion_0_974603946.html

Iros, todos los que vais de la mano con estos, a tomar por el culo.
Un saludo.

lunes, 2 de octubre de 2017

DIARIO DE UN MAESTRO GRUÑÓN (1-X-2017)

A veces, querido diario, se tiene la impresión de navegar por aguas agitadas, sin tener nada claro si el carnet de capitán de nave que poseo ha sido un regalo o ha sido ganado a pulso, de manera merecida. Imagino que a todo el mundo que tiene que tomar decisiones o que depende de personas que toman decisiones que repercuten en terceros le ocurre algo parecido: la inseguridad, el sentimiento de injusticia cuando contemplas como ciertas personas hacen de la incoherencia su bandera y dicha incoherencia afecta a otras personas que no pueden ni saben decidir.
Es posible que algún compañero de profesión docente lea este diario, de manera accidental, dentro de un tiempo y se sienta identificado con este sentimiento de duda y, a veces, de impotencia cuando se tiene la impresión de que las cosas no funcionan como debieran. También existe la posibilidad de que ese mismo compañero docente considere que se trate sólo de una estupidez de un tipo que tenía mucho tiempo para perder escribiendo.
Cuando ocurre este tipo de situaciones se suele acabar encontrado a compañeros que, por lo general, de manera explícita y, lo más importante, basándose en los mismos fundamentos teóricos y humanistas, acaban compartiendo tu punto de vista. No se trata de refugiarse en opiniones ajenas que confirmen lo que resulta obvio para uno mismo. Más bien se busca saber que no se navega en un caldo espeso de ignorancia y falta de  empatía.
Suena duro, querido diario, pero uno no puede evitar pensar, en ocasiones, lo que acabo de plasmar negro sobre blanco. Imagino que, como ser humano que soy, también puedo caer en ese error en ocasiones. No lo sé con certeza, aunque hago mucho porque no sea así. Creo que eso es lo mejor que me ha aportado la experiencia: reflexionar, e intentar actuar, en consecuencia con las necesidades emocionales y afectivas del alumno.
Cambiando de tema, o no, me preocupa sobremanera la epidemia de etiquetas que sigue asolando a una parte significativa de la sociedad, incluida dentro de ella parte del sector educativo.
Cuando hace una miriada de años comencé a estudiar para ejercer de ésto me inculcaron en vena que el modelo clínico (estático) había saltado por los aires, en beneficio del modelo educativo (dinámico, basado en las necesidades educativas del alumno), pero, en ocasiones, veo muertos (como en la película).
Hace no mucho una doctora me preguntaba sobre mi función en el sistema educativa. Ella me preguntaba si me dedicaba a rehabilitar a los niños con los que trabajo. Mi respuesta fue tajante: No puedo rehabilitar algo que nunca ha existido. Mi función, lo haga mejor o peor, es enseñar cosas nuevas a los alumnos. Los niños con necesidades educativas especiales no tienen una etiqueta, tienen necesidades educativas (lo sé, querido diario, me repito), no una patología que determina de antemano todo lo que pueden o no pueden hacer.
Recuerdo que hace muchos años, soy viejuno, y lo sabes, querido diario, cuando trabajaba en un centro de Educación Especial, acuñé una frase: "Lo que ese niño consiga aprender contigo, no lo ha conseguido hacer nunca nadie antes". Puede sonar a boutade, a narcisismo en vena o a lo que se quiera, pero esas palabras resultan un resumen magnífico de nuestro trabajo. Se trata de hace crecer a los niños como personas, sin fijarse en si es rubio, moreno, alto, bajo, tiene una trisomía en el cromosoma 21 o padece una enfermedad sin diagnosticar. Da igual. Nuestra labor consiste en creer en que los niños pueden desarrollar una buena parte de sus capacidades para alcanzar la mayor autonomía posible, a veces muchísima, en la sociedad en la que viven. Y esa labor: dura cuando se trata de niños con problemas de conducta, monótona a veces, basada en pequeños avances en ocasiones, que mucha gente no ve o a la que no parecen interesar, es nuestra labor. No somos héroes, somos unos asalariados que hacemos esto lo mejor que podemos y sabemos y que, en ocasiones, podemos sentirnos orgullosos de creer en un modelo educativo y no en un modelo clínico.
Sabes, querido diario, cuando comencé a escribir hoy me sentía hastiado, cansado de vivir de manera cíclica las mismas cuestiones, pero, a medida que ido aporreando teclas y he ido enlazando párrafos, se me ha ido diluyendo esa sensación, esa desazón y me he vuelto a dar cuenta de que, con mis errores, este asunto que me da de comer merece la pena. Me viene a la mente la imagen de un crío con el que trabajo en la actualidad y la evolución del mismo y sí, esta historia merece la pena, aunque sólo fuera porque el primer nombre que dijo en su vida fue el mío y porque, a pesar de que queda mucho y muy duro, por hacer, me encanta que me sonría cada vez que me ve y me llame por mi nombre.